Primavera Sound suena a récord

Steve Kilbey, líder de «The Church»
Steve Kilbey, líder de «The Church»

175.000 personas abarrotan en su segunda jornada el designado mejor festival del mundo planeta

El transatlántico del Primavera ha encontrado por fin su tamaño y con 175.000 personas parece no tener sentido crecer más. El público extranjero ronda el 46 por ciento, con una cantidad indecorosa de ingleses, franceses, italianos y alemanes. En total, 30 países tienen representación para un festival que, dice, no teme a su nueva alcaldesa. «Sabemos que apoya la cultura y sabrá aprovecharse de las inercias que posibilita el festival», dijo Alberto Guijarro, uno de los organizadores del certamen. Pero estos son números y ninguno explica por sí solo gran cosa y menos del coloso en que se ha convertido el Primavera.

Con el recuerdo todavía vivo de Patti Smith, la jornada de ayer se abría de nuevo con este icono, esta vez en formato recital o «spoken word» para los extranjeros, que son de los que se despiertan muy, muy, muy temprano para ser imparables. Hay quien prefiere un tanque, pero son gustos. En el escenario grande, todavía con un sol cruel que obligaba a los asistentes a llevar gorros ridículos, Strand of Oaks y su rock de tintes épicos reconocía que la vida no tenía sentido. Uno está hecho polvo, a punto del descalabro, escribe unas canciones describiéndolo «y un año después estoy en Barcelona pasando los mejores días de mi vida». Moraleja, cantad, cantad, malditos.

Desde la intensidad «hardcore» de unos Fucked Up, con su líder gritando entre el publico y diciendo que el mejor concierto de su vida fue en el Primavera, a unos DIIV que fonéticamente son «ffff», con una electrificada revisión del «shoegaze», o al maratón de tres horas de Swans en el Auditori, la última tarde del festival demostró que todavía quedaban muchas cosas que descubrir, y que los artistas adoran este certamen. Entonces apareció Tori Amos, sola con su imprescindible piano, y convirtió los espacios abiertos del Fórum en una especie de Radio Music Hall con público de traje largo y pajarita, alucinados con la desnudez emocional de esta artista. Si Elton John fuera mujer, no sería Tori Amos, seguiría siendo Elton John, pero si Tori Amos fuera hombre, pues sería Kate Bush, porque eso es imposible. Asegura que canta como un ganso, pero los gansos deben electrizar y saquear toda tu sensibilidad con su voz, porque si no no se entiende.

Y todavía quedaban los ecos de la noche anterior con la decepción del regreso de Ride, que demostraron que al «indie» de principios de los 90 les sienta muy mal la vejez, como si Parchís quisiese volver a enamorar a sus fans con 40 años. Los que demostraron que el tiempo les viene muy bien fue The Church, rescatando esos años 80 en que el pop oscuro y siniestro a lo The Cure era el no va más. Como siempre fue algo de disfraz, pero el disfraz todavía les sienta bien. La noche acabó con unos inconmensurables Alt-J, música que se siente realmente contemporánea, de esa lírica, de ritmos cortantes y melodías crepusculares para levantar el dedo índice al fin del mundo. Después, sólo había ganas de bailar y tanto The Juan McClean como Jon Hopkins cumplieron con creces. Ahora únicamente faltaba esperar a The Strokes.