William Christie se divierte

«Monsieur de Pourceaugnac», de Molière y Lully. Dirección musical: William Christie. Dirección escénica: Clément Hervieu-Léger. Les Arts Florissants. Teatros del Canal. Madrid. 21-I-2016.

La Razón
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En ocasiones los artistas montan espectáculos para su propia diversión o para hacer caja y es algo que podemos permitir a los grandes como William Christie. Ha diseñado una producción que rememora la colaboración entre Molière y Lully con el espectáculo que se ofreció ante Luis XIV en su castillo de Chambord en 1669, respetando los textos franceses –también los ininteligibles provenzales– originales con alguna «morcilla» como el cambio del flamenco por un flamenco sevillano. La dramaturgia busca de continuo la comicidad, provocando alguna escena en torbellino, pero no acaba de conseguirlo del todo. Buena parte de la culpa recae en nuestro limitado dominio del francés y en la colocación de los subtítulos en el lado izquierdo de la escena, con lo que o la vista se dirige a ellos o a la acción y los subtítulos en el teatro huracanado requieren más atención que en la ópera. Hay un buen plantel de actores, sobresaliendo el protagonista Gilles Privat, a quien se le exige mucho y nada fácil. La dramaturgia intenta actualizar la obra respetando su concepto y los decorados ayudan a ello, pero el escenario del Canal le queda algo grande y es como si la producción, muy coproducida, estuviese pensada para otro ambiente.

A la comedia se le unen algunos números musicales que encajan bien. El problema es que la decena de músicos no acaban de sonar como deberían, en buena parte por la acústica y en otra parte porque no siempre están emplastados a pesar de tener a Christie al clave. Tampoco sobresalen las voces de quienes cantan y los ballets típicos de este tipo de obras están ausentes.

Las casi dos horas, sin descanso, se llevan bien, pero queda una cuestión en el aire: ¿realmente tiene sentido William Christie dentro del montaje? Posiblemente sea un lujo desperdiciado y excesivo. Pero él lo promueve y se divierte. «Le roi s’amuse» y uno acaba echando de menos aquel inolvidable «Atys» del Teatro de la Zarzuela en febrero de 1992 con el mismo maestro y sus Arts Florissants.