Nativel Preciado, oficio de periodista

En «Canta sólo para mí» mira, a través de los ojos de una reportera gráfica, a la España de los años setenta, un periodo que se abría a lo nuevo, un momento de transición que la escritora vivió desde la redacción de un periódico

La ganadora, con el Premio

Un objetivo, una cámara. Un disparo. Y una imagen tras otra, un fragmento de vida congelada y al tiempo viva para siempre. El ojo que todo lo ve y la fotografía casi como un sentido más. Una reportera que vive en un momento concreto de la historia reciente de España, los años setenta, los que coinciden con el adiós a una época (Franco fallece en 1975), con el cierre de un periodo de nuestra historia y la tímida apertura hacia otro nuevo, distinto, diferente, un momento en que la protagonista de la novela ganadora de la XIX edición del Premio Fernando Lara de Novela decide tomar aire y respirar a pleno pulmón. Sin dejar, eso sí, de mirar por el objetivo. Un libro, «Canta sólo para mí», cuya autora es Nativel Preciado y que se convirtió ayer por la noche en el nuevo acreedor del galardón que se entregó en el Real Alcázar de Sevilla. Se trata del palacio real en uso más antiguo de Europa, con innumerables vestigios mudéjares y patios con encanto y abundante vegetación. A la cena de gala, una de las citas literarias ineludibles de la primavera cultural de Sevilla, acudieron numerosas personalidades de la vida política, cultural, económica y social de la capital hispalense y de Andalucía, como la presidenta de la Junta, Susana Díaz y el alcalde de Sevilla, Juan Ignacio Zoido. El presidente del Grupo Planeta, José Manuel Lara, y su esposa, Consuelo García Piriz, fueron los anfitriones de la velada.

Un amor loco y difícil

El Premio de Novela Fernando Lara, que este año ha alcanzado su XIX edición, es un prestigioso galardón que nació en 1996 y, en poco tiempo, se ha convertido en uno de los principales referentes de la novela española. Cuenta con el patrocinio de la Fundación AXA, que desde el año pasado se suma a su impulso, y tiene una dotación de 120.000 euros para la obra ganadora. En palabras de Preciado, la novela «es un homenaje a la fuerza de la juventud, a las ansias de libertad, y a llos que luchan por las ideas que parecen inamovibles». La historia, según comentó la periodista, narra «un amor loco entre dos jóvenes, una reportera gráfica y un redactor, en una época difícil por su amor, sus ideas y sus compañeros. Se lo saltaron todo», comenta. Preciado agradeció el premio a la Fundación José Manuel Lara y a la editorial Planeta, donde comenzó su carrera literaria, y recordó que, en uno de sus primeros cometidos periodísticos, «tuve el honor de entrevistar a José Manuel Lara Hernández», padre del actual presidente de Planeta. En rueda de Prensa, la autora aseguró que es «la novela más periodística que he escrito, en el sentido más noble de la palabra. Sigo mamando esta profesión y me enorgullezco de hacer literatura desde el periodismo», señaló. Preciado, que vivió el tardofranquismo desde la redacción de un periódico, comentó que en aquella época se luchaba por la libertad de expresión «como si fuera lo más importante del mundo». «Y con esta novela pretendo reivindicar las bondades de una profesión tan vilipendiada actualmente». Comparando etapas históricas, en la actual con respecto a aquella, «no hay un retroceso de libertades. Hay un bache, y es cierto que la crisis trata de quitarnos parte de lo que hemos avanzado, pero saldremos de este bache». Preciado vivió el 23-F como un episodio similar, que parecía que arruinaría todo lo logrado. «Me moderé mucho tras aquello», dijo la periodista.

Un sueño infantil

El jurado estuvo integrado por Fernando Delgado, Pere Gimferrer, Ana María Ruiz-Tagle, Clara Sánchez y Emili Rosales, que actuó como secretario con voto. Este año se presentaron un total de 257 obras, procedentes de España y de diversos países extranjeros. El número de aspirantes ha experimentado un espectacular crecimiento en relación con el año pasado, cuando se registraron 174 textos. El jurado eligió la obra ganadora de entre una decena, presentadas bajo pseudónimos. Tras la cena también se entregó el Premio de Biografía Antonio Domínguez Ortiz a Julio Neira, por su «Memorial de disidencias. Vida y obra de José Manuel Caballero Bonald», así como el Premio Manuel Alvar de Estudios Humanísticos al ensayo de Eduardo Jordá «Lo que tiene alas. De Gógol a Raymond Carver», ambos dotados con 6.000 euros. Neira ha escrito una biografía exhaustiva, que coteja las memorias de José Manuel Caballero Bonald con los testimonios de otras fuentes, trazando a la vez el retrato del hombre y el de su época. De esta manera, dibuja una semblanza de un tiempo histórico en el que la personalidad combativa del poeta destacó por su compromiso, no sólo literario, y su independencia de criterio.

En cuanto a la obra de Jordá, se trata de una colección de lecturas abordadas desde una orientación ensayística que se aleja de los parámetros habituales de la crítica y reivindica, en la estela de maestros como Nabokov, un acercamiento directo a los textos, sin prejuicios ni intermediarios. Escrita en una prosa de gran calidad literaria, la obra aúna la brillantez y la amenidad para explicar el talento de autores como Melville, Flaubert, Chéjov, Zweig, Onetti y Kawabata, entre otros. En el listado de ganadores del Premio Fernando Lara de Novela figuran escritores de gran talla del panorama literario nacional. El palmarés lo inauguró Terenci Moix en 1996, con «El amargo don de la belleza». Le siguieron Francisco Umbral, Juan Eslava Galán, Luis Racionero, Ángeles Caso, José Carlos Somoza, Juan Carlos Arce, Zoé Valdés, Mercedes Salisachs, Antonio Gómez Rufo, Fernando Sánchez Dragó, Jesús Sánchez Adalid, Emilio Calderón, Susana Fortes, Javier Reverte, Silvia Grijalba e Ian Gibson. El año pasado se alzó con el galardón Marta Robles, periodista madrileña y colaboradora de LA RAZÓN, con su novela «Luisa y los espejos».

Vida de letras

La novela que se hizo ayer con el galardón es un homenaje a una reportera gráfica (una profesión que Preciado conoce de primera mano), que le sirve de retrato, a su vez, de lo que fue el mundo periodístico de los años setenta en nuestro país y de la eclosión de lo que fueron las ideologías radicales. En esa época rondaba nuestra autora la treintena y se había dejado tentar por las letras y el oficio de escribir. Lo había hecho en periódicos, como el diario «Madrid». Ahí es donde comenzó a foguearse, en 1967.

Dice que cuando era niña, quería ser escritora, por eso, «de adolescente decidí estudiar periodismo porque creía que era el camino más corto para llegar a la literatura. La elección fue acertada, pero me quedé enganchada en el periodismo durante casi treinta años. Al final, he conseguido escribir novela y cumplir mi sueño infantil. Ser periodista ha sido apasionante. Espero que la literatura tambien lo sea y no voy a abandonar ninguna de las dos cosas», explicaba. La literatura le atrapó y así han salido de su mano «Biografía completa de Cassius Clay» (1969), «Biografía completa de Legrá (1969), «Las folclóricas» (1973), «Fuera de campo» (1991), «Amigos íntimos» (1998), «Hablemos de la vida», con José Antonio Marina (2002), «Camino de hierro». (2006), «Llegó el tiempo de las cerezas» (2008) y «Si yo tuviera 100.000 seguidores» (2012), entre otros títulos. Sobre sus gustos literarios, si se le pone en la tesitura de tener que elegir entre, por ejemplo, Gabriel García Márquez y Juan Rulfo, lo tiene claro y para cada uno tiene lo suyo. Del primero se queda con «Cien años de soledad» y «El otoño del patriarca», aunque si tiene que confesar cuál es una de sus lecturas preferidas, señala a «Pedro Páramo», sin ninguna discusión.

Nació en Madrid en 1948, en plena posguerra y cuando tuvo la edad suficiente se decantó por los estudios de Ciencias Políticas y Periodismo. Pronto empezaría su carrera. Ya en los setenta colaborará en Televisión Española y Radio Nacional y en 1982 fundará junto con otro grupo de periodistas la revista «Tiempo». Entre los premios que ha obtenido figuran el Francisco Cerecedo (1986) y Víctor de la Serna (1989) y resultó finalista del Planeta en 1999 con su primera novela, «El egoísta».