Pitingo: «Soy muy presumido, me echo colonia hasta para acostarme»

Presenta hasta el fin de semana en el Teatro de la Luz Philips Gran Vía su nuevo espectáculo de fusión «Soul, bulería y más».

Gonzalo Pérez . 5 de septiembre de 2015. Pitingo
Gonzalo Pérez . 5 de septiembre de 2015. Pitingo

Presenta hasta el fin de semana en el Teatro de la Luz Philips Gran Vía su nuevo espectáculo de fusión «Soul, bulería y más».

Se llama Antonio Manuel Álvarez Vélez (Ayamonte, 1980), pero se le conoce como Pitingo. En 2008 sorprendió con «Soulería», junto a Juan Carmona. Un disco que fusionaba pop, flamenco, soul y góspel y con el que ha logrado crear un estilo propio y personal. Ahora llega al Teatro de la Luz Phillips Gran Vía para presentar su nuevo trabajo «Soul, bulería y más» acompañado de artistas y de un coro góspel antes de iniciar una nueva gira.

–¿Qué significa Pitingo?

–Presumido.

–¿Le viene de familia?

–Sí, a mi abuelo se lo decían y a mis bisabuelos. Somos la familia de los «pitingos».

–¿Y es usted presumido?

–Bastante, bastante. Yo me echo colonia hasta para acostarme. (¡ja, ja...!)

–Puede presumir de haber creado su propio estilo.

–Es en lo que siempre he hecho hincapié, en tener un estilo personal, un sonido propio. Ni mejor ni peor, pero diferente o, al menos, reconocible.

–También puede presumir con su espectáculo.

–Poco a poco lo hemos mejorado en lo profesional y en lo personal. Con los años va ganando en solera. Quien venga verá un espectáculo familiar con canciones que son la banda sonora de todos, como «Killing Me Sofly», «Ain’t no mountain», «Stand by me», «Yesterday... y, por supuesto, el flamenco más tradicional. Una mezcla de culturas con un maravilloso coro de espiritual, flamencos y músicos de distintos países.

–Tiene usted el corazón «partío», mitad gitano, mitad negro.

–Completamente, corazón negro, gitano y blanco. Lo tengo dividido en tres partes.

–¿Qué significa «Soulería».

–Soul a ritmo de bulería. Este trabajo lo llamamos «Soul, bulería y más» porque hay más repertorio, más directo, más años, más profesionalidad, más tranquilidad y seguridad y más respeto.

–¿De dónde la viene la idea de mezclar los dos estilos?

–Desde pequeño. Desde que a los doce años escuché a Aretha Franklin. En mi sangre ya tenía el gen flamenco por mi sangre gitana y por mi tierra, pero también escuchaba a Marvin Gaye, Stevie Wonder, Otis Redding, Ray Charles...Ahí empezó esta locura musical que salió de manera muy natural, cantaba esas canciones en tono flamenco.

–¿Por qué casan bien estas dos culturas?

–Son músicas raciales, de raíz. El flamenco tiene mucho de africano, como los tanguillos, por eso casa bien con los ritmos afroamericanos de la música negra. Aunque no tengan mucho que ver musicalmente las tonalidades y las armonías –las nuestras son más arabescas–, la forma de sentir es parecida; son dos razas, la negra y la gitana, que han pasado muchas fatigas, necesidades y penurias y de ahí han salido sus músicas y su manera de cantar.

–¿Hay que conocer a fondo los dos estilos para atreverse?

–Hombre, al cien por cien. Conocer muy bien los ritmos y estilos del flamenco y los de la música negra, saber todos los palos y lo que es un blues, el espiritual, jazz... para hacer algo que suene empastado y natural.

–Su experiencia en un coro de góspel le serviría.

–Bastante, fueron siete años cantando en él. En el coro aprendí a armonizar y a utilizar el mismo lenguaje que ellos. Con los flamencos también me entiendo perfectamente, así que los uno para que se puedan entender las dos partes.

–También se ha acercado a la música cubana en «Malecón Street».

–Todo viene de África. Todos los estilos cubanos, el son, los boleros..., la forma de cantar. Es una música muy unida al flamenco, hemos intercambiado mucho con Cuba, como la rumba, que la llevamos nosotros. Y en Cataluña casi todos los rumberos tocan salsa de influencia cubana.

–Los cantes de ida y vuelta.

–El flamenco está impregnado de influencias latinoamericanas, como la guajira, la colombiana... Es la música más mestiza del mundo con influencias americanas, africanas, árabes, judías, andaluzas, gitanas, hindúes..., y esto la llena de matices. Por eso hay que intentar que la gente lo escuche haciéndolo más digerible a los que no lo entienden. A mi espectáculo viene público que no es flamenco, pero le gusta la mezcla con el soul y el góspel.

–Tuvo como padrino a Enrique Morente, que son palabras mayores.

–Fue mi padrino artístico, mi amigo. Siempre que subo a un escenario me acuerdo de él. Me enseñó mucho y me dio muy buenos consejos que llevo conmigo.

–¿Y qué dicen los puristas?

–Ahora parece que están más calmados, ya lo toman como una lucha perdida. Yo me he mantenido en mi sitio siempre.

–¿Le preocupa mucho?

–No, ya no. Al principio me dolía, pero después, cuando ves que el público está contigo, te das cuenta de que son cuatro y que hay gente que si no fuera así, no escucharían nunca una bulería, una soleá, una seguiriya o un martinete y yo los canto. Morente me dijo un día: «Si todo el mundo te dijese ¡ole!, yo me preocuparía». Les gusta ir a por todo el que se sale un poco del tiesto.

–¿Cree que su estilo acabará cuando lo deje?

–Ojalá haya continuadores, yo estaría encantado, pero conociendo bien las dos músicas, no imitándome. La mera imitación no vale, debe haber detrás una vivencia.