Vox, más Clint Eastwood y menos cine español

Estos dos heterodoxos directores enfrentados a la corriente dominante de opinión en Hollywood son los referentes de Santiago Abascal

Clint Eastwood en “Harry el sucio”

La nueva “bestia negra” de la industria nacional defiende sus directores fetiche

Que Vox es el nuevo enemigo número uno del cine español lo sabemos desde la semana antes de los Goya. La polémica por su no invitación a la gala y el posterior desencuentro en torno a la necesidad (o no) de tratar la vida y milagros de héroes patrios como Blas de Lezo en la gran pantalla, han puesto el foco en los gustos cinematográficos de la formación de derechas y, en especial, de su líder, Santiago Abascal. "No pasa nada. Los españoles seguiremos viendo a Clint Eastwood, a Mel Gibson o a quien haga falta", manifestó antes de los Goya

Dime qué cine ves y te diré quién eres. En ese sentido, para colegir la personalidad de Vox, habría que ir a estos dos referentes confesos de Abascal. Pero, ¿qué tienen ambos directores y actores para atraer la atención y el elogio de Vox? Para empezar, son dos realizadores a contrapelo de la ideología dominante en Hollywood, un bastión demócrata por lo general que, en los últimos años, además, ha abrazado toda suerte de causas digamos "buenistas": la integración, la diversidad, la defensa de las minorías...

Tanto Eastwood como Gibson son conocidos por su tendencia kamikaze a enmendar la plana al pensamiento preponderante de la industria norteamericana. El director de "Million Dollar Baby"es conocido por su apoyo a los republicanos, de Nixon a Bush, hasta, oh dios, Donald Trump: aseguró preferirlo a Clinton aunque "diga muchas tonterías". Desde sus tiempos como actor en "Harry el sucio"se le ha tildado de fascista. Su cine tras la cámara demuestra su independencia de criterio y una defensa a ultranza de los valores del individualismo americano.

Para colmo, ha metido baza en la historia épica con cintas como "Banderas de nuestros padres"y ha dirigido filmes tan poco moralizantes como "El francotirador". "Primero me tildan de derechista. Después de racista. Ahora de machista. Está de moda conseguir que la gente se sienta culpable por diferentes cosas. A mí me da igual, porque sé en qué puto lugar del planeta estoy y me importa un bledo", ha llegado a manifestar. Declaraciones que sin duda hacen las delicias de Abascal.

¿Y qué hay de Gibson?. Bueno, el director de "La pasión de Cristo"(y con esto estaría todo dicho) es el "enfant terrible"de Hollywood, tan dentro como fuera, siempre en el alambre. Un rebelde, un proscrito. Se considera católico a ultranza e incluso aseguró que Dios le marcó el camino en esta controvertida producción. Con "Braveheart"exaltó la épica patriótica de un individualista contra el "establishment"y en "Apocalipto"hundió sus manos sin ningún tipo de apriorismo o perspectivismo en la América precolonial. Se pasa por la claqueta cualquier tipo de componenda y desconcierta tanto al público y la prensa norteamericana que lo mismo le llaman marxista que fascista. Sin ir más lejos, se opuso abiertamente a la Guerra de Irak. Sobre él pesan acusaciones más o menos fundadas de homofobia, violencia machista y abuso de alcohol. Además, la comunidad judía se levantó en armas contra él por "La pasión de Cristo".

En resumen, si hay dos francotiradores con el fusil a reventar de munición capaces de defender sus heterodoxas opiniones incluso a costa de la sospecha o el ostracismo en Hollywood, esos son Eastwood y Gibson, los directores que Santiago Abascal prefiere ver antes que "Campeones"o "Superlópez".