¿Qué haría Oliva Sabuco hoy?

José María Merino recurre en su nueva novela a una figura poco conocida del siglo XVI que Lope nombró como «Musa décima» y que sirve para titular la obra.

José María Merino recurre en su nueva novela a una figura poco conocida del siglo XVI que Lope nombró como «Musa décima» y que sirve para titular la obra.

Un verso suelto de Lope de Vega se refiere a doña Oliva Sabuco (1562-1645) como «Musa décima» y así es como José María Merino (La Coruña, 1941) ha querido recuperarla. Fue alguien especial en una época en la que filosofía, ciencia y literatura era cosa de hombres: con apenas 25 años se abrió paso en el mundo de las academias de eruditos y cogió su pluma para firmar «Nueva filosofía de la naturaleza del hombre». En sus páginas sintetizaba las hipótesis del alma humana que ya desde antiguos tiempos romanos y griegos se venían apuntando. Anticipó la psicología moderna y defendió el naturismo, comer de manera razonable, hacer ejercicio, respirar aire puro, el sosiego, pensar las cosas antes de actuar... Habla de que lo bueno es morir viejo y lleno de salud, algo que sólo se encuentra en el campo, donde la comida era más pobre, pero también más sana.

Casi como un libro de autoayuda. En Alcaraz (Albacete), su ciudad, «gozaba del prestigio de chica sabia y cultivada», apunta Merino. Su fama existió, y de ahí la alusión de Lope y el «ok» de Felipe II a la publicación de su obra, a quien le dedicó su prólogo. Sin embargo, el testamento de su padre, destapado en 1908, puso en entredicho toda su historia: «Te maldigo si insistes en decir que ese libro es tuyo. Te dejé firmalo por darte honra», rezaba el señor Sabuco (Miguel).

Sorpresa en Moyano

Se abría así un enigma que el gallego –conocedor de Oliva gracias a un libro de la biblioteca de su padre, una edición de 1728– descubrió una mañana en la Cuesta Moyano de Madrid y que desde entonces le venía rondando por su cabeza. Ahora –al fin– cierra un círculo de varias décadas con la publicación de «Musa décima» (Alfaguara). Un juego «metaliterario» en el que traza dos mundo paralelos, el del siglo XVI de doña Oliva y el actual. «Ya había escrito un par de novelas históricas, pero no quería eso, sino la vida de esta mujer, qué pasó con su obra y lo que sabemos, y, encima de todo ello, quería una obra contemporánea», aclara. El mundo de Oliva Sabuco reflejado hoy con gentes cotidianas. Hipótesis de lo que pudo ocurrir entonces y personajes que trasladan a la actualidad las lealtades, los afectos, las traiciones y el naturismo que rodeó a la protagonista del Siglo de Oro.

A la hora de hablar de la verdadera firma, Merino opina, pero no sentencia: «Me parece razonable pensar que es de ella, pero también dejo abiertas las puertas de que todo fuera consecuencia de esas charlas en las academias y que Oliva, como secretaria, lo recogiera todo... Lo que no creo que se pueda hacer es negar de manera tajante a Oliva». No hay otro documento, más allá del testamento paterno, que diga que no es así, «ni siquiera sus otros descendientes reclamaron nunca nada», completa.

Dentro de «Musa décima» encontramos a Berta, una profesora que debe hacer frente a una enfermedad incurable y que buceará en el universo de Oliva a partir de la edición de «Nueva filosofía» que conserva Merino en su casa. Ella será el desencadenante de una trama que enlaza a sus hijos Rai y Yolanda, de Marina, del ex de Berta: Raimundo... Nombres que se deberán mezclar hoy, y sus circunstancias, para dar vida a las aventuras de Oliva Sabuco, a la vez que se adentran en la autora. «Me apeteció incrustar la historia dentro de la realidad de hoy, los problemas de la vida cotidiana y sus pasiones», dice Merino. Su libro, su universo, sus reglas. Las mismas que le han permitido jugar ese paralelismo y con una nueva amistad entre doña Oliva y Miguel de Cervantes, ambos coetáneos: «Entre sus libros sólo hubo dos años de diferencia, y mientras él fracasó, ella fue un “best-seller”», cierra el escritor y académico sobre su particular homenaje al Manco en el 400º aniversario de su muerte.