Ray Loriga sin sexo ni drogas ni rock and roll

El Premio Alfaguara recae en su nueva novela, «Rendición», una mirada orwelliana que reflexiona sobre la manipulación colectiva en una sociedad donde la vida privada del ciudadano es pública.

El Premio Alfaguara recae en su nueva novela, «Rendición», una mirada orwelliana que reflexiona sobre la manipulación colectiva en una sociedad donde la vida privada del ciudadano es pública.

«Nuesto optimismo no está justificado, no hay señales que nos animen a pensar que algo puede mejorar. Crece solo, nuestro optimismo, como la mala hierba, después de un beso, de una charla, de un buen vino, aunque de eso ya casi no nos queda. Rendirse es parecido, nace y crece la ponzoña de la derrota durante un mal día, con la claridad de un mal día, forzada por la cosa más tonta, la misma que antes, en mejores condiciones, no nos hubiera hecho daño y que sin más consigue aniquilarnos, si es que coincide por fin ese último golpe con el límite de nuestras fuerzas». Así comienza «Rendición», la no-vela galardonada con el Premio Alfaguara, que recupera para esta edición la voz narrativa de Ray Loriga, un escritor que irrumpió con la fuerza de los vendavales y los fenómenos literarios en sus inicios, cuando publicó «Héroes», «Caídos del cielo», «Trífero» y «El hombre que inventó Manhattan», y que marcó con su presnecia a toda una generación con sus narraciones. Después de tres años de silencio, reaparece y, según el jurado de este galardón –formado por Elena Poniatoswska, Marcos Giralt Torrente, Andrés Neuman, Santiago Roncagliolo, Samanta Schweblin, Evas Cosculluela, Juan Cruz y Pilar Reyes–, lo hace con una obra intensa, de fuste, «muy literaria», y con un final realmente impactante.

Sin moralismos

Durante el almuerzo previo al fallo de este reconocimiento literario nadie habría podido prever este nombre, como fácilmente se pudo deducir de la reacción de los invitados al escucharlo. Es una historia orweliana, de corte kafkiano, según se ha avanzado sobre esta historia que todavía tardará unas semanas en llegar a las librerías. Se ha asegurado que es una narración sin sexo sin rock and roll y sin drogas sobre «la autoridad y la manipulación colectiva, una parábola de nuestras sociedades expuestas a la mirada y al juicio de todos, pero sin caer en moralismos y con golpes humorísticos imprevisibles».

Ray Loriga, que reconoció que sin la influencia determinante de Juan Rulfo no habría escrito una página en su vida, que fue el descubrimiento de este autor lo que despertó su vocación literaria, defendió la riqueza «de nuestra lengua» y explicó que toda esta obra intenta aclarar «quiénes somos cuando cambian las circunstancias. Esta es la pregunta que me hago en esta novela». Según ha reconocido el jurado, «el autor ha construido una fábula luminosa sobre el destierro, la pérdida, la paternidad y los afectos». El argumento, sostenido en un limbo temporal, gira alrededor de una pareja que, diez años después de comenzar una guerra (no se especifica cuál es ni el país en el que transcurre), aún desconocen el paradero de sus hijos. Acabarán adoptando a un chico y marchando a una ciudad, en la que, como en nuestra sociedad, lo privado es público.