Recuerdos del exilio en Toulouse

El Cervantes inaugura una muestra de libros, revistas, postales y fotografías de la biblioteca del Instituto en esa ciudad francesa, donde cientos de miles de españoles se refugiaron a partir de 1939 y donde desarrollaron una interesante labor intelectual

Refugiados republicanos españoles en la biblioteca de «Villa Don Quijote» de Toulouse, antiguo campo de Récébédou, 29 de octubre de 1945. Foto: Enrique Tapia (Fundación Pablo Iglesias)
Refugiados republicanos españoles en la biblioteca de «Villa Don Quijote» de Toulouse, antiguo campo de Récébédou, 29 de octubre de 1945. Foto: Enrique Tapia (Fundación Pablo Iglesias)

Cuatrocientos cincuenta mil españoles cruzaron la frontera hacia Francia entre febrero y mayo de 1939. De estos, se calcula que trescientos cincuenta mil fueron confinados en campos de concentración. Tan solo en la región de Toulouse existieron una docena de ellos. La ciudad del sur de Francia se convertiría en un importante centro para los exiliados españoles que establecieron allí su hogar y el foco de sus operaciones para la resistencia. Desde Toulouse, tras la liberación, los guerrilleros comunistas españoles planearon la fallida Operación Reconquista de España en el Valle de Arán. Y en Montauban, a sesenta kilómetros de allí, falleció y fue enterrado Manuel Azaña casi dos años después de refugirase en Francia tras dimitir en febrero del 39.

La biblioteca del Instituto Cervantes de Toulouse, que lleva el nombre del presidente de la Segunda República, presentó hoy en la sede de Madrid una selección de 140 de los 1.400 documentos que conforman su Fondo del exilio. “Esta exposición demuestra la especial importancia que el exilio español tuvo en la ciudad de Toulouse y el diálogo de civilización cultural que se estableció entre Francia y España durante aquellos años”, señala Luis García Montero, director del Instituto. En su mayoría, se trata de libros y publicaciones de carácter político, pero también de intentos de recuperar clásicos de la literatura española, así como de textos de educación sexual, ética y hasta de autoayuda. “Es impresionante cómo en aquellas condiciones de dificultad estos hombres y mujeres se lanzaron con una fuerza insólita a hacer todo tipo de publicaciones”, asegura Juan Pedro Basterrechea, director del Instituto en Toulouse.

El comisario de la muestra, Francisco Javier Campillo, a cargo de la biblioteca Manuel Azaña, afirma que los libros elegidos “son significativos del legado intelectual que quisieron transmitir los exiliados, como aquello que se estaba silenciando en España y que deseaban difundir en la comunidad hispanófona en Francia”. Campillo dividió la exposición en 12 secciones que abarcan, entre otros temas, la relación entre Toulouse y España, la realidad de los campos de concentración franceses, la ocupación alemana y el papel de los españoles en la posterior liberación.

En ese sentido, están presentes en la muestra algunos documentos de Albert Camus, del que Campillo asegura que mantenía “una historia de amor con la República y con el exilio republicano”. De hecho, puede verse el primer ejemplar publicado por el diario “Combat” al salir de la clandestinidad, en septiembre de 1944, del que el autor francés era redactor jefe y en cuyo editorial escribe: “España ya ha pagado el precio de la libertad. Nadie puede dudar de que ese pueblo feroz está dispuesto a comenzar de nuevo. Pero son los aliados los que deben ahorrarle esa sangre de la que es tan pródigo y de la que Europa debería mostrarse tan avara, dándole a nuestros camaradas españoles la República por la que tanto pelearon”.

Igualmente interesante resulta una edición de “Cien días en la vida de una mujer”, de Federica Montseny, que el Instituto piensa reeditar en breve. “Es un libro trepidante en el que narra su huida de París cuando llegaron los alemanes, la de su familia, sus hijos y su padre, que estaba senil. Realmente es magnífico no solo por su carácter histórico, sino por su calidad literaria”, asegura Campillo. También están expuestos algunos ejemplares de la colección El Mundo al Día, que la editorial Universo publicó en Toulouse entre 1948 y 1955 y cuyas portadas fueron diseñadas por Joan Call Bonet. Al respecto de estos volúmenes, Basterrechea asegura que “llama mucho la atención la modernidad de los temas. Algunos de ellos se están tratando hoy en los medios, como las cuestiones de género, cómo educar a nuestros hijos, el papel de la mujer en la sociedad y las enfermedades de transmisión sexual. Parece que ese debate que estamos retomando ahora se interrumpió y perdió durante décadas como consecuencia de la dictadura”.