Reguetón: la nueva música que oyen los Académicos de la Lengua

El XVI Congreso de la Asociación de Academias de la Lengua reflexionó ayer sobre el lenguaje que utiliza este género musical, la influencia de su mensaje crítico en la sociedad, el machismo de sus letras y la importancia de sus vocablos soeces.

Residente acaba de lanzar un nuevo single que se llama «Pecador» en el que une ciencia y música. Foto: Cristina Bejarano
Residente acaba de lanzar un nuevo single que se llama «Pecador» en el que une ciencia y música. Foto: Cristina Bejarano

El XVI Congreso de la Asociación de Academias de la Lengua reflexionó ayer sobre el lenguaje que utiliza este género musical, la influencia de su mensaje crítico en la sociedad, el machismo de sus letras y la importancia de sus vocablos soeces.

Cuando sus letras inundaron las calles, comprendió lo que era. El historiador Gervasio Luis García, miembro de la Academia de la lengua en Puerto Rico, jamás prestó atención al reguetón hasta el último mes de julio, cuando se difundieron por los medios de comunicación más de 900 folios que recogían las palabras de un chat privado de Ricardo Rosselló, gobernador del país. Unas conversaciones que, en lugar de mantener cierta altura intelectual y unas formas educativas en sintonía con el cargo que ocupaba, estaban impregnadas de homofobia, machismo y duras y despectivas descalificaciones hacia rivales y adversarios políticos que inmediatamente indignaron a la opinión pública, incendiaron la sociedad y empujaron espontáneamente a miles de ciudadanos a organizar movilizaciones masivas contra él.

Durante los días siguientes las protestas tomaron las principales ciudades, pero las manifestaciones, como muchos podrían haber esperado, no estaban encabezadas por líderes de la denominada «res pública», sino por jóvenes artistas y, sobre todo, reguetoneros. «El poder no podía aguantar tanta desnudez. La vulgaridad de aquellas palabras sublevó a la gente, pero lo que me sorprendió a mí es que delante de todos ellos caminaban estos músicos y a mí, como estudioso, me interesó inmediatamente ese fenómeno», declara Gervasio García, que ayer participó en el XVI Congreso de la ASALE que se desarrolla estos días en Sevilla y donde impartió una conferencia sobre el reguetón y la lengua.

Machos que acosan

El perreo, el reguetón, que siempre ha arrastrado la mácula de ser una lengua marginal y al que se ha acusado en infinitud de ocasiones de cosificar a las mujeres, en aquellos días se convirtió en la principal voz de aquellas protestas que, a la postre, forzaron la dimisión de Ricardo Rosselló. «Eso no nació de la nada. Los reguetoneros gritan porque no se les escucha, porque a los gobiernos les encanta mandar, pero no atienden lo que se les dice», comenta. Él mismo reconoce que nunca había sentido ninguna clase de atracción hacia esa música y que la primera vez que la atendió fue, por casualidad, durante una clase en la universidad, cuando un alumno le preguntó si le importaba que pusieran unas cuantas canciones para después analizarlas. «Es verdad que en el primer reguetón las mujeres aparecen constantemente acosadas por los machos y que la lengua es de muy ínfima calidad, con unas tonadas y unas letras que son para olvidar. Pero después de esa eclosión inicial sobrevinieron otros nombres, como Calle 13 o Teo Calderón, que era gente más ilustrada, que había estudiado música y estaba mejor preparada. Era, sin duda, otro credo totalmente diferente. Se revelaron como autores enormemente potentes, que cantaban lo que ocurría en la sociedad y cuya vigencia es muy grande hoy en día en la población».

La cuestión principal que sale a colación es cómo batalla el reguetón con el lenguaje inclusivo. Pero lo paradójico aquí es que las primeras plataformas que dieron forma y aire a las reivindicaciones de este último verano procedían de sectores comprometidos con el feminismo y la igualdad de género, y que, de repente, vieron cómo estos creadores, que durante tanto tiempo habían caminado con el San Benito de fomentar el machismo, ahora marchaban a su mismo lado y, además, prestaban su influencia y su fama para llevar hacia adelante sus ideas y que ese escándalo no quedara impune. «Recuerdo la entrevista que hace años le hicieron a uno de estos reguetoneros sobre su mala fama y él respondió: ‘‘Pues no lo sé, pero en mi casa tengo colgado un diploma de la escuela superior firmado por un secretario de Educación que está en la cárcel acusado de robar cuatro millones de dólares”. Y tiene razón. Este señor estuvo 12 años en prisión. Y la anterior secretaria de este mismo área también está acusada de robar. En Puerto Rico hay miles de estudiantes que tienen en sus casas documentos oficiales firmados por dos ladrones. “¿Por qué somos menos –se preguntaba este artista– que las supuestas personas que sostienen la cultura?”. Esta es parte fundamental de la cuestión».

Gervasio García explica que la lengua de los reguetoneros, como la jerga de los delincuentes o las orillas marginales, ha sido siempre tratada con desdén o dejada de lado en multitud de ocasiones, pero él defiende, al contrario que muchos, que estos músicos tienen un lenguaje español que es propio y es suyo. «Hay una lengua popular ahí. A mucha gente le escandaliza lo soez, pero lo soez se usa selectivamente, no es que estén constantemente hablando mal. Usan la mala palabra cuando hay que usarla, sin excluir, por supuesto que existen reguetoneros que son de baja estofa y que tienen una vulgaridad que a mí mismo no me gusta. Aunque también hay personas con un nivel distinto, mucho más alto, como Residente, que se separó de Calle 13, y que ahora tiene una serie de composiciones de enorme crítica social, en la misma onda que Rubén Blades. Es una mirada crítica y social muy profunda y popular que alcanza a todo el mundo. Lo hace con un lenguaje sencillo, pero con unas tonadas muy trabajadas. Pero no hay que olvidar que en este punto entra el negocio de la música y se apropia de esto, cuando al comienzo no le hacían caso». Gervasio García insiste en que al comienzo había un indudable machismo en las letras, pero, «y esto es importante hacerlo notar, eso cambió después. Y la voz de estas protestas en Puerto Rico la llevaban dos reguetoneros. Eran la voz y el rostro de una protesta».

García recalca que, al igual que sucede con el modernismo, que fue una corriente literaria que provino de América hacia España, con el reguetón sucede igual y es una influencia que proviene de Hispanoamérica. «Recuerdo que la canción “Despacito” se escuchó a nivel mundial. Recuerdo unos informativos en los que una niñade siete u ocho años que estaba en un hospital se la sabía de memoria y que la cantaba al lado de este reguetonero». Para el académico esta influencia masiva es insólita, no aparece siempre en la historia y merece un análisis más preciso «porque hasta ese momento había sido despreciado, ninguneado, pero de repente se convierte en la bandera de una sociedad, de niños y de ancianos. Las plazas se llenaron. Es muy impactante escuchar a miles de personas gritando a la vez malas palabras. Te preguntabas: “¿Qué es eso?” Bueno, “eso” es un grito de protesta. El reguetón es la rabia del individuo al que no hacen caso y, de alguna manera, se vuelve soez, porque esa es la única manera de que te hagan caso. Pero después, detrás de eso, está el verdadero mensaje positivo, progresista”. Por esto mismo, para Gervasio García “el reguetón es la crónica del momento. Agarra el instante y expresa el sentir, la preocupación, las carencias y las ambiciones de la masa popular. Es la voz de un sector social que nadie escucha. Ellos transmiten los problemas cotidianos de esta clase. Esto es importante».

Dame más gasolina

Gervasio García, que reconoce que la primera vez que escuchó fue «Gasolina», de Daddy Yankee –ese hit discotero de estribillo pegadizo que dice: «Dame más gasolina/ cómo le encanta la gasolina/ dame más gasolina/ a ella le gusta la gasolina/ dame más gasolina...»-. El historiador recuerda que «se puso de moda y la primera que tuvo resonancia comercial y que hasta en Francia se empleaba para usos comerciales aunque no tuviera nada que ver. Ahí empecé interesarme. No lo veo como un exabrupto, sino como una expresión social relevante. Los especialistas estamos obligados a reparar en esto. Y no despreciarlo, porque los reguetoneros no tienen el saber académico, pero tienen el dominio de la palabra y saben cómo usarla. Recuerdo a uno de ellos, Eddie Dee, es capaz, mejor que nadie, de comunicar el sentir de un momento, un instante. A saber cuánto dura esto, pero debemos estudiarlo».

Gervasio García, de no escuchar nada de reguetón, ahora reconoce que se queda con Residente y Daddy Yankee. De ellos asegura: «El primero es el gran crítico social; el segundo ya es otra cosa, pero en esas letras hay secuelas del mensaje social, pero es más musical en la tonada, más pegajosa». Pero también aclara que esta música se ha nutrido del «trap, del hip hop, de reggae, que es por donde viene todo. Lo que sucede es que el reggae se les quedo corto, es demasiado suave para ellos. El reguetón es más agresivo. Es una crítica más cortante y más mordaz. Lo interesante es que al principio nadie sabía escribir la palabra. Se empleaban mil formas, siguiendo sobre todo la palabra inglesa, pero después se castellanizó, se escribió tal como suena en Panamá y fue entonces cuando la academia de Puerto Rico propuso a la RAE incluir reguetón, tal como suena, como la redactamos hoy en día, en el diccionario. Ahora su grafía y su tono coincide. La gente escribe esta palabra tal como la academia de Puerto Rico solicitó».