Roberto Santiago: «Ser entrenador debe ser parecido a dirigir una obra de teatro»

El éxito literario «Los futbolísimos» llegará al Teatro La Latina de Madrid el 20 de octubre convertido en un musical.

El éxito literario «Los futbolísimos» llegará al Teatro La Latina de Madrid el 20 de octubre convertido en un musical.

Dicen que el fútbol es lo más importante entre las cosas menos importantes. Pues bien, el deporte rey en España ha coronado a una nueva estrella que luce más en los escenarios que sobre el césped. O, para ser más precisos, que en el banquillo. Y es que él es el Zidane de los contadores de historias. Un entrenador polivalente capaz de dirigir una película –«El penalti más largo del mundo»–, una obra de teatro; de escribir una novela –como «Ana»– y un guión. Un míster polifacético que tras 10 años vuelve a hacer jugar a los nueve niños y niñas protagonistas de la conocida saga. «Los futbolísimos, el musical» tiene los mismos ingredientes que los 14 exitosos libros en los que se basa: fútbol, misterio y amistad. Roberto Santiago ha puesto el balón a rodar, y a sonar, en un espectáculo dirigido tanto a los menores como a sus padres y que llegará al Teatro La Latina el día 20.

–¿Qué le ha costado más, escribir los libros o dirigir el espectáculo?

–Con los libros llevo más de 5 años. Y con este espectáculo, solo unos pocos meses en los que me lo estoy pasando muy bien y aprendiendo muchísimo. No puedo elegir.

–Pero habrá notado diferencias entre una cosa y otra...

–Escribir es un acto muy solitario. En cambio, dirigir –tanto cine como teatro– es mucho más social. Lo ideal, desde el punto de vista personal, es combinar. Es decir, estar largas temporadas encerrado escribiendo y luego pasar meses dirigiendo rodeado de gente todo el día.

–¿Cómo se conoce uno más a sí mismo?

–Escribir es más íntimo, como si uno se mirase en el espejo, por lo que se llega más lejos a nivel personal.

–Director de cine, guionista, dramaturgo, escritor... ¿Algo más?

–También soy un gran lector y espectador de cine y de teatro.

–Es usted un hombre-orquesta. Pero si se tuviera que poner solo una, ¿qué camiseta se enfundaría?

–Ante todo soy un contador de historias. La ficción tiene un gran poder para que nos hagamos preguntas importantes, para transformar la sociedad y para cambiar la vida de las personas. En cualquier caso, hoy en día siempre nos quieren etiquetar. Y lo mejor que podemos hacer es huir de eso.

–¿Prefiere contar historias o que se las cuenten?

–Me encanta que me cuenten historias. No únicamente de forma escrita, sino también oral. Admiro a la gente que cuenta buenas historias en las sobremesas, por ejemplo. Me gustan de todo tipo, siempre y cuando nazcan del corazón, sean auténticas y no respondan a una fórmula.

–Ahora parece que nos cuentan más cuentos que historias...

–Es cierto. Nos cuentan muchos cuentos en nuestro día a día. Hay una superabundancia de cuentos muy poco interesantes.

–Cuando le sobrevuela una historia por la cabeza, ¿cómo sabe si será un libro, un guión o una obra?

–En el 99% de los casos la idea me viene ya en un formato. Por intuición, la forma y el fondo están indisolublemente unidos.

–¿Su mente descansa?

–No es fácil. Stephen King decía que cuando por la noche le costaba dejar de pensar en una historia que estaba escribiendo pensaba en otra nueva que todavía no había empezado a escribir. Yo uso esa técnica. Tengo ganas de contar muchas historias, por lo que mi mente no descansa demasiado.

–¿A qué suena el fútbol?

–Hemos estado un año y medio preguntándonos a qué debía sonar el espectáculo. Y tiene que sonar a muchas cosas. Por eso la música de este montaje es tan ecléctica. Hay pop, rock, hip hop urbano...

–¿Cuál ha sido el gol de su vida?

–(Risas) Una medalla que gané con 13 años jugando al fútbol con mis amigos del San Agustín.

–¿Y el penalti más largo del mundo?

–Empecé a ganarme la vida escribiendo con 21 años, mientras estudiaba. Y a día de hoy tengo la suerte de seguir escribiendo y ganándome la vida contando historias. Quizá algún día se acabe el sueño, pero mientras tanto lo disfruto muchísimo.

–¿De qué equipo es?

–Del Soto Alto, de «Los futbolísimos» y del San Agustín. Como espectador admiré mucho a la «Quinta del Buitre». No obstante, a mí me hubiese encantado ser entrenador, que tiene que ser parecido a dirigir una obra de teatro.