Román Collado: "Lo del torero repeinado es un cliché; ninguno es igual a otro"

Foto: Alberto R. Roldán. Vídeo: Esperanza Fernández
Foto: Alberto R. Roldán. Vídeo: Esperanza Fernández

Es una hora «justita» para empezar de cañas, pero no se resiste mucho. Quedamos en la Azotea, en plena calle Goya, donde por sorpresa nada más llegar nos atiende Julián, su padre. Román está apurando la recuperación para su vuelta a los ruedos el sábado en Valencia después de una tremenda cornada en la Feria de San Isidro de Madrid. La espontaneidad la mantiene intacta.

¿Cuesta mirar el boquete cuando le han herido?

Como ya me han pegado unas cuantas, mirar no me cuesta, pero en la de Madrid me asusté después, cuando me tumbaron en la camilla y eso se llenó de sangre enseguida...

Al público le impactó el pitón del toro bañado con su sangre. ¿Es capaz de olvidar esa imagen?

No sé si se olvida, pero puede llegar a ser una anécdota. Llevo muchos años preparándome y sabiendo que las cornadas forman parte de la profesión y, por estadística, sé que llegarán más.

¿Hay que hacer terapia?

Hay cornadas que te hacen mucho daño psicológicamente, cuando no sabes el porqué o no han tenido ningún valor. Pero las que vienen porque las asumes, son más fáciles de digerir. En Madrid sabía que me podía coger.

Al tópico de jugarse la vida, Barrio y Fandiño le pusieron toda la verdad.

Hay un antes y un después de su muerte. Yo no pensaba que un torero pudiera morir en la plaza, pero ahora tengo la sensación de que mi vida se puede acabar, pero convivo con ello. Igual suena a loco, pero sí soy capaz de dar mi vida y lo digo conscientemente.

Si Román no fuera torero...

Imagino que cualquier otra cosa e intentaría emplearme al máximo para ser de los mejores. De niño decía que quería ser torero o bombero. Pero a saber, quizá hubiera hecho ADE, no lo sé.

¿Dónde hay que buscarle cuando se pierde?

No me suelo perder mucho, pero sería difícil porque soy muy imprevisible y puedo estar en cualquier sitio.

¿Cerveza o vino?

Era más de vino y me estoy aficionando a la cerveza, pero un buen vino...

¿La última borrachera?

Voy a quedar muy mal, pero este sábado.

¿Y la más gorda?

Esa fue tremenda, en Jávea, pero he de decir a mi favor que hace ya mucho tiempo.

¿En qué es el peor?

En la cocina, no me gusta. Sobrevivo, vivo solo y si tengo que cocinar prefiero comer fuera y si no me hago cualquier cosa, que viene siendo cortar fuet. No hago ni unos huevos fritos, sé hacerlos eh, pero me supera luego tener que fregar o poner el lavavajillas.

¿Qué hay del feminismo?

Me considero feminista, porque creo en la igualdad entre hombres y mujeres y sí que es verdad que en la profesión no las hay, pero creo que ahora ninguna mujer se puede sentir rechazada.

¿El valor se agota?

Dicen que por las cornadas se va el valor, pero se puede ir más por la cabeza.

¿Y se puede perder por un triunfo?

Sí, y es malísimo; obsesionarte con uno es lo peor que hay.

¿Qué le lleva a un tipo que hizo ballet, kitesurf... a aterrizar en los toros?

Tengo cero antecedentes, pero mi madre cuenta que cuando era pequeño una vez haciendo zapping yo lloraba mucho y me calmé justo con los toros, embobado. Yo decía que quería ser torero, y de decirlo he llegado hasta aquí.

Se sale del prototipo de torero.

Eso dicen, pero soy uno más y no hago otra cosa que no sea torear. Parece que el torero tiene que estar repeinado o con la camisa por dentro, pero eso son clichés, en el fondo ningún torero es igual.

¿Es animalista?

Los toreros somos los más amantes de los animales. Tengo una perra que cogí de la perrera. Es verdad que matamos al toro en una contradicción difícil de explicar, pero con mucho sentido.

¿Qué le parece que el toreo se identifique con la política?

A mí, un error, creo que todo el mundo tiene derecho a ser del partido que quiera, pero me duele que se politice la Fiesta. Creo que es un espectáculo amplio y es del pueblo, de la gente.