Scorsese: «El cine del que vengo necesita ser visto con público»

El director italoamericano, que mañana recibirá el Premio Princesa de Asturias de las Artes, reflexionó en Oviedo sobre el futuro del cine ante las nuevas tecnologías y recordó cuáles fueron sus influencias cinematográficas durante su juventud.

Martin Scorsese, director de 25 largometrajes de ficción, recibe mañana el Princesa de Asturias de las Artes. Foto: Alberto R. Roldán
Martin Scorsese, director de 25 largometrajes de ficción, recibe mañana el Princesa de Asturias de las Artes. Foto: Alberto R. Roldán

El director italoamericano, que mañana recibirá el Premio Princesa de Asturias de las Artes, reflexionó en Oviedo sobre el futuro del cine ante las nuevas tecnologías y recordó cuáles fueron sus influencias cinematográficas durante su juventud.

Martin Scorsese es un cineasta paradójico, que suele recurrir en sus películas a las emociones fuerte de la violencia, o las violencias –porque no existe una sola, sino que son infinitas– para hablar de los cataclismos que remueven el espíritu, esas otras vecindades y subsuelos cotidianos en el hombre que son la pugna del bien y el mal, el silencio y la redención. Unos conceptos, impregnados aún de religiosidad en esta conciencia/legado que todos conservamos después de siglos de educación occidental, y que el director ha sublimado a través de unos filmes de gángsteres y mafias diversas o de reflexión de mayor calado como son «La última tentación de Cristo» o la magnífica, y en ocasiones poco apreciada, «Silencio». El director, que gasta una simpatía muy italoamericana, llegó el martes a Oviedo para recibir mañana el galardón del Premio Princesa de Asturias de las Artes. Y lo hizo prácticamente a escondidas, como los testigos protegidos de los «thriller», aunque es bastante probable que esa tímida aparición, que algunos solo denominarán discreción, no tenga nada que ver con su voluntad.

Scorsese, al que se le adivina el talento detrás de la sonrisa, que conserva un gesto entre pícaro o juvenil, vino acompañado de su hija y con una preocupación entre los meandros de su pensamientos: el debate sobre la relación que mantendrá el cine con las nuevas plataformas digitales dedicadas a ofrecer películas y series de televisión, sobre todo ahora que Netflix está produciendo su último trabajo. «Ésta es la cuestión clave de nuestra época –afirmó sin titubear–. Lo que hay que plantearse es proteger la experiencia teatral del cine que se produce, y que no sean cintas de dibujos animados o superhéroes que, no quiero juzgar, pero que están dedicadas a otra clase de audiencia, de grandes masas, para pasar el rato. Hay que tener en cuenta que existe otro enfoque. Hablo del cine que vengo, y que trato de conservar, respetar y restaurar, y necesita ser visto con público. Esto no quiere decir que no puedan proyectarse en casa. Yo hago ambas cosas. Pero en este momento, debemos conseguir que estas películas puedan verse en el cine antes de que lleguen a las casas».

Comida y cine en casa

Scorsese, cauto, reflexionó sobre la forma en que se consume el cine hoy en día y la necesidad de respetar las distintas maneras en que se pueden mostrar las creaciones de los cineastas. Y lo hizo poniendo un ejemplo. «No hay ninguna de duda de que “Dunquerque” o “First Man”, y todos esos filmes, están hechos para verse en familia, juntos. No estoy muy versado en internet, pero sí puedo ver a mi alrededor a los jóvenes. Tengo una hija y observo cómo se comporta con sus amigos y cómo ven las películas mientras comen. Actualmente puedes pedir comida mediante aplicaciones y te la traen a casa, pero no considero que estos restaurantes estén ideados para los clientes directamente. Sí, tengo casa, y quiero que me traigan lo que pido, pero habrá otras muchas personas que lo que desean es poder salir y compartir esta experiencia de una manera conjunta, con gente. Esto siempre va a estar ahí. Hay que proteger, finalmente, el respeto del cine como arte para que sea apreciado por el público que asista a las salas durante el tiempo que sea posible».

El director comentó acto seguido que «las películas ya no son apoyadas por los estudios. No tienen dinero para hacerlas y sostener a estos realizadores. Quienes ponen el dinero son Netflix, en mi caso, y Amazon. ¿De dónde saldrá el dinero? ¿De becas? ¿Fundaciones? No es suficiente. ¿Cómo vais a poder nutrir vuestro talento?» A todo esto, además, hay que añadir una revolución extraordinaria: «No sabemos hacia dónde se dirige el cine y en que se va a convertir. Han pasado más de cien años de sus inicios y a lo mejor eso es lo que ha sido el cine y ahora entramos en otra época diferentes. No sabemos qué va a pasar con la imagen en movimiento Como me comentó George Lucas, puede que ahora estemos en un agujero negro que vaya a durar varios años. Ignoramos hacia dónde vamos con la tecnología que tenemos. Nuestros hijos están viviendo una experiencia de cine que es completamente diferente y que se vive en casa. Yo la prefiero en la sala». Y apostilló: «Por otro lado, Netflix nos apoya. No tenía financiación para el filme que estoy preparando. Es un problema que habrá que resolver. A Cuarón, con ''Roma'', le sucedía lo mismo. Estas películas están separadas de las series de televisión, que dicen que es el nuevo cine, aunque yo no lo veo así. Creo que tienen más que ver con las novelas. La imagen en movimiento seguirá ahí y seguiremos disfrutándola».

Scorsese, algo menos vehemente en su respuesta, acudió a su memoria más temprana, cuando jugaba en las calles de Nueva York, para hablar de las películas que le marcaron y condicionaron su carrera. «Se me asocia a un mundo en el que crecí expuesto a la violencia y rodeado de figuras criminales. Pero no es así. Es cierto que estaban ahí ciertos personajes, pero también tenía unos padres que me querían y un cura que nos tutelaba y del que aprendimos mucho. Y, finalmente, estaban las película». Y esas resultaron esenciales, aunque aquel Scorsese de entonces no lo adivinara en ese momento. Así descubrió «La ley del silencio» de Elia Kazan o «Force of Evil» de Abraham Polonsky, que «fueron las películas que representaban lo que yo vivía. Había filmes de ese submundo como los títulos de De Palma, ''Scarface'' o ''El Padrino''. Era la época dorada del cine negro. No todo ese cine tenía que ver con el crimen organizado, pero hasta los años de la Guerra Fría. Fue con el que me crié».

Las lecciones de San Patricio

Scorsese quiso puntualizar que él «no pasaba las tardes con la mafia. Había gente peligrosa a mi alrededor cuando crecía. Esto no te lleva a una moral de blanco y negro. Ves que la gente buena hace cosa que no son buenas. Pero que no tienen elección. La religión se predicaba y me encontré que la Catedral de San Patricio, de 1812, que conocí con 8 o 9 años, era un lugar de asilo, seguro. Lo que escuché en esa iglesia, para mí, tenía sentido. Un cura, al que admiraba, nos ayudó a conjugar lo que vivíamos en la calle y cómo deberíamos vivir nuestra fe. Ese camino después fue más duro de lo que pensaba. Me echaron del seminario preparatorio, pero las preguntas y la base de lo que soy vienen de cómo vivía yo y de la naturaleza de la iglesia católica de ese momento y de ese sitio en concreto».

La alusión al mundo de emigrantes que conoció y en el que se formó hizo inevitable una cuestión: la actual política de Trump sobre este asunto. Un tema en el que se mostró contundente: «Si hubiera empezado esa política, yo no estaría aquí hoy. No estarían la mayor parte de los estadounidenses. ''Gangs of New York'', donde se mostraba que a los irlandeses se les odiaba por el catolicismo que traían. Estados Unidos se erigió sobre la separación de la Iglesia y el Estado. Y ellos obedecían al Papa, que entonces, era una influencia muy poderosa. Por eso había grupos que se oponían a ellos. Entonces sucedía de aquella manera y ahora es de esta. Estados Unidos lo crean los inmigrantes. Pero hay que recordar que se impuso una cuota para los italianos en su día y muchos no entraron. La inmigración es una experimentación, existen distintas lenguas y religiones y estamos intentando vivir juntos. Sin embargo, resulta triste que pase esto, porque el sentimiento de división es muy peligroso. Lo que se está haciendo ahora va contra la idea básica de lo que es Estados Unidos. En la Estatua de la Libertad se lee: ''Traednos a todos los que no tienen casa''», concluyó el director.