Historia

Se vende el amor prohibido de Shostakovich

La casa de subastas rusa Liftond ha revelado el lado más romántico del compositor: el 22 de agosto se pondrán bajo martillo una serie de cartas de amor que escribió a su amante, la bailarina Nina Ivanova.

Nina Ivanova, en el ballet «Boris Godunov», que se representó  en el Teatro Bolshói en 1946
Nina Ivanova, en el ballet «Boris Godunov», que se representó en el Teatro Bolshói en 1946

La casa de subastas rusa Liftond ha revelado el lado más romántico del compositor: el 22 de agosto se pondrán bajo martillo una serie de cartas de amor que escribió a su amante, la bailarina Nina Ivanova.

El frío que hiela las calles de Moscú cada año se suele ver disminuido gracias al calor de sus costumbres. Pasear por sus amplias avenidas conlleva cruzarse con gran cantidad de floristerías. Algo tan «simple» como regalar una flor a otra persona es allí tan habitual como lo es tomar el té de la tarde en algún pueblo inglés. Tal es la tradición rusa que hasta tiene sus propias normas: si regalas flores, que sean impares, o quien las recibe no estará demasiado agradecido. Las calles que desembocan en el Teatro Bolshói moscovita desprenden un encanto que deja a la ciudad lejos de la frialdad que a veces se relaciona con Rusia. Música a todas horas (hasta en la madrugada), mujeres que venden ramos por pocos rublos y fachadas decoradas que contrastan con la majestuosidad de los edificios. La ciudad de Moscú es romántica y no solo por las rosas y los claveles que cada día cruzan de punta a punta los paseos subterráneos de la ciudad. Sino que va dentro de muchos de sus ciudadanos. Como de Dmitri Shostakovich.

«Anoche estuve en una barbacoa y te recordé. Estaba aburrido sin ti. Espero que este año nos reunamos más a menudo. En vista de mis sentimientos hacia ti, recibir noticias tuyas será una gran alegría». Estas son algunas de las palabras que el compositor escribió no para su mujer, la científica Nina Varzar, sino para una bailarina del Bolshói, Nina Pavlovna Ivanova. Correspondencia amorosa: todo un clásico que se ha ido perdiendo pero que, cuando resurge, se puede llegar a incluso a pagar grandes cantidades de dinero por esos trozos de papel.

La casa de subastas rusa Liftond ofrecerá un lote el próximo 22 de agosto con diez cartas de amor y dos telegramas que Shostakovich escribió de su puño y letra para su amada Ivanova. Según algunos portales de noticias sobre música clásica, se espera que la cantidad por la que se puje en la subasta alcance los 800.000 rublos (unos 10.000 euros). ¿Qué coleccionista apasionado querrá hacerse con estas notas que llamaban tanto al engaño matrimonial como a una historia de amor digna de novela? De lo que al parecer no cabe duda es de que gracias a esto del compositor ya no solo llama la atención su talento con las corcheas, sino también su desconocida pero interesante vida personal y su escritura.

Ivanova y Shostakovich se conocieron en 1933, en una Rusia en pleno terror stalinista y en una época difícil de la carrera profesional del compositor. Las cartas, datadas entre 1935 y 1939, coincidieron en los años en los que la obra «Lady Mabeth del distrito de Mtsensk» se vio atacada por parte del régimen. Una historia de censura que comenzó en 1936, cuando el diario «Pravda» (oficial del Partido Comunista) escribió un editorial titulado «Caos en vez de música» y que criticaba este trabajo del maestro. Puede que fuera la rabia de Stalin la que quiso catapultar esta obra maestra a la censura, pero esto no impidió que años después resurgiera de las cenizas.

A pesar de que la ópera estuvo más de 20 años sin representarse, la pasión del compositor parecía no tener límites. Y no solo con la música –siguió trabajando para más tarde presentar una versión llamada «Katerina Izmáilova»–, sino que también centraba gran parte de su atención en su amor correspondido por la bailarina. Hasta tal punto que se planteó separarse de su mujer para casarse con su amada, cegado por un fuerte sentimiento irremediablemente prohibido. Pero la negativa de Ivanova era tajante: no quería contraen matrimonio con una persona comprometida y con dos hijos pequeños. Todo un fracaso para el insistente de Shostakovich.

Una felicidad agrietada

«Te extraño de manera mortal y mañana –1 de enero de 1938– voy a Moscú siete días. Sueño que durante ese tiempo pueda reunirme con usted. Tengo muchas ganas de verla», escribió el compositor de «Leningrado» desde la habitación de algún hotel de la capital rusa. ¿Qué respondería ella ante estas declaraciones de amor? ¿Por qué no culminó esta relación agrietada por la distancia y el poder del compromiso? De eso se quejaba el compositor: «El destino me ha dado una gran felicidad, pero ¿por qué sucede que esa felicidad nunca es completa?».

Las misivas que se van a subastar muestran la parte más sentimental y sensible de Shostakovich, que hasta que estas cartas no han salido a la luz era casi del todo desconocida. El descubrimiento ha sido posible gracias a la hija de Ivanova: ha sido ella quien ha proporcionado esta información por la que el día de la subasta se podrá pujar a partir de las siete de la tarde a través de la página web de Litfond –solo para usuarios registrados–. El lote es el número 243 y va acompañado de una descripción que hace justicia al complicado episodio sentimental de la pareja rusa: «Dmitry se enamoró de inmediato, Nina le correspondió. Gradualmente la relación se volvió más y más seria. Tanto que Shostakovich comenzó a visitar la casa de los padres de Nina». Sin embargo, el sueño de compartir su vida con la bailarina no se llegó a cumplir. El compositor ruso no pudo alargar su relación con Ivanova tanto como lo hacía en las partituras de sus sinfonías. Según la anotación de dicho lote, «la relación terminó en 1940», añadiendo que, aunque el compositor intentó más tarde reavivarla ya era tarde, pues su querida Nina ya había formado una familia.

Dmitri Shostakovich, pianista y compositor ruso, uno de los más importantes del siglo XX, creó más de 100 obras que aún hoy resuenan en sesiones tanto del Teatro Bolshói como de otros alrededor del mundo. Su trabajo, aun machacado por el régimen y el capricho de Stalin, pudo alcanzar el éxito. Pero no porque su dedicación a la música fuera tan extensa su vida personal tuvo que ser aburrida. Sea quien sea el que se haga con el lote en la subasta, conocerá una prueba más de que en Moscú la nieve hiela, pero se compensa con el calor que algunas personas ofrecen con este tipo de historias.