SOS 4.8 Murcia, viva la diversidad

El festival reúne a 28.000 personas en una primera jornada marcada por el eclecticismo de bandas y de público, con Manic Street Preachers, Soleá Morente y Love of Lesbian como grandes reclamos

El bajista de los Manic Street Preachers, Nicky Wire
El bajista de los Manic Street Preachers, Nicky Wire

El festival reúne a 28.000 personas en una primera jornada marcada por el eclecticismo de bandas y de público, con Manic Street Preachers, Soleá Morente y Love of Lesbian como grandes reclamos

El lema del Festival SOS 4.8 de Murcia siempre ha sido la sostenibilidad, el cuidado del ecosistema medioambiental y también cultural de la ciudad. Sin perder eso de vista, este año hay que añadir la diversidad de su oferta musical. La prueba fue el desarrollo de la primera jornada en la que podías cruzarte con una muñequera de pinchos o una gorra ladeada, y a un público nacido por lo menos en tres décadas diferentes. Esa distancia generacional y estilística que separa a Manic Street Preachers, gran reclamo de la jornada del viernes, de Soleá Morente, damnificada con un duelo al sol en el escenario principal, al poco de las cuatro de la tarde.

A alguien le tenía que tocar ser el reclamo antes de la caída del sol. Y la pequeña de los Morente, que es más indie que flamenca, puso todo de su parte con su disco «Tendrá que haber un camino» ante un público más bien escaso, como le ocurrió a Corizonas, pero se lo tomaron con la filosofía de su nuevo álbum, «Todo va bien»: surf rock, spaghetti western y garage de calidad. No fue hasta el concierto de Toundra que la plaza empezó a llenarse. Ya puede decirse que lo del grupo madrileño es más que una sensación, una realidad. En un festival resulta muy complicado mantener la atención del público, que está por lo general más despistado con sus cosas, así que lo de Toundra tiene doble mérito: cuatro enormes músicos que no dicen ni una palabra.

Palabras en español tampoco es que dijeran muchas Manic Street Preachers, pero su canciones perduran, al contrario que proclama el título del disco que ayer rendían homenaje. «Everything Must Go» («Todo debe pasar») cumple 20 años y en el público muchos cantaban las letras agarrándose por el hombro en arrebato nostálgico, aunque al margen de sus clásicos el ambiente fuera algo deslucido para un cabeza de cartel. El péndulo del festival oscilaba después hacia Love Of Lesbian, que vencieron en la competición de camisetas con su nombre entre los asistentes. La banda catalana tiene ganada la partida antes de jugarla, porque su público ya está entregado.

Pocos tienen esa suerte, aunque también le pasa ya a León Benavente, la gran revelación de la escena española y ayer justificaron por qué: canciones y actitud. Y una sorpresa: Matt & Kim son dos neoyorquinos que recibieron alta educación artística y sin embargo se dedican a hacer uno de los espectáculos más rompedores y primitivos que se pueden ver. Kim golpea la batería con auténtica saña mientras Matt introduce las programaciones y los samples y en vez de dos niños bien parecen dos punkis que gritan consignas, por cierto, ayer con traducción inglés-murciano. El público ansía ya la edición del décimo aniversario, para la que se espera un salto de calidad.