Spike Lee: «Nos adormecimos con Obama»

El director afroamericano alerta contra el «auge mundial del fascismo» durante la presentación en Madrid de su nueva película, «Infiltrado en el KKKlan», que cuenta la historia de un detective negro en los 70 que investiga a los supremacistas.

El director afroamericano alerta contra el «auge mundial del fascismo» durante la presentación en Madrid de su nueva película, «Infiltrado en el KKKlan», que cuenta la historia de un detective negro en los 70 que investiga a los supremacistas.

Dicen que lo que no se nombra no existe. A Spike Lee no le verán nunca llamar a Trump por su nombre. Para él, el presidente es simplemente «el agente naranja», como si fuera un villano de película. Pero en este caso no es que el director nacido en Atlanta y criado en el distrito neoyorquino de Brooklyn obvie la cuestión Trump. Su modo eufemístico de llamarle es una burla y un caricatura. Spike Lee sabe perfectamente, aunque no lo llame por su nombre, que Trump existe, y en cada intervención se llena la boca hablando de lo que él y los suyos están haciendo por el «auge del fascismo» en Estados Unidos. Pero, ojo, advierte el director, este no es solo un problema norteamericano: «Antes del ''agente naranja'' ya estaba el Brexit en Inglaterra, Le Pen en Francia, el ascenso del fascismo en Italia... Es un error común de la gente y de la Prensa creer que éste solo es un asunto de América, el auge del fascismo es global, y espero que la gente lo tome como tal».

Con su gorra de los Yankees, su ristra de cadenas al cuello y una chupa plagada de lemas de Brooklyn, Spike Lee, el director afroamericano más influyente de su generación, llegó ayer a Madrid para presentar «Infiltrado en el KKKlan», su último trabajo, que le valió el Gran Premio del Jurado en Cannes. Hay quien dice que, con esta cinta, Lee regresa a la senda de su mejor cine, el de «Haz lo que debas» (1989) y «Cuanto más, mejor» (1990); para otros se pasa de frenada en su intento de vincular la mentalidad del Ku Klux Klan con la Casa Blanca hoy en día. Desde luego, la cinta es tan amena como militante: el buen rollo de una historia increíble es el aperitivo con el que lanzar un mensaje bien explícito, que el KKK está entre nosotros, aquí, hoy, en el mismísimo Despacho Oval. «¿Propaganda? No sé si llamaría así a mi película. ¿Es propaganda ''El nacimiento de una nación''? (la célebre cinta de 1915, de D. W. Griffith, que mostraba vejaciones a negros y exaltaba el Klan) La palabra propaganda se usa ahora con mucha ligereza. Si haces una canción o un filme y al público no le gusta cómo piensas, lo llaman así».

La historia de «Infiltrado en el KKKlan» parte de un caso real: la vida de Ron Stallworth (aquí interpretado por John David Washington), el primer detective afroamericano de la policía de Colorado en los años 70. El agente logró contactar por teléfono con los jefes del grupo en su estado y, posteriormente, con el mismísimo David Duke, «Gran Mago» de la organización. Su compañero en el cuerpo, Flip Zimmermann (Adan Driver), judío para más señas, es quien dará la cara en los encuentros con el Klan. En cualquier caso, Ron será el primer negro en ingresar formalmente en el movimiento, aunque sea solo dando su nombre y prestando su voz. Stallworth escribió sus memorias en 2014 y cayeron en manos de Jordan Peele, productor y director de «Déjame salir». «Cuando me llamó y me dijo que se trataba de la historia de un hombre negro infiltrado en el KKK me entró la risa –recuerda Spike Lee–. Nunca había oído hablar de este agente. El humor que hay en mi película viene por tanto de la absurdidad de su premisa. ¿Cómo se infiltra un negro en el KKK? Es risible». El tono ligero no es ajeno al cine de Spike Lee, quien considera que los temas sensibles no hay que tratarlos necesariamente con solemnidad: «Me encanta Kubrick y su ''¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú», y trata un tema aperentemente super serio, nada hay más serio que el holocausto nuclear, pero te ríes mucho. Lo importante es encontrar el equilibrio entre el humor y seriedad».

«Make America Great»

Y, desde luego, ir deslizando el mensaje. De hecho, de boca del «Gran Mago» Duke, en los años 70 escuchamos lemas políticos que han recobrado actualidad: «Make America Great», «America First...»... Está claro que Lee apunta directamente a Trump en una cinta que se estrenó en Estados Unidos justo un año después de los disturbios de Charlotesville, en los que murió una joven en una contramanifestación contra el Ku Klux Klan. «El tema del Black Power que trata la cinta estaba muy presente a finales de los 60 y principios de los 70, y ahora está habiendo un resurgimiento –opina Lee–. No creo que la gente esté adormecida en Estados Unidos ni muchísimo menos, de hecho no es un buen momento para estarlo con todo lo que está pasando. No hablo en nombre de los 45 millones de afroamericanos, pero sí creo que hubo cierto adormecimiento durante los ocho años del Gobierno de Obama. Vivimos como un agosto maravilloso y nos engañamos pensando que estaba todo hecho y que así nos íbamos a quedar. Pero el ''agente naranja'' ha utilizado este tiempo para crear una base contra todo eso».

Al igual que los negros («monos», «simios», etc, en el argot supremacista) eran el chivo expiatorio en los 70, Spike Lee considera que ahora el foco se está poniendo en los inmigrantes. «Si miras la historia, ves que siempre hay una cabeza de turco. Para los nazis eran los judíos y ahora son los inmigrantes. Los países los culpan de los crímenes, la droga, la amenaza a sus religiones y la disolución de su cultura. Por ejemplo, el ''agente naranja'' dice que todos los mexicanos son drogadictos y criminales y por eso quiere hacer un muro. No entiendo que no haya una indignación mundial cuando se ven a familias separadas en la frontera; no entiendo por qué en la ONU no se está tratando un problema como éste».

Lo que el cine se llevó

Se refiere a las recientes imágenes de separaciones de padres e hijos en la frontera mexicana. «Al saberlo, lo primero que pensé fue en mis ancestros, que llegaron a América y ahí se rompieron sus familias. Me remite a la época de la esclavitud, cuando nos vendieron y no nos trataron como humanos. ¿Cómo puede haber un sistema que rompa familias hoy en día? Y encima tienen la osadía de decir que el otro país pague por lo que tú quieres hacer», es decir, el tristemente célebre muro fronterizo.

Además del mensaje principal (el KKK está vivito y coleando), la cinta de Spike Lee contiene un ajuste de cuentas y una enmienda a la historia del cine norteamericano con imágenes de «El nacimiento de una nación» y de «Lo que el viento se llevó». La primera de ellas, considerada una obra maestra, «resucitó al KKK en aquella época (1915) y provocó varios homicidios y linchamientos a negros». La segunda, la famosa historia de Escarlata O'Hara, tampoco ofrece una imagen digna de la comunidad afromaericana y glorifica el sistema esclavista, según los revisionistas. Frente a ello, Lee propone una estética que bebe a menudo de la «blaxplotation» de los 70 en el que se curtió como espectador un creador tan controvertido como inevitable para conocer cómo la comunidad negra se ha explicado desde el cine. Autor de «Malcom X», entre otras, Spike Lee nunca ha renunciado a dar su versión de un país en el que la brecha racial no ha sido subsanada del todo.

Un oscarizado fan de Carlos Saura

A Spike Lee le precede su fama de personaje cortante, borde incluso, de sermoneador incólume, siempre firme y asertivo en sus posiciones. Pero con el tiempo su humor se ha dulcificado, hasta el punto de que ayer en el Hotel Villamagna de Madrid sorprendió a la Prensa con una actitud muy cercana, más relajado que, por ejemplo, en el pasado Festival de Cannes, donde presentó «Infiltrado en el KKK». Además, regaló una anécdota bien curiosa: «¿Dónde vive Carlos Saura?», preguntó de repente, en medio de la entrevista. Inútil explicarle que a medias entre Madrid y Segovia, en un lugar llamado Collado Mediano que solo podría sonarle a chino. En cualquier caso, el director siguió a lo suyo: «¿Hay alguna tienda de posters vintage por aquí? Quiero comprar uno de alguna película de Saura y me gustaría que me lo firmara. Soy un gran fan suyo». Es posible que a esta hora el encuentro entre el realizador aragonés y el norteamericano no se haya producido, pero al mismo tiempo es muy probable que en la Librería 8 y 1/2, especializada en cine, hayan recibido la visita de Lee. Tampoco sabemos hasta qué punto Saura («Tiene ochenta y pico años y sigue haciendo cine, es magnífico», señalaba el norteamericano) está familiarizado con la trayectoria de éste, pero está claro que le agradará saber que un acreedor del Oscar honrífico lo tiene como referente. La estatuilla la logró en 2015, coincidiendo con un cambio en la sensibilidad de la Academia de Hollywood hacia los afroamericanos y las minorías. En los últimos años, las nominaciones a los Oscar se han saldado con repetidas polémicas por estos motivos y la Academia ha abierto sus puertas a más negros e hispanos con el fin de integrar otras sensibilidades.