Cultura

Diego Luna: “Debemos hablar del pasado para disfrutar del presente”

El actor de “Narcos” y “Rogue One” llega a las Naves del Matadero para contar una historia de amor a través de los acontecimientos que marcaron su país, México, y su vida en los últimos 40 años

Imagen promocional de "Cada vez nos despedimos mejor", con Diego Luna
Imagen promocional de "Cada vez nos despedimos mejor", con Diego Luna FOTO: Teatro Español

Como buenos mexicanos, Alejandro Ricaño y Diego Luna comenzaron esta aventura entre mezcales. «Con varias botellas», advierte el actor con una excusa irreprochable: «Eran necesarias para la investigación del proyecto». Y es que, como nos enseñó Thomas Vinterberg en Otra ronda (Druk), la dosis justa de alcohol, sin pasarse, te hace más creativo, abierto e impulsivo. Luna deseaba tomar tierra, volver al teatro después del vendaval de Narcos: México y Rogue One, entre otros; «quería subir a los escenarios para sentir pertenencia, arraigo y estabilidad. El teatro te da la sensación de estar y tener tiempo para estar. Siempre terminas durmiendo en la misma cama, en el cine no pasa eso», explica un intérprete que buscaba «estar cerca de mi padre, mis hijos y mis amigos». Por eso acudió a Ricaño, autor y director: «Siempre escribe sobre el momento que vive y le pedí que escuchara el mío para ver si había sincronía». Corrieron así los mezcales y platicaron, platicaron mucho «de la vida, los padres, México, el quehacer teatral, el arte... Y de todo eso nace la obra» Cada vez nos despedimos mejor, que llega ahora a las Naves del Español (Matadero), solo dos días después de otro título centrado en las despedidas que ocupa la sala pequeña del Español, Los nocturnos, de Irma Correa y Magüi Mira.

Visita el actor una tierra que, recuerda, fue «referente» en su infancia gracias a su padre, Alejandro Luna Ledesma, hombre de teatro que cruzó varias veces el Atlántico para trabajar por estas tierras y culpable de la ocupación de su hijo. Ahora, la historia de Luna y Ricaño también la vivió el progenitor, aunque se cuenta con la mirada de los dos cuarentones; eso sí, se detiene, «convertida en universal»: «Es bonito ver cómo algo específico ha terminado con una constante que resulta familiar para todos, que es que nadie nos enseña a decir adiós –confiesa Luna–. Estamos llenos de despedidas inconclusas».

Mateo y Sara se ponen en el centro de una historia interpretada por el actor mexicano en su primer monólogo («quitando contadas excepciones de “stand up comedy” de 10-15 minutos de cuando era joven», apunta). Una trama de amor de dos personajes que nacen el mismo día, a la misma hora y en el mismo hospital. Ella es una mujer siempre en el lugar correcto e involucrada en las cuestiones humanas; él, un hombre más distraído que solo tiene compromiso con ella. «A partir de ahí, la pareja trata de encontrar la manera de estar juntos a lo largo de 40 años» que sirven para asomarse a los acontecimientos que han marcado el México de las últimas décadas: del terremoto de 1985 a las elecciones de 2012 que supusieron la vuelta del PRI de Peña Nieto al poder. Entre medias, el «fraude», define Luna, de los comicios del 88, la violencia desbordada de 1994 o la salida del PRI tras 70 años gobernando. «Situaciones en las que estuvimos todos los mexicanos, pero que no las vivimos igual, que es lo que hace interesante la vida de los dos personajes. Es importante que hablemos de nuestro pasado para disfrutar más del presente», comenta de una función con humor e irreverente «para sacudirnos la solemnidad».

El actor mexicano debuta en los monólogos
El actor mexicano debuta en los monólogos FOTO: LR

«Hacemos una radiografía del país en el que crecimos. Entiendo que después del terremoto del 85 mi generación vivió un despertar, pero la reflexión a la que se llega es que nunca salimos de la espiral. Cuando menos te lo esperas, estás en el punto en el que arrancaste. Fuimos testigos de muchos momentos que parecían estar a punto de traer un cambio profundo, pero siempre se disolvían. Tropezamos una y otra vez con la misma piedra». Reflexiones muy personales y con un poso biográfico que traspasan el marco autorreferencial, explica el actor: «Si no lográsemos salir del “nosotros” la obra solo la querrían ver mis primos», bromea Luna. «Están los temas que nos preocupan a Alejandro y a mí, como la ausencia de la figura materna, clasismo, racismo, compromiso social o las cosas que nos queremos sacudir de encima, pero tratamos que no sean demasiado predecibles. Tenemos la honestidad de hablar de sentimientos y de errores. Si solo entrase al escenario para hablar de mí sería mejor que me pagase un psicólogo. El ir de lo personal a lo universal hace que el teatro sea útil y no se termine cuando se apagan las luces».

Después de unos días en España, a Luna le duele comprobar el uso político que se ha hecho de la relación entre los dos países, «no tiene nada que ver con la realidad. Siento una conexión profunda y el interés de vivir un intercambio más enriquecedor. Te das cuenta de que México ha mirado mucho al norte y España a Europa y se nos olvida todo lo que tenemos en común», cierra el actor.

  • Dónde: Naves del Español (Matadero), Madrid. Cuándo: del 25 de junio al 10 de julio. Cuánto: 20 euros.

OTRA JOYA LATINOAMERICANA: DYSTOPIA

Desde Argentina, aunque afincados en Francia, llega Poyo Rojo, una compañía bonaerense que hace más de diez años ya pasó por España con su pieza estrella, Poyo Rojo (más de 1.200 representaciones por todo el mundo), y que ahora repite con Dystopia (Matadero, hasta el 10 de julio). Un montaje que mezcla circo, danza y teatro y que combina la tecnología con el cuerpo y la palabra. Como norma, explican, «reírse de todo y todos» y «mostrar que se puede vivir con las diferencias que tenemos». Y, advierten, «sin caos no hay teatro».