Goya sobre fondo negro

El Teatro Fernán Gómez conmemora el 200 aniversario de las «Pinturas negras» del artista con una obra que aborda tanto su vida como el fracaso de la civilización.

De izda. a dcha., Inma Cuevas, Andrea Trepat y Alfonso Torregrosa, durante la representación de «Monsieur Goya, una indagación». Foto: David Ruiz
De izda. a dcha., Inma Cuevas, Andrea Trepat y Alfonso Torregrosa, durante la representación de «Monsieur Goya, una indagación». Foto: David Ruiz

El Teatro Fernán Gómez conmemora el 200 aniversario de las «Pinturas negras» del artista con una obra que aborda tanto su vida como el fracaso de la civilización.

En 1819, cinco años antes de exiliarse en Francia, Francisco de Goya se trasladaba a la finca conocida como la Quinta del Sordo, en el término madrileño de Carabanchel Bajo, y empezaba allí a pintar al óleo, directamente sobre las paredes de dos de sus estancias, las 14 obras que hoy conocemos con el nombre de «Pinturas negras». En ellas, el artista aragonés se muestra más innovador y arriesgado que nunca, huyendo de academicismos y dando una inusitada libertad a su pincel, que trata de plasmar, con una visceral energía, asuntos como la muerte, la noche, la vejez, la destrucción... Se cumplen 200 años del inicio de esa particular creación del genio de Fuendetodos y el Fernán Gómez ha querido conmemorarlo con una producción teatral titulada «Monsieur Goya, una indagación», que dirige Laura Ortega a partir de un texto encargado al dramaturgo José Sanchis Sinisterra y que cuenta con la participación del músico Suso Saiz, en la composición y diseño de todo el espacio sonoro, y del artista Daniel Canogar, en la que será su primera incursión teatral, como responsable de la videoescena.

A partir de un juego metateatral, en el que un autor «en apuros» se pregunta cómo se puede explicar a un personaje como Goya en una obra dramática, Sanchis Sinisterra ha reflexionado en el texto sobre la incertidumbre creativa, sobre la manipulación, quizá insalvable, de los mensajes que recibimos y que reproducimos y sobre cómo el artista puede comunicarse de verdad a través de su obra. «Ese autor, esa voz en off –explica la directora del montaje– sitúa la acción en Burdeos en 1824, y a partir de ahí va invocando a personajes y situaciones para esclarecer qué pudo pasar por la cabeza de Goya para pintar como pintó, con esa furia y en esas paredes, las «Pinturas negras». Sin embargo, como es habitual en las obras de Sanchis Sinisterra, el propio proceso de creación se termina convirtiendo en la propia materia sobre la que quiere terminar hablando. «Efectivamente, el gran protagonista de la obra es el propio proceso de dudas de ese autor sobre el personaje –confirma Ortega–. ¿Desde qué óptica hay que acercarse a él y a su historia?, ¿cómo hay que desarrollar esa historia?, ¿cómo la va a entender el público contemporáneo?... Todas esas preguntas son las que la función plantea». Unas preguntas que, en cualquier caso, surgen a partir de la indagación sobre unos hechos que son históricos, aunque sigan hoy envueltos en el misterio. «Son muchas las incógnitas que plantean las «Pinturas negras» transcurridos dos siglos desde que Goya comenzase a pintarlas –reconoce Ortega–. Las conjeturas sobre la relación entre la biografía del artista y las figuras de estos murales han ido multiplicándose, pero nuestra mirada tropieza con más preguntas que respuestas. ¿Qué quiso pintar Goya? Toda aproximación es forzosamente un intento ilusorio. Lo que el espectáculo trata de hacer es acercarnos su figura a través de imágenes, texturas, brochazos, viñetas». Según los expertos, los motivos que llevaron a Goya a realizar esta serie de pinturas pudieron estar relacionados con el llamado «fracaso de la razón» que se vivió a principios del XIX.

El destierro y no la Corte

Como ilustrado que era, el artista aragonés había puesto toda su ilusión en los logros que, durante el Siglo de las Luces, la razón parecía haber conseguido. La ciencia doblegaba a la superchería, el conocimiento objetivo se imponía a la religión y la luz, en definitiva, dominaba a las sombras. Sin embargo, la Revolución Francesa no trajo consigo la instauración definitiva de los ideales de igualdad, civilización y progreso en los que tantos ilustrados habían creído. De ahí que Goya terminase afirmando, en el título de uno de sus aguafuertes de la serie de los «Caprichos», que «El sueño de la razón produce monstruos». Y es todo ese fracaso de la civilización el que también aborda esta obra, tratando para ello de establecer algunas conexiones con el presente. «Hay líneas de pensamiento muy claras en el texto –afirma Ortega–. Una de ellas es el exilio; Sanchis sostiene que somos el primer país productor de exiliados del mundo, y por eso elige a un Goya en el destierro y no en la Corte. Otra está relacionada con la creación, la metateatralidad y la obsolescencia artística. Y otra tiene que ver con la guerra y con el fracaso del Trienio liberal y del pueblo soberano, que está muy relacionada con lo que ocurrió en el 15M». Para hacer llegar todas esas líneas argumentales, la directora cuenta en el escenario con un elenco compuesto por Inma Cuevas, Alfonso Delgado, Font García, María Mota, Fernando Sainz de la Maza, Alfonso Torregrosa y Andrea Trepat, que dan vida a algún personaje inventado junto a otros relacionados con la biografía de Goya, entre ellos Leandro Fernández de Moratín. Sin embargo, no quieren desvelarnos los artífices del montaje, por aquello de no querer hacer «spoiler», si el propio Goya aparece o no como un personaje más en la función.