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«La función que sale mal»: Crímenes, puertas y malos actores

Autoría: Henry Lewis, Jonathan Sayer y Henry Shields. Dirección: Mark Bell, Sean Turner y David Ottone. Intérpretes: Héctor Carballo, Carla Postigo, Carlos de Austria, Alejandro Vera, Noelia Marló, César Camino, David Ávila. Teatro de La Latina, Madrid. Hasta el 1 de diciembre de 2019.

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Aunque solo cuatro espectadores compraron una localidad para ver «La función que sale mal» el día de su primer estreno en Londres, allá por 2012, la repercusión de la obra escrita por Henry Lewis, Jonathan Sayer y Henry Shields no ha parado de multiplicarse desde entonces ni un solo instante. Nada menos que ocho millones de personas han visto ya esta multipremiada comedia que se ha representado en los cinco continentes y que actualmente está en la cartelera de 33 países. Era comprensible, pues, la expectación que el estreno de una versión española había empezado a generar aquí desde hace unas semanas, no ya entre la crítica y la Prensa especializada, sino entre el público normal y corriente que paga su entrada en taquilla. De hecho, la primera representación hace dos noches se convirtió en un verdadero hervidero de gente cuyas carcajadas, incontenibles a veces, acompañaron a los actores desde el primer minuto hasta el último. Y no sorprende que así fuese, una vez que uno ha visto el producto; porque «La función que sale mal» es, básicamente, una comedia comercial bien hecha; una obra disparatada, técnica y escénicamente muy bien armada –con cuadros que se caen y puertas que no se abren–, que puede llegar a espectadores de todas las edades y condiciones. Menos original de lo que algunos piensan –Michael Frayn ya escribió una verdadera joya llamada «Noises off» de similar estilo y de muy superior complejidad dramatúrgica–, la obra se caracteriza por que en ella convergen con mucho acierto dos diferentes parodias: por un lado, la del género detectivesco al estilo de Agatha Christie, tan en boga en Gran Bretaña durante los años 20 y 30 del pasado siglo; por otro, la del propio mundo del teatro, que se concreta aquí en las penurias y desatinos de una compañía amateur. Así pues, el argumento de «La función que sale mal» puede resumirse como el intento de una compañía con pocos recursos y nulas aptitudes por poner en escena una obra clásica de crímenes y misterio. La verdadera gracia del espectáculo radica en ver a los actores tratando inútilmente de salvar las dificultades en las que ellos mismos se van metiendo torpemente sin solución de continuidad. La obra, por tanto, cifra todo su encanto en la vis cómica de los actores –hay que reconocer que el reparto está muy bien elegido– y en la prodigiosa destreza técnica del equipo y el elenco para sincronizar en la acción todos los golpes de efecto que emanan muchas veces de la propia escenografía.