«Si no te hubiese conocido»: Amor, último destino

Autor y director: Sergi Belbel. Intérpretes: Unax Ugalde, Marta Hazas, Óscar Jarque y Ana Cerdeiriña. Teatro Valle-Inclán (Sala Francisco Nieva). Madrid. Hasta el 6 de mayo.

Después de mucho tiempo sin estrenar en Madrid una obra de creación propia, reaparece Sergi Belbel autor, dirigido por sí mismo, en esta comedia romántica cuya trama, que recuerda en algunos aspectos a la aplaudida «Constelaciones» de Nick Payne, juega con la teoría de los universos o realidades paralelas. La relación de Eduardo (Ugalde) y Elisa (Hazas) se ve fatalmente truncada por la trágica muerte de ella y de los hijos de ambos en un accidente de tráfico. A partir de aquí, el espectador va conociendo, en un viaje hacia el pasado de los protagonistas, algunas de las múltiples posibilidades de vida que podrían haber tenido en función de las decisiones que tomaran en determinadas situaciones. Lo curioso en el texto es que todas esas opciones terminan siempre con el feliz encuentro entre Eduardo y Elisa, y con el inicio de su romance. Y, precisamente, lo mejor de la obra es cómo están ordenadas esas distintas opciones; cómo unas se van convirtiendo en admisibles alternativas de las otras, y cómo toda la estructura facilita la comprensión lógica de la historia. Sin embargo, los diálogos que van vistiendo ese sólido armazón dramatúrgico suenan en boca de los personajes poco creíbles. Hay demasiado texto en situaciones que se presuponen espontáneas y desenvueltas; demasiada explicación o demasiada «impostura» verbal que hacen que la función pierda frescura y verosimilitud. El artificio llega a ser mayúsculo en la concepción de una escena en la que Eduardo, convertido en paciente, aborda a Elisa, su doctora en esa «realidad alternativa», y la somete a un juego adivinatorio y memorístico que nadie se crearía en semejante tesitura. Pero lo que menos ayuda a dar credibilidad y hondura a la función son las interpretaciones: ni Unax Ugalde ni Marta Hazas logran exhibir un abanico de registros para camuflar con pulsión dramática, vis cómica o garra emocional sus literaturizados parlamentos.