Un Wagner exento de espiritualidad

«Parsifal». De Wagner. Voces: Matthias Goerne, Victor von Halem, Kwangchul Youn, Johannes Martin Kränzle, Anna Larsson, Simon O'Neill. Pequeños Cantores de la Jorcam, Batlhassar-Neumann-Chor y Ensemble. Director musical: Thomas Helgenbrock. 29-I-2013. Teatro Real, Madrid.

Youn en «Parsifal»
Youn en «Parsifal»

En estos tiempos críticos los teatros abaratan costes brindando óperas en versión de concierto, con lo que se les priva de uno de sus elementos esenciales. Esta interpretación de «Parsifal» no nos ha conmovido, aun aceptando que Helgenbrock es un director musical paciente, ordenado y juicioso. Pero a la postre su labor, que parte de un gesto sin batuta, de brazos abiertos, nada sugerente, nos ha parecido un tanto anodina, exenta de contrastes y de grandeza mística, de espiritualidad. Algunos pasajes denotaron falta de trabajo fino, sobre todo en el tercer acto y, particularmente, en los «Encantos de Viernes Santo» y toda la escena final, donde los planos se confundieron y no se logró la limpidez y el aura necesarias en la progresión dramática.

Determinados pasajes aparecieron suturados y en la secuencia de las muchachas flor faltó el tan definitorio ba- lanceo sensual. Hay que decir que no nos enfrentábamos a un espectro acústico al uso, ya que la Orquesta Balthassar- Neumann viene constituida por instrumentos similares a los de 1882, lo que arroja una pátina diferente. La imagen es más seca, los metales, más opacos, y las cuerdas menos satinadas. Interesante el toque casi pictórico de las maderas. La pirámide armónica no posee de este modo el relieve adecuado y la propuesta se queda algo anclada en la tierra. De todas formas, el equipo vocal tuvo un nivel más que digno. Por encima de todos, el bajo coreano Kwangchul Youn, matizado, sensible, pleno en los forte, delicado en los pianos, aquejado, eso sí, por un vibrato bastante acusado. Goerne, más engolado y áfono, hizo un Amfortas sufriente y concentrado, pero muy esforzado en los agudos. O'Neill, de timbre claro y nada bello, estuvo seguro y eficiente como Parsifal. Anna Larsson, sustituta improvisada de Angela Denoke, fue una Kundry demasiado oscura y no se sabía del todo su parte. Sonoro y homogéneo, el Klingsor de Kränzl y algo temblón el Titurel de Von Halem. Cumplieron con decoro las muchachas flor, los escuderos y los caballeros del Grial, todos menos los infantes miembros de un coro poco potente y desigual. Bien los niños de la Jorcam.