Tiger I, el rey de los tanques

En 1942 irrumpió en los campos de batalla de la Segunda Guerra Mundial el que probablemente sea el tanque más famoso de la historia

Dotación de un Tiger I del 502º Schwere Panzer Abteilung, Rusia
Dotación de un Tiger I del 502º Schwere Panzer Abteilung, Rusia

Es poco probable que los veinte hombres que montaron en sus Tiger el 29 de agosto de 1942, y los condujeron hacia el enemigo entre los pantanos al sudeste de Leningrado, fueran conscientes de que estaban siendo los protagonistas de un momento clave de la guerra.

Es poco probable que los veinte hombres que montaron en sus Tiger el 29 de agosto de 1942, y los condujeron hacia el enemigo entre los pantanos al sudeste de Leningrado, fueran conscientes de que estaban siendo los protagonistas de un momento clave de la guerra, la entrada en combate de un monstruo blindado que se convertiría en leyenda, aunque sí fueran conscientes de que se trataba de un carro poderoso, con un blindaje a prueba de casi cualquier tipo de proyectil y con un cañón de 88 mm que ya había logrado fama como destructor de tanques. A pesar de todo, al final de la jornada hubo cierta decepción, pues de los cuatro vehículos que fueron hacia el combate atres se averiaron, antes de llegar al frente. Pero había dos buenas noticias: el que quedaba había demostrado ser indestructible para el enemigo, y los blindados averiados fueron recuperados.

En desarrollo desde antes de que se iniciara la guerra como Durchburchwagen, un carro destinado a romper el frente enemigo, este monstruo, que llegaría a pesar 57 t, entroncaba con la idea de entreguerras de carro de acompañamiento de infantería, un concepto que quedó obsoleto cuando las primeras ofensivas Blitzkrieg de las fuerzas acorazadas alemanas atravesaron las posiciones enemigas con pasmosa facilidad. La idea no recibiría nuevo impulso hasta la Operación Barbarroja, el inicio de la campaña rusa, y la aparición en las filas del Ejército Rojo de dos modelos de carro de combate inesperados: el T-34 y los tanques de la serie KV. Hacía falta un felino monstruoso para destruir aquellas bestias, y los diseñadores alemanes reanudaron los trabajos a partir del antiguo modelo de carro de ruptura para convertirlo en un destructor letal.

Retomaban así la carrera que había marcado la historia de los carros de combate: un cañón más potente debía ser neutralizado por un blindaje más efectivo, que a su vez implicaba más peso, lo que reducía la maniobrabilidad del vehículo. Esto se solucionaba con un motor más eficaz y con un cañón más efectivo que pudiera batir al contrario a mayor distancia. Dos fabricantes habían concurrido en el desarrollo: Henschel y Porsche. Sería el primero quien conseguiría el contrato gracias, precisamente, a la capacidad de maniobra de su prototipo.

Nuevas tácticas

Al primer combate de finales de agosto siguieron otros ataques, y poco a poco la decepción se convirtió en entusiasmo. El mecanismo de giro de la torreta era muy rápido, el sistema de puntería del cañón, excelente, y la posibilidad de destruir al enemigo a dos kilómetros de distancia, una maravilla. Los carristas tuvieron que aprender nuevas tácticas, ya no hacía falta pegarse a los T-34 para neutralizarlos, podían ser destruidos mucho antes de que se volvieran peligrosos. Y no solo los T-34. Cuatro meses después de estrenarse en el extremo norte del frente ruso en el seno del 502.º Schwere Panzer Abteilung («unidad de carros pesados»), los Tiger fueron enviados al otro extremo de la guerra, a Túnez, donde la presencia del 501.er Schwere Panzer Abteilung sirvió para evitar que las avanzadillas aliadas, desembarcadas en Argelia y Marruecos unos días antes, echaran al mar a las primeras unidades alemanas enviadas a asegurar la zona. Como en el este, en África el Tiger se enfrentó a enemigos peor acorazados y armados que sufrieron considerablemente. A modo de ejemplo podemos referirnos a lo sucedido el 14 de febrero de 1943 cuando seis Tiger, acompañados por nueve Panzer III, atravesaron el paso de Faid y destruyeron veinte Sherman de la 1.ª División Acorazada estadounidense sin sufrir una baja.

Ases de carros

Gracias a la solidez del Tiger ante el fuego enemigo las tripulaciones alemanas vieron aumentadas sus posibilidades de supervivencia, y aparecieron los «ases» de los Panzer. La idea, que tenía su origen en el concepto de as aéreo de la Primera Guerra Mundial, fue utilizada sobre todo por las SS y se popularizó en la posguerra de la mano de los autores anglosajones. Más allá del aspecto publicitario, o simplemente mitológico, hubo carristas que destacaron especialmente, ya fuera como tiradores o como jefes de carro. A Kurt Knispel, un simple cabo, se le adjudican 168 blindados enemigos, 126 de ellos como tirador; lo siguen de cerca soldados tan famosos como Otto Carius, Johannes Bölter o Michael Wittmann, a los que se adjudican, respectivamente, más de 150, 139 (tal vez 144) y 138 blindados enemigos destruidos. Todos combatieron a bordo del Tiger I. Es llamativo el modo en que la Historia ha tratado a unos y otros. Tal vez el más famoso, ya en vida, fuera Wittman, que recibió toda la cobertura mediática que podían desplegar las SS, a las que pertenecía, y que encontraría la muerte durante los combates por Normandía. De Knispel, también muerto en combate, se recuerda que era un hombre humilde que, a pesar de sus logros, jamás recibió la Cruz de Caballero de la Cruz de Hierro. Sí sobrevivieron los otros dos: Bölter, fallecido en 1987, y Carius, que lo sobrevivió hasta 2015. En este caso el más famoso es este último, sin duda gracias a la publicación de sus memorias.

Para saber más

«Panzer. Vol. 3 (1942)»

Desperta Ferro Especiales

Nº XX

84 páginas,

7,95 €