Triple celebración con Zubin Mehta

Obras de Pártos, Haydn y Berlioz. David Radzynski, Emanuele Silvestri, Christopher Bouwman, Daniel Mazaki. Orquesta Filarmónica de Israel. Director: Zubin Mehta. Auditorio Nacional. Madrid, 19-IX- 2019.

Zubin Mehta (Bombay, 1936), eterno director de la Orquesta Filarmónica de Israel desde hace 50 años, se despidió de ella en una gira que recaló en Madrid el jueves pasado dentro del ciclo de Ibermúsica. También eran sus 50 años de carrera. Mehta fue nombrado primero Asesor Musical de la Orquesta Filarmónica de Israel en 1969, para pasar a ser su Director Musical en 1977. Desde 1981es su Director Musical vitalicio. A lo largo de estos 50 años han ofrecido juntos más de tres mil conciertos. La agrupación fue fundada en 1936 por el violinista Bronislaw Huberman, quien logró obtener los documentos de inmigración y la financiación para que 75 grandes músicos judíos viajaran a Palestina.

Ibermúsica también celebra 50 años de vida esta temporada, con una espléndida programación que incluye el regreso del maestro en abril con la Filarmónica de Viena. Han pasado tres años desde la última visita de Mehta, entonces con la Orquesta del Maggio Musical y entre una y otra visita una enfermedad muy seria, metástasis incluida, de la que se ha recuperado milagrosamente.

Todo ello hacía algo muy especial de este concierto y se notó desde la gran ovación de bienvenida que le dedicó el público que abarrotaba el Auditorio Nacional cuando subió al podio apoyándose en un bastón. Todos estábamos contentos de tenerle otra vez con nosotros haciendo música aunque Barcelona, con la «Tercera» de Mahler, tuvo más suerte que Madrid.

Abrió el concierto con una obra ligada a la orquesta, el «Concertino para cuerdas» de Ödon Pártos, quien fue primer viola de la orquesta, para cuya sección de cuerda se adaptó el cuarteto original. Un Bartok light. Prosiguió con la «Sinfonia concertante» de Haydn, partitura con cuatro solistas -fagot, oboe, violín y chelo) difíciles de conjugar y que en su tercer tiempo casi es más un concierto para violín.

Cerró la parte oficial una lectura buena, que no excepcional, de la «Fantástica» de Berlioz para recordar el 150 aniversario de su fallecimiento. Lo mejor de la velada llegaría con las dos propinas. Primero la obertura de «Bodas de Fígaro», quizá la ópera más perfecta de Mozart y que en cinco minutos –con perdón– reúne más música que la sinfonía de Berlioz. Fue una versión impoluta, a la que siguió una vibrante de «Bajo truenos y relámpagos» de Johann Strauss II, a la manera de Dudamel, con los metales en puestos en pie durante sus intervenciones. El delirio. Afortunadamente no ha de ser una despedida sino simplemente un hasta el mes de abril.