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Tutankamón: una restauración que devuelve el esplendor a su tumba

  • La tumba de Tutankamón ha recuperado en la restauración parte del atractivo que había perdido durante estos años de exposición al público
    La tumba de Tutankamón ha recuperado en la restauración parte del atractivo que había perdido durante estos años de exposición al público

Tiempo de lectura 2 min.

01 de febrero de 2019. 00:54h

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J. O..  1/2/2019

Las tumbas faraónicas acaparan lo más alto de ese extraño «hit parade» que es el turismo funerario, que, en el caso de Egipto, proviene de una extraña mezcla de intereses, desde el legítimo atractivo histórico hasta la admiración que despierta toda monumentalidad, la superstición habitual, la curiosidad de turno y la más vergonzante de las ignorancias y creencias, ovnis incluidos. Tuntakamón es el «hashtag» más conocido de la cultura egipcia desde que Howard Carter recuperara su nombre del limbo en el que descansaba y su máscara se convirtiera en un icono pop, anticipándose unas décadas al propio Andy Warhol, y se pusiera de moda en los cinco continentes. Desde entonces, ha adornado toda clase de cerámicas, platos, camisetas y postales, aparte de una amplia variedad de calendarios de logrado o dudoso diseño. El descubrimiento adquirió categoría de leyenda con la difusión de supuestas maldiciones y el fallecimiento precipitado de algunos arqueólogos que estuvieron por allí, lo que atrajo la atención de mucha Prensa, sensacionalista o no. Este anzuelo mediático ha convertido el Valle de los Reyes en una de Las Ramblas del turismo mundial, en clara disputa con la «Mona Lisa» del Louvre y otros tantos tópicos de nuestra globalización de cada día. Zahi Hawass, egiptólogo y presentador de grandes pelotazos arqueológicos, aunque algunos los lance sin aportar pruebas, presentó ayer la restauración de la tumba de Tutankamón. La iniciativa, que ha contado con el apoyo del Getty Conservation Intitute, pretendía devolver parte del esplendor a las pinturas, que iban ya apagándose como consecuencia del crecimiento de unos hongos y la afluencia de los visitantes, que es otra clase de plaga, pero que, en esta ocasión, no se puede controlar con fungicidas. El proyecto arrancó hace unos años y los trabajos se han hecho a la vista de los que acudían a la necrópolis en atestados autobuses buscando una porción del mito y la intención, imposible, de robar una fotografía. Ahora se ha recuperado parte de la vivacidad de los colores murales, pero ya se va hablando de poner algunas cuotas de público para frenar el deterioro, lo que la empareja a la cueva de Altamira, que para mantener vivo su patrimonio rupestre se apostó por un régimen de visitas controlado y derivar al resto a la réplica. Zahi Hawwass, que no debe ser un hombre con propensión a bromear, ha advertido que, con el ritmo actual de visitas turísticas, el Valle de los Reyes no dura otros 500 años. El problema es que el petróleo de Egipto son sus ruinas, el legado arqueológico, y nadie, hasta ahora, ha cerrado un pozo de crudo por cuestiones ecológicas.

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