Un «Parsifal» sin cojines, sin Merkel y a la carrera

El festival de Bayreuth, herencia del compositor Richard Wagner, tiene fama de ser un foco de controversia, y quizá este año se vea rodeado de más escándalos de los habituales. El 25 de julio, el certamen se inaugurará a la sombra de sustituciones de última hora, medidas de seguridad extremas, quejas de los asistentes y abandonos inesperados con motivos poco claros.

El primer disgusto para la responsable máxima del festival y biznieta del célebre compositor, Katharina Wagner, llegaría tres semanas antes de levantar el telón de la esperada cita operística. El músico designado para ser el director del estreno «Parsifal», Andris Nelsons, decidió tirar la batuta y dejar a la 105ª edición del festival sin responsable musical. «El ambiente de este año en Bayreuth no se ha desarrollado de una manera cómoda para ninguna de las dos partes», fue el motivo escuetamente esgrimido por el compositor letón para justificar su sorprendente abandono. A pesar de los intentos de Katharina Wagner por hacerle recapacitar, su retirada no tuvo marcha atrás. Le reemplazará el alemán Hartmut Haenchen, un curtido wagneriano que, sin embargo, apenas ha tenido tiempo de ensayar antes de la apertura y ha advertido a los espectadores de que «no esperen milagros» en el «Parsifal» que este año sonará en la «verde colina».

El abandono de Nelsons, quien ya había dirigido con gran éxito de 2010 a 2014 la puesta en escena de «Lohengrin» , ha desatado todo un abanico de especulaciones. Las tensiones constantes con el director musical de Bayreuth, Christian Thielmann, parecen ser una de las razones principales que le han llevado a no querer figurar en la lista del festival wagneriano de este año, aunque fuentes internas atribuyen su huida a las referencias islámicas que Uwe Eric Laufenberg, el director escénico, podría haber introducido en la producción de «Parsifal». Estos rumores han sido desmentidos repetidamente por el propio regista.

Tampoco este último, el reconocido director artístico de la Ópera Estatal de Hesse, ocupó el número uno en la lista de elegidos para conducir el festival dedicado a Wagner de este año. La dirección pensó primero en el artista iconoclasta y expresionista Jonathan Meese, pero acabó retirando la invitación porque el concepto del también pintor y escultor suponía unos gastos demasiado elevados.

Laufenberg fue el director al que se le encomendó esta misión, a pesar de que los estilos de ambos no pueden ser más diferentes. El proyecto de Laufenberg estuvo rodeado de polémica, pues había anunciado que su versión trataría sobre los conflictos armados provocados por la religión, un tema delicado de gran actualidad. En seguida fue visto como una crítica al islam. «El segundo acto puede hacer pensar en el islam, sin embargo no habla sobre esta religión, sino que se basa en el cristianismo», se defendió. No es la primera vez que Laufenberg trabaja en la producción dramática «Parsifal», una de las más grandes de Wagner. Ya lo hizo en la Ópera de Colonia, con un concepto similar, pero con una escenografía y diseño del vestuario diferentes. La disputa con el responsable de esta ópera hizo que su proyecto no viera la luz. «Afortunadamente, Katharina Wagner sabía de mi trabajo pasado y, después de que Meese se fuera, me llamó y me lo propuso», dijo el director artístico.

Cinco días antes del estreno, tiene lugar una nueva retirada, la que quizá más indignación ha causado a parte de los asistentes. La americana Jennifer Ann Wilson, que iba a ser la voz de Sieglinde en «La Valquiria», anuncia su abandono forzado. Rompiendo la tendencia general de cantantes que se retiran del festival sin entrar en muchas explicaciones, Wilson publicó una extensa carta en la que cuenta que la obligaron a retirarse a última hora porque su voz no le iba bien al personaje de Sieglinde. «El sábado me dijeron que no tenían nada que reprocharme en cuanto a mi voz, mi preparación y mis cualidades musicales, pero que consideraban que era más adecuada para interpretar a Brunnhilde que a Sieglinde», se explica la soprano en un texto lleno de frustración. «Todavía espero cantar algún día en la verde colina», son las últimas palabras de un texto que ha causado gran enfado entre sus seguidores. Wilson sera sustituida por su compatriota Heidi Melton.

Con el agua al cuello

La ola de temor a los ataques terroristas parece haber llegado también al escenario mágico de Wagner. Este año, en el teatro Festspielhaus, se llevan a cabo extremas medidas de seguridad, lo que ha causado protestas de compositores e intérpretes en los días de los ensayos. Por primera vez en la historia, el Festspielhaus está cercado. También los asistentes de la cita anual wagneriana, algunos de los cuales compraron sus entradas hace 13 años, se ven afectados por estas molestias. Este año, las reglas en Bayreuth son severas: no se permitirá el acceso al teatro con bolsos grandes, mochilas, botellas o cojines. Además, si quieren asegurarse de que llegarán a tiempo a ver la obra, deben personarse en el teatro al menos 45 minutos antes del comienzo y no podrán acceder por la principal avenida para subir a la colina. «¿Cómo puede una persona mayor estar sentada durante 15 horas en duros asientos de madera y no poder si quiera llevar un cojín?», escribe Derek Williams, un miembro de la Sociedad Wagneriana de Escocia, en una misiva dirigida personalmente a Katherina Wagner.

El Festival de Bayreuth de música clásica es un certamen dedicado por entero a la obra de Richard Wagner y se celebra desde 1876 en el teatro construido por el mismo compositor sobre la «verde colina». Es una de las grandes citas de la alta sociedad alemana y uno de los eventos más esperados a nivel internacional. Algunas representaciones tienen una lista de espera de 13 o 14 años. En todos sus años de historia, el Festspielhaus nunca ha visto ni un solo asiento vacío.

Este año se estrenará el 25 de julio con el drama musical «Parsifal» y se extenderá hasta el 28 de agosto, cuando los asistentes podrán disfrutar de obras como «El anillo» o «Tristán e Isolda». Faltará a la cita una de sus más fieles asistentes: Angela Merkel, que suele acudir cada año acompañada de su marido. Según la Prensa local, el motivo no está ligado con la seguridad, sino que la canciller no acudirá por razones de programación.