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Verdadera vergüenza como espectador

  • Verdadera vergüenza como espectador
San Sebastián.

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18 de septiembre de 2016. 00:34h

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San Sebastián. 18/9/2016

Como sesión especial, dentro de los premios Donostia –Ethan Hawke– tuvimos que sufrir la versión catastrófica de «Los siete magníficos», perpetrada por Antoine Fuqua. Este señor ya se cargó tranquilamente al rey Arturo, a Merlín, a Ginebra, a Lanzarote y al resto del mundo en aquel engendro titulado «Rey Arturo». Esta vez va contra los famosos siete magníficos, con el ligero cambio de incluir en el reparto como protagonista a Denzel Washington, metiendo a un indio comanche, a un chino, e incluso a una mujer, con lo que acaban siendo ocho. «Los siete magníficos», de John Sturges, en los títulos de crédito podemos leer que han comprado los derechos de la película «Los siete samuráis», de Kurosawa. Algo legal. En esta ocasión, no consta compra alguna, pero hay frases textuales idénticas a la citada versión de Sturges, y algunos personajes calcados. Todo es una ensalada de tiros, una historia ligeramente cambiada dado que si en las anteriores hay un bandido que roba comida por hambre, aquí hay un millonario explotando una mina de oro. Hay que señalar también que algunos de nosotros conocimos primero la versión de Sturges que la de Kurosawa. Y es

obligado añadir que la música de James Horner es la última que hizo antes de morir. El señor Fuqua en los títulos de salida ¡mete la mítica música de Elmer Bernstein!

La sección oficial a concurso nos ha traído la película china «No soy Madame Bovary», de Xiaogang Feng, a quien cierto sector de la crítica considera un genio, incluso fue premiado en el famosísimo festival de El Cairo. Aquí la historia tiene mucho de kafkiano: una mujer planea con su marido un falso divorcio con el fin de obtener ventajas materiales. Pero el marido aprovecha para casarse con otra, por lo que la mujer entra durante diez años en una espiral de denuncias a todos los que no reconocían la falsedad del divorcio. El problema de este autor, aparte de carecer de medida del tiempo, reside en que toda la película la vemos dentro de un círculo en la pantalla. ¿Habrá pensado que en las televisiones, supongo que sólo las chinas, en un aparato pequeño no se erá nada de nada? Aparte, este prestigioso autor se saca de la manga uno de los finales más bobos de todos los tiempos. También a concurso, vamos a por lo decente: «El hombre de las mil caras», de Alberto Rodríguez, un interesante «thriller» que nos cuenta detalladamente todo aquel tema escandaloso de Paesa, menos conocido que Roldán, partícipe en toda aquella golfada. Eduard Fernández, francamente bien como de costumbre, capitanea un reparto y una ambientación (reconstrucción de una época) muy logrados. Tal vez, sea más interesante para aquellos que vivimos a través de los medios (prensa y televisión) toda aquella historia y sus repercusiones.

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