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Warhol tiene tomate

  • El artista Andy Warhol come una hamburguesa en el vídeo de 1982 utilizado por una empresa de comida rápida en su anuncio millonario para la Super Bowl. Foto: Burguer king vía AP
    El artista Andy Warhol come una hamburguesa en el vídeo de 1982 utilizado por una empresa de comida rápida en su anuncio millonario para la Super Bowl. Foto: Burguer king vía AP

Tiempo de lectura 2 min.

05 de febrero de 2019. 01:36h

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Gonzalo Núñez.  5/2/2019

Más que como artista, a Andy Warhol habría que venerarlo en calidad de sociólogo. Supo leer como nadie (como solo un hijo de emigrantes eslovaco podía hacer) el signo de los tiempos, la voz interior de América y los entresijos psicológico-psiquiátricos del capitalismo moderno. Sus «quince minutos de gloria», aunque referidos a la TV, son más aplicables incluso a estos días del «clickbait» en que cualquier prenda (con palillo en la boca, por ejemplo) acapara portadas web. Otro signo de su sagacidad es el descubrimiento del casticismo de las élites norteamericanas: «Lo bueno de este país es que América comenzó una tradición donde los consumidores ricos compran, esencialmente, las mismas cosas que los más pobres». A los magnates les gusta pontificar sobre su extracción popular, el famoso mito del leñador convertido en presidente. De ahí que Donald Trump encargara recientemente 300 hamburguesas con destino a la Casa Blanca para agasajar a un grupo de deportistas. Del mismo modo, ese casticismo de las élites alimenta el «sueño americano» entre las clases populares: si Marylin llegó hasta ahí, si Trump come lo mismo que yo... A ese juego psicológico de espejos se han sumado muy oportunamente Burguer King en su regreso a la Superbowl 12 años después con un anuncio en el espacio más caro de la televisión norteamericana. La compañía hamburguesera ha desempolvado un vídeo de 4 minutos de una película del sueco Jorgen Leth titulada «66 escenas de America» (1982) en la que el padre del Pop Art se merienda muy serio un whopper (el producto estrella de la cadena) ante la cámara: primero mete la mano en la bolsa de papel, saca el bocadillo, agita el bote de tomate, se le escucha quejarse porque no cae nada, lo logra al final, levanta la hamburguesa y la emprende a bocados muy reconcentrado. «Una obra de arte casi silenciosa pero muy poderosa», resume la empresa. Marcelo Pascoa, el director de Marketin Global, añade un análisis sesudo al respecto: «Lo que amamos de Andy es lo que él representa como icono, lo que el Pop Art representa, la democratización del arte. Al igual que su arte, la hamburguesa whopper también es para todos los públicos. Es una invitación a todo el mundo para comer como Andy». Lo cual por supuesto, siguiendo la lógica del casticismo americano, te convierte ipso facto en un genio de la pintura. Por eso, la empresa lanzó junto al vídeo una campaña para que los norteamericanos se grabaran imitando el anuncio. Alega Burger King que esta iniciativa popularizará el nombre y la obra de Warhol entre las nuevas generaciones. Gracias. Lo que está claro es que Warhol, el mayor exhibicionista y de alguna manera el gran farsante del siglo XX, debe estar gozándoselo allá donde vayan los genios del arte cuando mueren.

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