Cultura

¿Y los libros de Salinger que no han visto la luz?

El escritor dejó varios textos que se deberían haber publicado entre 2015 y 2020 y que no han sido editados todavía. Sus herederos se oponen y guardan silencio

El escritor dejó varios textos que se deberían haber publicado entre 2015 y 2020 y que no han sido editados todavía. Sus herederos se oponen y guardan silencio.

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No cuesta imaginar que lo que sucede este año, cuando se celebra el nacimiento del escritor J. D. Salinger, horrorizaría a su protagonista, que odiaba todo tipo de aniversarios y cuyas leyenda y extravagancia no hicieron más que aumentar a medida que los estudios sobre su vida y obra se iban sucediendo hasta su muerte, en 2010, y póstumamente. Su corta obra narrativa publicada, aparte de su mítica novela «El guardián entre el centeno» –«Nueve cuentos», «Franny y Zooey» y «Levantad, carpinteros, la viga del tejado y Seymour: una introducción»–, a lo largo de los años 1951-1963, devino en una influencia inmensa para las generaciones siguientes; lo cual se extendió cuando surgieron ciertas informaciones sobre los textos que fue preparando –escribiendo para su propio placer, como reveló a un amigo– y que, en un principio, iban a ver la luz en breve.

Un cuarto fortificado

Sin embargo, aquellos cinco libros que estaban proyectados para que se publicaran entre 2015 y 2020 no tienen visos de aparecer por la negativa de los herederos y albaceas del escritor, su hijo Matthew y su tercera esposa, Colleen O’Neill. Al parecer, el autor dejó todo listo, indicándole a su hija Margaret el baúl en el que guardaba sus manuscritos en un cuarto fortificado y qué debía ser publicado tras su muerte. Se trataría de otra novela sobre los Caulfield, la familia de su libro superventas (se venden doscientos cincuenta mil ejemplares cada año de «The Catcher in the Rye», su título original), de cinco relatos sobre la familia Glass, que aparece en el resto de las obras mencionadas –y que se publicaron en la revista «The New Yorker» antes de que vieran la luz en formato de libro–, de una novela basada en su relación con su primera esposa, Sylvia, en forma de diario de un oficial de inteligencia durante la Segunda Guerra Mundial, además de una historia sobre el Vedanta, la filosofía hinduista que tanto le atrajo.

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Su última publicación, «Hap-worth 16, 1924», data de 1965, también con la familia Glass como centro del foco narrativo (una historia no traducida al español), pero según algunas fuentes, Salinger siguió escribiendo sin cesar, incluso el novelista canadiense Mordecai Rich-ler habló de que un vecino de la localidad donde vivió Salinger, Cornish, en New Hampshire, estaba frente a la máquina de escribir unas quince horas diarias. Lo hacía en una especie de bunker que ya antes había sido simbólico; en una de las pocas entrevistas que concedió al «New York Times», en 1974, con respecto a su personalidad esquiva, dijo que se limitaba a protegerse a sí mismo y su trabajo. De modo que muy probablemente le espantaría la exposición que se está preparando para este otoño en la New York Public Library, con manuscritos, cartas, libros y objetos de su archivo. Y lo mismo le hubiera pasado de saber que el año pasado se estrenaba «Rebelde en el centeno», película dirigida por Danny Strong basada en el libro «J. D. Salinger. Una vida ocul-ta» (Galaxia Gutenberg), de Kenneth Slawenski, en que se analizaba su rara personalidad.

Pero, ¿qué era de Salinger antes de ese impresionante debut; qué fue de él después? Hasta «El guardián entre el centeno», este hijo de comerciantes judíos se orientó hacia el ambiente militar, estudiando en la Academia de Valley Forge, en Pensilvania. Pero ya de muy joven hizo sus primeros pinitos en el relato corto, colaborando con diversas revistas neoyorquinas: en los 40 vieron la luz varios de sus cuentos e incluso un par de capítulos de lo que sería su inmortal novela. En su cabeza, crecía la historia que protagoniza el adolescente Holden Caulfield mientras, como voluntario, participaba en la Segunda Guerra Mundial, nada menos que en el desembarco de Normandía. Tras esta experiencia, contrajo matrimonio con una médica francesa, pero la unión no duró mucho, y luego probó suerte de nuevo en 1955 con otra mujer de la que divorciaría doce años más tarde. Sólo era el comienzo de una relación con el otro sexo difícil, como el caso que sufriría en 1972, cuando una chica de dieciocho subastó las cartas que Salinger le había escrito.

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Poco a poco, va desarrollando una personalidad contradictoria que busca en el budismo una calma que él mismo, por sus reacciones públicas, está lejos de hallar. Su personaje más famoso es en cierta medida como él, un inadaptado social: Caulfield constituye la representación del incomprendido, y más si cabe en su edad adolescente. Salinger parece él mismo un hombre de perpetua pubertad, hiperestésico, intratable incluso. Todo lo cual le lleva a decidir una especie de encerramiento propio. Abandona Manhattan y se traslada a New Hampshire; no desea publicar nada más, como si su éxito hubiera extremado su inadaptación. Y entonces va creciendo la leyenda: Salinger está desaparecido, quiere borrarse del mapa, escapa de los ojos curiosos, de los flashes, de los periodistas; una actitud que solo hace aumentar la curiosidad de la gente. Ni siquiera permite ilustraciones en las portadas de sus libros.