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Zagajewski, un poeta más de pescado que de cachopo

El Princesa de Asturias de las Letras habla de la inspiración y mantiene a rajatabla su lema de «hablar claro», que defendía en Mayo del 68.

El Princesa de Asturias de las Letras habla de la inspiración y mantiene a rajatabla su lema de «hablar claro», que defendía en Mayo del 68.

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Primera vez que Adam Zagajewski (Lwów, actual Ucrania, 1945) pisa Asturias y lo hace con un runrún «medieval», dice. Como buen poeta, todo lo que ve, escucha o siente lo tamiza para su propio disfrute. «Esto de Principado me suena tan bonito...». Comienza así su relación con una tierra que le ha obligado a sonrojarse: «Los escritores trabajamos en soledad, por lo que recibir un reconocimiento es una alegría, pero no es fácil. Te sacan de tu hábitat natural». No escribe poesía por norma, «sino en ocasiones. No se trata de un gesto activo, es más bien un regalo. Un impulso». El resto del tiempo lo mata entre ensayos o clases magistrales, «es lo que rellena mi estancia entre poema y poema». El premio Princesa de Asturias de las Letras se define «sentado en una estancia y rodeado de tranquilidad» para ser productivo. Algo que no está encontrando en Oviedo.

–¿Saldrá algún verso de todo esto?

–No lo sé. Me hacen trabajar mucho y diría que la poesía nace de no hacer nada, de la meditación controlada, de un paseo...

–Lo descartamos pues...

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–No, tampoco (risas). Quizá con algo de comida...

Por ahí seguro que le viene la inspiración, a pesar de no haber tocado todavía ni sidra ni cachopo: «Soy más de pescado, pero la sidra caerá», apunta el polaco. Lo que si tiene muy presente es «la hispanidad», dice. Ya de joven se abstraía con los libros de la Guerra Civil, a Machado le llama maestro y dice de Ortega que «es uno de mis filósofos favoritos». «Todo ello es parte de mi imaginación».

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Y en ésas, no pierde de vista la «situación compleja» de Cataluña, «donde tengo muchos amigos», incluido a su editor, de Acantilado. «Entiendo las emociones independentistas, pero cuando ha salido el tema les digo que me opongo a cualquier separación. Tenemos que respetar unos sentimientos patrióticos y nacionalistas que pueden ser hasta muy bonitos en su espíritu apasionado y romántico». Sin embargo, no obvia las connotaciones negativas, «que pueden acabar con Europa». Por ello invita a aprender del siglo XX, el cual nos ha hecho entender los nacionalismos como «incendios forestales, tan notables hoy en España». Para Zagajewski ambos fenómenos son iguales, lo destruyen todo. «Pueden empezar de una manera benigna y acabar de una manera terrible. Por eso –sentencia el poeta– estoy en contra, pero hay que dar con la manera de combinar una unión política y la diversidad cultural».

Sabe bien qué es eso de las rupturas y las distancias, de cuando miraba a Europa como si fuera de segunda clase: «Viví con el gobierno comunista en Polonia y veíamos hacia Europa occidental con envidia y respeto. Admirábamos y admiro la unificación». Pero sus tiempos de activismo –«del que nunca me arrepentiré»– pasaron, y reconoce que «no soy yo el que tiene que dar soluciones». Ahora es más contemplativo en sus textos, que no significa que calle. «Di la verdad» y «habla claro», defendía hace décadas como lemas de la Generación del 68. Ahora tiene sus dudas, «lo veo más complejo». Entonces tenían el comunismo y decir la verdad o hablar claro «era expresar la realidad», por poco que gustara al gobierno. «En la actualidad, sin tener que dejar de hacerlo, podría parecer mas fácil», aunque ve lo contrario.