Los libros de esta semana: salvaje oeste, amor intenso y una autobiografía de lectura perturbadora

Las propuestas de esta semana: una novela sobre el salvaje oeste, una sobre intensidad amorosa, un Stephen King con acento francés, una autobiografía de lectura perturbadora...

Las propuestas de esta semana: una novela sobre el salvaje oeste, una sobre intensidad amorosa, un Stephen King con acento francés, una autobiografía de lectura perturbadora...

Las propuestas de esta semana: una novela sobre el salvaje oeste, una sobre intensidad amorosa, un Stephen King con acento francés, una autobiografía de lectura perturbadora...

La pantera más salvaje del oeste; por Sagrario Fdez-Prieto

Como género de películas del lejano y salvaje oeste define el diccionario la palabra «wéstern» y si esta novela de Elizabeth Crook fuera llevada al cine por un buen director estaría sin duda nominada a los Oscar. «La encrucijada del roble» transcurre en Texas durante la Guerra de Secesión Americana y los años inmediatamente posteriores que dejaron a Norteamérica asolada, una época en la que sobrevivir entre hambrunas y viejos rencores era una tarea difícil. En una perdida granja entre las montañas de Texas una pantera hambrienta ataca en la madrugada a una familia de campesinos. La madre, una joven esclava liberada, muere intentando salvar a su hija, la pequeña Sam (Samantha), que quedará desfigurada por el ataque del animal ante la impotencia de su hermanastro Benjamin que no puede hacer nada para ayudarla. Sam vivirá a partir de ese momento con una idea fija: cazar a la pantera para vengar la muerte de su madre. La acompañará su hermano en el empeño y tendrán la ayuda de un carismático forajido llamado Pacheco y del predicador Dob, un buen hombre que posee un sabueso experto en el rastreo de panteras. Tras ellos irá un sádico criminal, Hanlin, que tiene cuentas pendientes con el predicador.

Una novela de cine

El comienzo de la novela resulta tan seductor como original. Benjamin, ya con 17 años, declara ante un juez encargado de investigar los crímenes cometidos durante la guerra. Éste le ordena escribir todo lo vivido en los últimos años y Benjamin relata muy bien en primera persona todos los hechos sucedidos porque, como le dice al magistrado: «he leído libros». Gracias a esas lecturas es el mismo Benjamin el que señala en sus cartas al juez que la obsesión de su hermana por la pantera es muy parecida a la del capitán Ahab con Moby Dick. Y mientras leemos lo que cuenta Benjamin no se puede dejar de pensar en un autor como Mark Twain y su «Huckleberry Finn», por el ingenio y el afilado humor que destila en su forma de expresarse.

Un personaje entrañable que narra con inteligencia la historia de una venganza, pero también una historia de amor y lealtad entre hermanos. Todo puede calificarse como salvaje en esta historia: los fenómenos naturales, los ataques de los indios, los rencores y las persecuciones. Elizabeth Crook ha creado una obra de arte que sumerge al lector en la América más primaria con un ritmo extraordinariamente ágil y unas descripciones tan vivas que, con seguridad, dejarán en el lector escenas perdurables. Qué gran película sería si encontrara un buen director.

sobre la autora

Elizabeth Crook (Texas, 1959) ha publicado cuatro novelas con las que ha ganado multitud premios en EE.UU

ideal para...

disfrutar de una novela ágil en la que resuenan ecos de grandes películas como «Valor de ley»

un defecto

Ninguno para quien esto escribe

una virtud

La caracterización de los personajes, Incluida la descripción de una pantera

Puntuación

10

«LA ENCRUCIJADA DEL ROBLE»

Elizabeth Crook

SIRUELA

296 páginas,

21,95 euros

Un Stephen King con acento francés; por Lluis Fernández

Maxime Chattam hace alarde de su capacidad para asustar y embrujar en «La señal»

¿Dónde termina el homenaje y comienza el plagio? Con la posmodernidad y el «apropiacionismo» se hace difícil delimitar las fronteras, sobre todo en la literatura popular, que repite las fórmulas exitosas hasta agotarlas. Utilizar recursos reconocibles de autores como Stephen King y H.P. Lovecraft es inevitable por formar parte del acerbo cultural. Rendir algún homenaje explícito o metafórico es entrar en el terreno de la metaficción. Pero, ¿no es la ficción en sí misma un metarrelato sin fin? El problema de «La señal», de Maxime Chattam, es la desmesura y la extensión de las referencias y autores que el novelista considera esenciales para componer su relato. La casa encantada, la pandilla de chicos exploradores que van de King a «Stranger Things», no digamos las tumbas indias, el wendigo, las brujas de Salem y la presencia monstruosa latente, las fuerzas ancestrales demoníacas y hasta el flujo electromagnético. Lugares comunes de King, pasando por Lovecraft y con toques posmodernos del revival de los 80.

Cierto, el horror gore no es patrimonio ni de King ni de Lovecraft, aunque sí de quienes han convertido en clichés las casas victorianas embrujadas, llos libros ocultos y el terror que infunden fuerzas infernales que se manifiestan sin atender a otra lógica que el placer del horror, que va apoderándose de la voluntad de los protagonistas. La novela gótica tiene una larga tradición, pero son justamente Poe, Lovecraft y King quienes la renovaron y convirtieron sus estilemas y referentes en nuevos estándares del espanto posmoderno. Quien como Chattam se pliega a ellos de forma rendida corre el peligro de abismarse de forma vicaria en el pastiche. Mientras unos lectores reconocen los trazos metaliterarios y se enfadan, otros solo intuyen sus gastadas resonancias y se desinteresan. Sin embargo, hay mucho de original y valioso en «La señal»: su capacidad para meter al lector en laberintos físicos y mentales y enfrentarlo a lo ominoso lovecraftiano con pericia. Chattam es un excelente escritor de suspense. Le gusta manipular al lector sin concesiones hasta producir miedo cerval. Cada capítulo, por trivial que sea, le agrega su punto de misterio o sospecha, no tanto con la futura promesa de que esa intriga encontrará en «La señal» su correlato perfecto, sino porque forma parte del estilo que le ha catapultado a la cima de los autores galos de intriga y misterio más vendidos de Francia.

Guiño a Du Maurier

Así, es escalofriante el capítulo de las hojas de afeitar asesinas atacando a una mujer en una bañera y la bandada de murciélagos suicidándose de golpe. Ambas remiten a Daphne du Maurier en «Los pájaros» y al mejor Boileau-Narcejac de «Las diabólicas», porque, además del miedo físico, les añade su particular poética del horror. Aquí reluce con potencia literaria el ingenio de Chattam, un excelente urdidor de tramas criminales y novelas de misterio, que cuando se olvida del pastiche o lo maneja con descaro brilla con luz propia.

sobre el autor

Chattam es el pseudónimo de Maxime Guy Sylvain Drouot, uno de los máximos exponentes europeos de la novela negra, de terror, histórica y de fantasía

ideal para...

lectores que les guste pasarse de rosca, meterse en vericuetos demenciales y gozar con un terror gore

un defecto

Su extensión desmesurada. Incluso Stephen King se equivoca, pero cuando acierta no importa que se exceda hasta las mil páginas

una virtud

La capacidad para llevar al lector con naturalidad por las escenas más horribles

puntuación

8

«La señal»

Maxime Chattam

ALFAGUARA

656 páginas,

21,90 euros

El actor que sigue dando miedo; por T. Montesinos

Quien más quien menos, ha tenido cerca un día alguna obra de Stephen King. Por lo común, gracias al cine, que tantas novelas suyas ha popularizado: desde «Carrie» (1976) hasta la reciente «Cementerio de animales». Así hasta una cuarentena de filmes que se han ido inspirando en una serie de fantasías mortíferas en las que una realidad tangible acababa bifurcándose en un horripilante desarrollo. Y parte de esa concepción literaria del género del horror King se la debió a un autor hasta entonces desconocido para nosotros y al que él admiró en su juventud, Thomas Tryon, que a su vez tuvo una andadura interesantísima y con cierto paralelismo cinematográfico. Con tan solo diecisiete años, Tryon se enroló en la Marina de Estados Unidos, en la que sirvió tres años, durante la Segunda Guerra Mundial, para más tarde graduarse en Bellas Artes en la Universidad de Yale y hacerse actor, llegando a trabajar a las órdenes de Otto Preminger y George Cukor. Es en el año 1969 cuando deja este mundillo y se dedica a crear historias de horror y de misterio, y su debut no puede ser más rotundo: «El otro», en 1971 (con traducción de Olalla García), se convierte en un superventas y Robert Mulligan lo lleva a la gran pantalla poco después.

La telepatía de la abuela

El argumento no podía ser más adecuado para una buena cinta de terror, para inspirar lo que King empezaría a desarrollar pocos años más tarde. Así, durante el verano de 1935, en un tranquilo pueblo de Nueva Inglaterra, se suceden unas cuantas muertes en el interior de una misma casa, desde aquella en la que el padre cae por unas escaleras, hasta la de un muchacho que queda ensartado en una horca en el granero, pese a que el jardinero asegure que guardó la herramienta en su sitio. Y, como fondo, unos protagonistas de lo más inquietantes: unos gemelos que, en realidad, presentan caracteres opuestos, lo que no impide que tengan una conexión especial que podría considerarse telepática a partir de un juego que les enseñó su abuela.

Por todo ello, a veces la narración tiene un tono de novela juvenil excesivo y se entra en materia terrorífica tal vez demasiado tarde, pero hay que dar tiempo a asimilar cómo esos niños de nueve años, Niles y Holland, llevan a cabo unas travesuras que contrastan con un horror reinante, latente. Con el aislamiento de la madre en su habitación del segundo piso, con la desaparición de un bebé y otros asuntos truculentos, caso del dedo cortado del padre en el que llevaba un anillo y que en la narración tiene un peso preponderante.

sobre el autor

Thomas Tryon fue actor y escritor de ciencia-ficción y terror; algunas de sus obras se adaptaron a la pantalla grande

ideal para...

reconocer a un autor notable en su primera traducción al español

defecto

La novela exige a un lector muy específico

una virtud

La sensación de intranquilidad que logra transmitir el autor

puntuación

8

« El otro»

Thomas Tryon

IMPEDIMENTA

368 páginas,

22,80 euros

¿Quién dijo que los suecos son fríos?; por Sagrario Fdez.-Prieto

Traducida directamente del sueco por primera vez se publica «El juego serio», una de las novelas de amor más populares de Suecia escrita por Hjalmar Söderberg (1869-1941) ,autor que alcanzó la fama con narraciones en las que recreaba la vida de Estocolmo a finales del siglo XIX y solía escandalizar a los sectores más puritanos de su país con sus descripciones de amores apasionados y relaciones adúlteras. La pasión domina también la historia de amor de Arvid, un joven redactor de un periódico que se enamora de Lydia pero no quiere casarse con ella por su falta de recursos económicos y para disfrutar de su juventud. Ella se casa con un hombre mayor y él, con el tiempo, con una mujer a la que no ama. Al cabo de unos años, Lydia se separa, se reencuentran y vuelve a encenderse entre ellos una pasión que en realidad nunca llegó a apagarse. Los avatares de esta historia van del realismo más cotidiano a las emociones que se expresan con el aliento del más puro romanticismo.

La intensidad amorosa brilla especialmente en momentos en que las circunstancias no permiten expresar los sentimientos, como el inolvidable y contenido encuentro en butacas continuas de la ópera o en un restaurante. Pero aun valorando como se merece la pasión y los problemas morales de los amantes, lo más interesante de esta obra es la descripción de una época y un lugar, la ciudad de Estocolmo, por la que pasea a pie el rey Óscar II, sus numerosas referencias culturales y sociales que pasan por Strindberg, Dostoievski, Beethoven o Chopin, el caso Dreyfus, la guerra ruso-japonesa, la guerra hispano-estadounidense y la eterna polémica de la unión entre Suecia y Noruega. Todo ello envuelto en una nieve que cae hermosa y lentamente en oposición a los tormentosos bandazos del destino que zarandea a los protagonistas.

«El juego serio»

Hjalmar Söderberg

Nórdica

263 páginas,

19 euros

Y, después de 3.600 páginas, llega el final; por Ángeles López

En su sexta y última entrega autobiográfica, Knausgård debate los aciertos de su vida

Lo escribí y solo puedo volver a repetirlo: no es el libro del año, tampoco de la década, sino que está llamado a ocupar un lugar privilegiado en la presente centuria. Quien dice libro, en el caso de la exuberancia verbal de Knausgård, dice hexalogía. Bajo el subversivo título global de «Mi lucha» se encuentra una de las mayores empresas novelísticas. Su lectura perturbadora, autoficcionaria, posee la abundancia creativa de una autenticidad casi dolorosa. Seis tomos generosos en reflexiones íntimas, escatológicas y psicopatológicas donde el autor no solo se busca sino que se cita con el lector. ¿Por qué leer una novela noruega de 3.600 páginas, en seis volúmenes, sobre un hombre que escribe una de 3.600 dividida en seis volúmenes? Porque es una epopeya íntima de la que no se sale ileso, porque no hay distancia entre el observador y lo observado, porque supone un proceso de inmersión catártico para quien lo escribe y porque hay comodidad en la universalidad de su maldad. ¿Cómo se logra tanto, y de manera convincente, a lo largo de semejante incontinencia calami? Es un enigma que no puedo descifrar.

En esta epopeya íntima se pretende describir con precisión la vida del autor y las personas que le rodean. Los libros del uno al cinco cubren la mayor parte de su existencia: desde la infancia, hasta la adolescencia, el alcoholismo y la muerte de su padre, la vida con sus hijos, la enfermedad de su segunda esposa y sus ambiciones artísticas, relatando con gran detalle incluso todo lo que se come. En esta sexta y última entrega –qué dolor que concluya–, la narración se abre en 2009. Knausgård está en el proceso de enviar el manuscrito a familiares y amigos y solicita su publicación. Lo que surge de esta correspondencia, sin embargo, pone en duda todo el proyecto. Se vuelve cada vez más claro que lo que se expresó en los libros anteriores como un recuerdo no es tal cosa. Si la «premisa» de su empresa se basa en describir la realidad, aquí las ambiciones del autor se ven socavadas. Se enreda en una crisis y, en última instancia, reconoce que todo «ha sido un experimento y fracasado».

Mentiras y medidas legales

La mayor parte consiste en una extraña digresión ensayística en la que el narrador analiza su fascinación por el nazismo, su relación con el proyecto, su interés por Stefan Zweig, Hölderlin, Joyce... Y de pronto, dos palabras en un mail: «Violación verbal». Es su tío Gunnar, que le acusa de haber escrito un libro lleno de mentiras bajo el influjo adoctrinador de su madre, y que anuncia medidas legales si las páginas ven la luz. «Fin» redobla esfuerzos para conseguir un cierre a la altura de «Mi lucha», amplificando las propiedades más relevantes del estilo knausgårdiano: libertad formal y expresiva, transparencia épica, urgencia con la cara lavada y capacidad para englobar todo lo que bulle y late en una vida. Tres años, a razón de veinte páginas diarias, le costó completar esta saga autobiográfica alejada de lo respetable para dejar constancia de la meteorología de la mente.

sobre el autor

Karl Ove Knausgård (1968) emprendió en 2009 un proyecto literario sin igual: su obra autobiográfica «Mi lucha», que está compuesta por seis novelas, la anterior publicada en 2011

ideal para...

disfrutar de una transparencia que deja su vida al aire

un defecto

La escritura es desigual en calidad. Muchas de las grandes ideas no son sofisticadas, pero compensan por el poder de atracción

una virtud

Está lleno de destellos de perspicacia y de visión crítica y lúcida que atrapan y

seducen al lector

Puntuación

10

«Fin. Mi lucha 6»

Karl Ove Knausgård

ANAGRAMA

1.024 páginas,

29,90 euros

La banda sonora del terrorismo; por J. Ferrer

El merecido éxito de crítica y público que obtuvo en fechas recientes la narrativa de Bernardo Atxaga y su consiguiente traducción de la lengua vasca al castellano, entre otros idiomas a los que se ha vertido, propiciará la aparición de una valiosa generación literaria. Escritores como Kirmen Uribe, Iban Zaldua y Unai Elorriaga representan una renovada mirada testimonial que no desdeña la conflictividad sentimental; ficciones donde personajes que evocan un cercano pasado violento o un enrarecido ambiente social conviven con sus frustraciones, reflexión histórica junto a una decantada deriva lírica, superando maniqueos postulados ideológicos. En esta línea, Harkaitz Cano (San Sebastián, 1975), que ya había dado muestras de su buen hacer narrativo con novelas como «El filo de la hierba» (2006), una ucronía en la que los nazis avanzan triunfantes hacia la conquista de los EEUU, y «Twist» (2013), relato de culpas y delaciones en el marco de la lucha armada, publica ahora «La voz del Faquir», una historia que se adentra en los límites del compromiso clandestino, los desencuentros de la memoria y la vigencia del idealismo.

La violencia ya no sirve

Ficcionando libremente la trayectoria biográfica del cantautor vasco Imanol, encontramos a su trasunto Imanol Lurgain –«el Faquir» de apodo militante– quien, durante el tardofranquismo y la Transición, desarrolla una carrera musical inicialmente vinculada a una ETA germinal y que irá avanzando en su compromiso político hacia posturas dialogantes y antiviolentas, con el consecuente costo personal y civil. La novela se abre y cierra con la conversación entre un técnico de sonido y un escritor durante la que surgirá la historia de aquel músico generoso y algo inconsciente, pacifista a su manera, amigo del cantante Paco Ibáñez y de quien aquí aparece como Lurdes Arakis, ficticia figuración de la ex militante etarra Yoyes, asesinada en la realidad por la propia banda terrorista. Este hecho es el que acelerará el viraje ideológico de Imanol, rumbo ahora hacia un rechazo de la violencia.

Todo ello aderezado con la influencia de la canción francesa de los años cincuenta y el carácter reivindicativo de la música popular, pasando por el cuestionado carácter icónico del cantautor. «...Pocas veces llega un solista a la altura de su canción más inspirada. Siempre irá a remolque de su mejor canción. Con el Faquir sucede lo mismo: sus canciones sienten y hacen sentir cosas que él no podría». Con agilidad narrativa, buena composición de los personajes y acertada descripción de ambientes se profundiza en decisivas opciones morales, sin olvidar un soterrado y tenso suspense.

sobre el autor

Poeta, novelista y traductor que combina en su literatura el testimonialismo civil con un lirismo psicológico

ideal para...

recorrer con el protagonista una trayectoria ideológica que va de la intransigencia a la tolerancia

un defecto

Ninguno destacable en una buena historia

una virtud

La certera meditación sobre la implicación social del arte

puntuación

9

«La voz del faquir»

Harkaitz Cano

SEIX BARRAL

392 páginas,

19,50 euros