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1-0. Inquieta el Sevilla

Un golazo de Banega de falta decidió un encuentro en el que lo lógico hubiese sido acumular más ventaja, pero en el que un adversario de cartón también tuvo sus oportunidades, y muy claras, y desnudó a una plantilla en construcción.

  • El centrocampista del Sevilla Aleix Vidal (i) trata de escapar de Serge Nyuiadzi, del Zalgiris Vilna / Efe
    El centrocampista del Sevilla Aleix Vidal (i) trata de escapar de Serge Nyuiadzi, del Zalgiris Vilna / Efe

Tiempo de lectura 4 min.

10 de agosto de 2018. 00:34h

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Lucas Haurie 10/8/2018

El Sevilla estará, más que posiblemente, en la última ronda previa de la Liga Europa. Por una sencilla razón: el Zalgiris de Vilna es una banda. Por lo demás, el equipo de Pablo Machín emitió señales harto inquietantes de cara a lo que se viene, que es una temporada plagada de curvas. Un golazo de Banega de falta, decidió un encuentro en el que lo lógico hubiese sido acumular más ventaja, porque ocasiones hubo para ello, pero en el que un adversario de cartón también tuvo sus oportunidades, y muy claras, y desnudó a una plantilla en construcción. O así debería estar porque si la versión definitiva se parece a esto...

Los bálticos llegaron con las manitas juntas al Sánchez Pizjuán, dispuestos a morir en el ara sacrificial. Montaron dos líneas de cuatro y aceptaron un millar de llegadas de un equipo que arrancó con ritmo al son de Banega. El argentino, pese a que contaba con algún enemigo declarado entre los hombres vestidos de blanco, como Nolito o Arana, movía los muñecos con solvencia y conectaba con Aleix Vidal, Amadou y Pejiño, lo poco potable que había a su alrededor. Tras unas cuantas llegadas peligrosas, sobre la media hora, acertó a colar un libre directo por toda la escuadra. Lo más difícil estaba hecho pero una hora de desesperación se cernía ante la incauta concurrencia.

Sostenido por un portentoso Bartkus, que evitó el 2-0 con varias paradas de mérito, el Zalgiris se animó a buscarle las cosquillas a la zaga local, a la que le reventaron las costuras en dos jugadas, una en cada parte, que reivindicaron a Vaclik como un acierto. El portero checo evitó el drama ganándole sendos manos a mano a Ogana y Antal, si bien los sustos bloquearon a un Sevilla que naufragó de ahí al final. Es tan débil todo el entramado que intenta construir Machín, que el soplido de un colibrí se lo lleva por delante. Además, la presencia en el campo de futbolistas que deberían haber salido del club meses, como Carriço o Ganso, acrecienta esa sensación de obra inacabada, o de mamotreto incomprensible al borde del derrumbe, que da el equipo y, por ende, el club.

La Supercopa del domingo en Tánger será el primer test serio para el Sevilla 18-19, y ya resulta triste que el equipo vaya a jugarse un título en tan precarias condiciones. La Liga se yergue a la vuelta de la esquina, sí, pero antes habrá que ir hasta la capital de Lituania para resolver lo que debió quedar resuelto en Nervión. Qué mala pinta tiene todo.

Ficha técnica:

Sevilla : Vaclik; Aleix Vidal, Berrocal, Gnagnon, Carriço, Arana; Nolito (Sarabia, min 74), Éver Banega (Ganso, min 74), Amadou, Pejiño (Muriel, min 59); y Ben Yedder.

Zalgiris: Bartkus; Baravykas, Mbodj, Tomic, Slijngard; Mikoliunas (Nyuiadzi, min 74), Manzorro (Simkus, min 77), Blagojevic, Simkovic; Antal (Filipov, min 89); y Ogana.

Gol: 1-0, min 34: Banega.

Árbitro: Bojan Pandzic (Suecia). Amonestó a los visitantes Mbodj y Simkovic.

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