18 Años, 218 jugadores y 17 entrenadores después

Han pasado dieciocho años desde que el Atlético de Antic derrotó al Albacete, y Gil y Gil se subió a lomos de «Imperioso», su majestuoso caballo, para celebrar el título en Neptuno

Han pasado dieciocho años desde que el Atlético de Antic derrotó al Albacete, y Gil y Gil se subió a lomos de «Imperioso», su majestuoso caballo, para celebrar el título en Neptuno. Llegaron otros títulos con Quique Sánchez Flores y Simeone, pero la Liga parecía un imposible porque en los últimos años el campeonato ha sido más bipolar que nunca, por no decir azulgrana. Desde que el Valencia voló sobre el nido de los dos grandes (2003-04) no había nadie que pudiera cambiar la historia. Pero ha llegado Simeone con su filosofía de partido a partido y ha obrado el milagro. Ha escrito una página gloriosa y nos ha dado en el cogote a los que pensábamos que el Atlético no iba a aguantar el tirón de una exigente competición, como es la Liga, y más cuando hay dos rivales de la talla del Barcelona y el Real Madrid, que le doblan en presupuesto.

La penúltima, la del 95-96, fue la explosión del Atlético de Gil y Gil, que tras varios proyectos fracasados por las prisas y la falta de un criterio deportivo, consiguió un histórico doblete con Radomir Antic en el banquillo. El técnico serbio, elegido por Enrique Cerezo, cambió la plantilla, fichó a Molina, trajo a Pantic desde Grecia y consiguió un equipo aguerrido, que jugaba muy bien y que tenía futbolistas de postín. Los Molina, Solozábal, Santi, Vizcaíno, Caminero y Kiko daban nivel a un bloque en el que la figura de Simeone emergía como líder en el centro del campo. El «Cholo» consigue su particular doblete como jugador y técnico.

El rival en aquel campeonato, en el que los goles eran cosa del búlgaro Penev, fue el Valencia de Luis Aragonés, que apretó hasta la última jornada en la que los rojiblancos necesitaban el triunfo ante el Albacete. Y lo consiguieron. Uno meses antes, los rojiblancos habían derrotado al Barcelona (cabezazo de Pantic) en la final de la Copa del Rey en Zaragoza. Y queda para el recuerdo el memorable partido del Camp Nou, con un espectacular triunfo y una imagen que aún perdura en la retina: el regate de Caminero a Miguel Ángel Nadal que propició el gol de Roberto Fresnedoso. El Barcelona acabó tercero y el Real Madrid, sexto. Cuatro puntos de ventaja sobre el Valencia, después de 26 triunfos, 9 empates y 7 derrotas.

En color fue también el octavo título. Y tiene firma. La de Luis Aragonés como entrenador, en la única Liga en su palmarés. La Liga era de dos puntos y el Atlético le sacó uno al Barcelona (46 por 45). En los rojiblancos, la pareja Pereira–Leivinha, dos brasileños excepcionales, marcaba la diferencia, pero el equipo contaba con jugadores como Marcelino, Leal, Bermejo y Rubén Cano. Precisamente, fue el hispano–argentino el que marcó en el Bernabéu el tanto del empate en el partido en que lograron el triunfo. Un 1-1 ante el eterno rival sirvió para que en la campaña 76-77 el Atlético tocase el cielo.

Cuatro años antes, con Merkel en el banquillo, había llegado la séptima. «Mister Látigo», así llamaban al técnico austriaco por sus métodos, consiguió un título al ganar en la última jornada al Deportivo, que descendió, en el Calderón. Allí estaban los Melo, Adelardo, Iglesias, Ufarte, Luis, Gárate, Irureta y Alberto para darle a la afición rojiblanca su primer título en el Calderón. Fue la antesala de la Copa de Europa, perdida ante el Bayern de Múnich en Bruselas y que estos días tanto se recuerda.

Con Marcel Domingo había llegado la sexta. Muchos atléticos, con su papá de la mano, acudían a ver a las huestes de Marcel Domingo, un francés, ex portero del club, y que logró en Sabadell, en la última jornada, darle una alegría a los rojiblancos. Marcaron Ufarte y Calleja. Marcel Domingo pasa a la historia como Luis y Simeone por su doblete, la faceta jugador–entrenador.

Una Liga en sepia fue la conseguida por el Atlético de Domingo Balmanya en Sarriá ante el Espanyol. Los goles de Ufarte y Griffa, en el primer título en tierras catalanas, dieron un campeonato en el que el Real Madrid fue el máximo rival. Al final, un punto separó en la tabla a los eternos rivales. Los otros cuatro títulos quedan en el recuerdo de los Helenio Herrera (dos títulos), Ricardo Zamora y el Atlético Aviación.