A rueda: Lorenzo y el mundo real

Este lunes no es un día más para Jorge Lorenzo. Desde hace unas horas, es un jubilado precoz, un joven de tan sólo 32 años cuya vida ha dado un vuelco tan brutal que tardará un tiempo en asimilarlo. Ya no habrá entrenamientos, ni viajes, ni ruedas de prensa, ni carreras. Tampoco ese agridulce sabor de la fama. A partir de hoy, Lorenzo podrá hacer, literalmente, lo que le dé la gana. Y eso hay que saber gestionarlo mentalmente. Sí, está claro que el sueño de muchos es dejar de trabajar lo antes posible con la luz pagada el resto de la vida, pero el caso de los deportistas de primer nivel es diferente. Dedican toda su niñez y juventud a un deporte y, de repente, cuando maduran y adquieren experiencia, cuando realmente cualquier persona exprime lo mejor de sí misma, ellos lo tienen que dejar porque el físico o la cabeza dicen basta. En ese momento, lo confiesan, el vacío que sigue a la retirada es enorme.

El día después

El teléfono deja de sonar, ya no hay artículos en la Prensa ensalzando o criticando tu momento de forma y la gente empieza a olvidar tu cara. En unos años, incluso, los más jóvenes no sabrán quién eres ni qué ganaste. En definitiva, pasas a ser un ciudadano más. Es ahí cuando el ya ex deportista tiene que saber rodearse de gente válida, buscar nuevos proyectos que le motiven y orientar su vida hacia ellos para dejar atrás un tipo de vida completamente diferente a la del resto. Porque cuando sus compañeros de colegio empezaban el instituto, Lorenzo ya se dedicaba a dar vueltas por el mundo a 200 kilómetros por hora. Sus amigos pasaron a ser sus mecánicos. Su objetivo vital, ser el más rápido en el asfalto. Ahora toca reiniciarse, llega el mundo real. Suerte, campeón.