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domingo 18 agosto 2019
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A Pello Bilbao le faltó chispa

  • Simon Yates se impone en la etapa por delante de Pello Bilbao y Mühlberger
    Simon Yates se impone en la etapa por delante de Pello Bilbao y Mühlberger /

    GUILLAUME HORCAJUELO / EFE FOTOS

Tiempo de lectura 4 min.

18 de julio de 2019. 22:00h

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Ainara Hernando.  18/7/2019

Bastante cabreo tiene ya encima Pello Bilbao cuando, a 150 metros de la llegada de Bagneres de Bigorre, en la última y decisiva curva, coge la rueda de Simon Yates y ya nota que le cuesta, piernas a punto de estallar en mil pedazos, sigue la estela y esprinta como puede, casi por momentos parece que va a rebasarle pero no, imposible. Bastante cabreo tiene ya el vizcaíno de Forua de haberse visto tan cerca del sueño, tan con la miel en los labios sin saborearla, como para que, nada más cruzar la meta Gregor Mühlberger se le acerque, histérico, gritando como un poseso recriminándole que en el esprint a tres que acaban de perder los dos frente al ganador de la última Vuelta a España, el del Astana le ha cerrado y le ha impedido disputar el final.

Le sigue gritando mientras Pello mantiene la calma y el saber estar. Su educación siempre tan correcto, aunque aún tiene el corazón revolucionado y los vatios por las nubes, le impide ponerse a su altura y, tirando de su caballerosidad acaba estando aún por encima. Delante, periodistas, micrófonos y cámaras que recogen el momento. Lo histriónico del «loco» de Mühlberger frente a él. Cuando coge una bocanada de aire el del Bora-Hansgrohe, Pello aprovecha, le mira y se lo suelta: «Que sea la última vez que me gritas, primero hay que tener un poco de categoría y luego aprender a perder».

De clase y categoría, Pello va sobrado y se lo demuestra a todos así, en una meta en la que acaba de ser derrotado. Fue lo mejor de una etapa agria y aburrida hasta límites insospechados. La primera de los Pirineos, con el bello Peyresourde y el salvaje Hourquette d’Ancizan en la que todos los favoritos decidieron sacar la calculadora y echar cuentas, para la crono de 27 kilómetros que espera en Pau, el final en el Tourmalet del sábado y la llegada a Foix del domingo. Mucha montaña que escalar aún. Pero la primera batalla, completamente desaprovechada.

Visto el desfile festivo en el que se convirtió la carrera atrás, con el Deceuninck de Julian Alaphilippe tirando por compromiso y el Ineos de Thomas y Bernal haciéndolo después para controlar posibles ataques revolucionarios, lo interesante estuvo delante. En una fuga de cuarenta corredores donde Iván García Cortina, Imanol Erviti y el propio Bilbao pusieron la nota española; se formó antes del primer puerto y pronto tomó la ventaja que anunciaba un día para la siesta. Otro.

Lo que tenía que pasar sucedió delante. Y pasó que en el último puerto antes del descenso hasta Bagneres de Bigorre, aceleró Simon Yates cuando su compañero Trentin iba destacado y arrastró con él a Mühlberger. Ese no le preocupaba mucho. Pero cuando echó la vista atrás en las interminables rampas del Hourquette d’Ancizan vio cómo se acercaba Pello y entonces volvió a cambiar el ritmo.

En la bajada, el bravo vasco se enganchó a la etapa. Pero había gastado ya tanto que acabó pagándolo en la llegada. «Iba ya un poco con el gancho, he tenido que sufrir mucho para cogerles» , se lamentaba. «Porque no se presentan muchas ocasiones así. Me ha faltado la chispa», continuó. De esa también faltó detrás ante la falta de ataques y movimientos de todos esos corredores que están llamados a comenzar más pronto que tarde su remontada para intentar ganar el Tour. Hoy, a todos les espera la dura prueba de la contrarreloj de Pau. 27 quebrados y muy exigentes kilómetros ideales para que Geraint Thomas siga distanciándoles un poco más. Y se lamenten de haber perdido una ocasión como la de ayer.

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