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Adiós a una mujer que se reinventó mil veces, pionera, primera medallista española de la historia

  • Blanca Fernández Ochoa ganó el bronce en los Juegos de Albertville 1992
    Blanca Fernández Ochoa ganó el bronce en los Juegos de Albertville 1992 /

    Reuters

Tiempo de lectura 4 min.

04 de septiembre de 2019. 15:06h

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Francisco Martínez.  4/9/2019

Los peores presagios se hicieron realidad. El cuerpo de Blanca Fernández Ochoa apareció en el Pico de la Peñota, un lugar no especialmente escarpado y que no requiere de conocimientos técnicos, según los expertos. Tenía 56 años y era una persona llena de vitalidad que siempre tenía una sonrisa por delante. Ahora sólo queda lamentar la muerte de una mujer muy querida, entre los que la conocían y entre los que no, como demuestra la gran cantidad de voluntarios que han acudido a Cercedilla de forma desinteresada para ayudar en su búsqueda. Han sido cuatro días (llevaba doce desaparecida) de rastrear bosques, montañas y pantanos, por tierra y aire, con personas, perros, helicópteros... El monte que tanto amaba Blanca se la terminó llevando de forma cruel.

Ella ya no está, pero su hazaña queda para siempre. El año 1992 fue el de los Juegos Olímpicos de Barcelona 92, el momento del despegue definitivo del deporte español que ahora tantos éxitos cosecha. Hasta ese momento en la mayoría de especialidades se hablaba de pioneros. Uno de ellos fue Paquito Fernández Ochoa con el oro en Sapporo 1972 y del que su hermana Blanca se enteró, en Cercedilla, donde vivía, aunque había nacido en Carabanchel, por los gritos que daban los vecinos y sus padres, pues la prueba era de madrugada por el cambio horario con Japón. Eran otros tiempos. Y un oro español en esquí era algo totalmente impensable. Casi un imposible. Esa medalla marcó en parte la vida de Blanca porque buscando otra campeona en los genes de la familia la mandaron a Viella, en los Pirineos, en un internado en el que tenía que estudiar y esquiar. Con sólo 11 años, eso fue duro para ella y le costó muchas lágrimas. Le engañaban poniendo a alguien al teléfono fingiendo que era su madre para consolarla. Pero ahí "nació" la que después, como su hermano, se convertiría en pionera. Porque unos meses antes de los Juegos de verano de Barcelona, se disputaron los de invierno en Albertville y allí Blanca Fernández Ochoa consiguió un bronce que la hizo única. Se convirtió en la primera mujer española de la historia en ganar una medalla olímpica. El éxito le llegó cuatro años después de lo esperado, ya que en Calgary se fue al suelo cuando todo apuntaba a que el metal, incluso el oro, era suyo. Arriesgó de más y lo pagó. Ella ya había anunciado que se iba a retirar en ese 1988 en los que eran sus terceros Juegos Olímpicos. La decepción le duró unos meses, pero decidió volverlo a intentarlo, seguir peleando, pues sabía muy bien lo que era eso después de haber superado innumerables lesiones, operaciones en los tobillos, las rodillas, la nariz, las costillas... Alguna de esas viejas dolencias la notaba todavía y la articulación se le inflamaba de vez en cuando.. El bronce la convirtió en una estrella, pero el esquí, que tanto le dio, lo acabó incluso medio odiando por todas las penurias. Por eso no quería que sus hijos se dedicaran a ese deporte, quería que eligieran y Olivia, la hija que denunció su desaparición, y David juegan al rugby. Ambos fueron fruto de un traumático segundo matrimonio. Blanca ya apenas esquiaba, si acaso cuando tenía algún compromiso.

Después de la medalla de bronce y de la retirada, Blanca Fernández Ochoa tuvo que reinventarse e hizo de todo, desde montar una tienda de esquí que la crisis se llevó por delante hasta aparecer en programas de televisión como “La selva de los famosos”, “Splash, famosos al agua”, “El conquistador del Aconcagua” y “El conquistador del fin del mundo”. Últimamente se dedicaba a ser entrenadora de electroestimulación y también daba charlas a directivos de empresas para mejorar el rendimiento laboral. En 2018 volvió a tener cierto protagonismo mediático porque Regino Hernández ganó el bronce en snowboard en los Juegos de Pyeongyang. Era la primera medalla del deporte español en la olimpiada invernal desde la de Blanca y la única no conseguida por los Fernández Ochoa. Atendió encantada a todos los medios que la llamaban, desprendiendo simpatía y encantada de que ella y su hermano ya no estuvieran solos. Ahora ya no está y se llora su ausencia.

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