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Así fue el descenso mítico con el que Blanca Fernández Ochoa logró el bronce en los Juegos de Albertville 1992

  • Blanca Fernández Ochoa, con su bronce
    Blanca Fernández Ochoa, con su bronce /

    Europa Press

Tiempo de lectura 2 min.

04 de septiembre de 2019. 18:16h

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larazon.es 4/9/2019

El 20 de febrero de 1992 Blanca Fernández Ochoa se convirtió en mucho más que la hermana de Paco. Ya era una esquiadora fantástica, pero la medalla de bronce que consiguió en los Juegos de Albertville la hicieron histórica. Había terminado segunda en la primera manga del eslalon. Estaba ante su gran oportunidad, ante la ocasión de vengarse después de que cuatro años antes se le hubiera escapado un oro que casi tocaba en Calgary. Salió convencida en el descenso definitivo, pese a la presión. No hizo un tiempo bueno, acabó séptima en ese parcial, pero suficiente para colgarse la medalla de bronce, el primer metal de una mujer española en unos Juegos Olímpicos. "Nadie podrá decir que no he arriesgado en las dos mangas. Lo único que no he tenido es miedo", explicó en ese momento la esquiadora. "Se ha hecho justicia conmigo. Este es el premio a toda una carrera de sacrificios", añadió antes de decir que se acabó, que lo dejaba. Juan Antonio Samaranch, entonces presidente del COI, quiso convencerla para que aguantara un par de años más y llegara a los Mundiales de Sierra Nevada. Pero ese bronce colmó a Blanca.

Al pueblo donde vivía, Cercedilla, entró a hombros. La recibieron como lo que era, una estrella. La fiesta de celebración fue larga.

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