Ciclismo

El abuelo nunca falla

El bielorruso Vasil Kiryienka  se impuso en solitario en la decimoctava etapa de la Vuelta
El bielorruso Vasil Kiryienka se impuso en solitario en la decimoctava etapa de la Vuelta

¿Hasta cuándo puede mantenerse un ciclista en plena forma para competir por una gran Vuelta? Chris Horner responde sin necesidad de abrir la boca: «Hasta casi los 42 años». Tres segundos le separan de una gloria tardía e inesperada. Mientras Nibali carga de razones a los que dudan de que pueda aguantar hasta el final de la carrera vestido de rojo, el estadounidense multiplica la sorpresa cada vez que la carretera mira hacia arriba. Con su particular estilo, siempre levantado, y sus grandes desarrollos, tolera las cuestas mejor que ninguno. «Para él no hay pendiente», comentan entre risas algunos de los ex ciclistas que colaboran con la organización de la Vuelta. Horner acostumbra a sacar la cabeza por delante del manillar cuando sube, igual que muchos hacen para descender. Siempre con la sonrisa, le cuesta parecer serio incluso cuando toca sufrir encima de una bicicleta. Un señor mayor sonriente amenaza con ganar.

La etapa no era para él. Vasil Kiryienka comenzó con ventaja suficiente la ascensión al puerto, aunque parecía que no iba a llegar nunca. Llegó a tiempo de abrocharse el maillot y levantar el brazo para que se viera el nombre de su patrocinador, Sky.

Horner fue el único de los favoritos que no dio síntomas de flojera. Tampoco los ha dado hasta ahora y si no es líder es sólo porque no hizo una contrarreloj como la que se le imaginaba. Horner desafía a la lógica y a la parafernalia que rodea a los deportistas de élite: entrenadores, preparadores, médicos, dietistas... A los 41 años se cuida como un adolescente cuando sus padres están de viaje. El día de descanso recuperó con hamburguesas y Coca-Cola. Eso le da la energía para responder a los ataques de Purito, como ayer. Se marchó con sus compañeros Vicioso y Dani Moreno. Horner no los perdió de vista y arrastró con él a Nibali. El italiano, Horner y Purito se quedaron solos hasta que al estadounidense le pareció que la compañía era demasiado numerosa. «Tres son multitud». Atacó. Se fue solo en busca de los 28 segundos que lo separaban de Nibali. Se quedó en 25 porque no llegó a tiempo de atrapar la bonificación.

Valverde había cedido antes: por debilidad y también inteligencia. «He soltado antes que ellos para coger mi ritmo. Al final les he atrapado y hasta he sacado cinco segundos a Nibali», explica. Llegó con Purito, a veinte segundos de Horner: «Su ritmo ha sido muy fuerte. Está en una gran condición física y será muy difícil batirle». Nibali ya conoce al enemigo.