Ciclismo

Pogacar levanta el pie a las puertas de París

Van Aert se lleva la crono con permiso del esloveno, que no quiso problemas en la jornada previa a la fiesta final. Vingegaard mantiene el segundo puesto frente a Carapaz y Enric Mas se afianza en el sexto

Tadej Pogacar aprieta el puño al cruzar la meta de la contrarreloj. No la ganó pero el Tour es suyo
Tadej Pogacar aprieta el puño al cruzar la meta de la contrarreloj. No la ganó pero el Tour es suyoDPA vía Europa Press DPA vía Europa Press

No es que a estas alturas, a un día de desfilar por los majestuosos Campos Elíseos de París como el absoluto patrón que es de esta carrera, a Tadej Pogacar le importen mucho las críticas de los últimos días que le acusan de abusón, de excesiva ambición y egoísmo incluso por no dar ni una sola concesión a pesar de su superioridad tan evidente y magnánima desde que se vistió de amarillo en Le Grand Bornand, allá por la octava etapa, qué lejos queda ya. No es que le importe y tampoco lo hace por ese motivo Pogacar lo de levantar el pie. El esloveno no quiere problemas y no toma riesgos en esta crono.

Ha llegado hasta aquí con los deberes hechos. Alumno aventajado. En una clase, Pogacar sería el empollón. El talento natural que se aburre de anotarse matrículas de honor en todas las asignaturas. Así es éste Tour que hoy va a ganar en París. A esa crono, la 20º etapa que la carrera siempre espera y desea que todo llegue contenido, con emoción, o que suceda lo del pasado año con el vuelco histórico que él protagonizó, a esta crono llega Pogacar con los deberes hechos y con la emoción muerta desde hace mucho, demasiado tiempo.

Eso sucede en esta crono final, que de emociones fuertes, como decía Joaquín Sabina, buscadlas en otra canción. En otra carrera. La Vuelta a España, por ejemplo, que ya vela armas para coger el relevo al Tour de Francia con una participación de altura: Roglic, Bernal, el regreso de Mikel Landa, y Pogacar también. Que buscará el doblete con toda la ambición que atesoran sus 22 lozanos años. Toda esa ambición que se guardó por un día. “Aún así, estoy muy contento de cómo he rodado. He disfrutado mucho con toda la gente que había en la cuneta a pesar del calor que hacía”. Se pudo permitir el lujo de pasarlo bien.

Y pasó en los 30 kilómetros de contrarreloj que no pasó nada. Pogacar no quiso arriesgar. “Fui a tope pero las sensaciones eran diferentes a la primera crono. Aquel día tenía más adrenalina”. Se limitó a pasear, y dejó a otro portento, Wout Van Aert, que se llevara la victoria, a 50km/h de media salvaje y desenfrenada. “Llevo totalmente centrado en esta etapa desde hace dos días. Ganar una crono en el Tour era uno de los grandes objetivos de mi carrera deportiva”. Y ya lo tiene el campeón belga, el ciclista más completo del mundo que ya piensa en convertirse el próximo sábado en campeón olímpico en Tokio.

La celebración del Jumbo-Visma fue por partida doble. El equipo huérfano de Roglic que supo recomponerse con Van Aert ganando la etapa con doble paso por el Mont Ventoux y la figura de Jonas Vingegaard, la gran revelación de la carrera. 1′43′' le asestó a Richard Carapaz y todos sus sueños de adelantarle en el cajón del podio. “Este Tour ha sido un aprendizaje tremendo”, dice el danés. “Me enorgullece acabar detrás de Pogacar, que ha sido tan superior”. Ellos tres se lucirán en el cajón de los Campos Elíseos.

Un podio en el que no estará, claro, Enric Mas. Otro sueño sepultado. Cedió 31′' con Lutsenko y mantuvo el sexto por cuarenta. El mallorquín se diluyó en la primera jornada de los pirineos, sacó su raza en Luz Ardiden pero el hambre de Tadej Pogacar le dejó sin victoria de etapa. La crono de ayer le sirvió para mantener su sexto puesto.

Sin cambios, tampoco para el bravo Pello Bilbao, que sufrió problemas con su radio y no fue capaz de adelantar a Guillaume Martin en la general. “Hubo un momento que me puse de los nervios porque se me escapó la radio del maillot tres veces, no conseguía meterlo dentro y continuamente seguía saliéndose por el sudor. Por el peligro de que se cayera lo arranqué y estuve en los últimos quince kilómetros sin referencias, he echado de menos la presión del director para exprimirme un poco más porque cuando las fuerzas están tan al límite, agradeces ese punto más desde el coche”.

Noveno y estratosférico el vasco, después de haber corrido y aupado a su compañero Damiano Caruso en el Giro de Italia el pasado mes de mayo. “Más no le puedo pedir a esta carrera. Pogacar es inalcanzable por ninguno de los que estábamos en carrera”, admite. Bilbao es, sin lugar a dudas, el ciclista más en forma del momento entre el pelotón español. Los Juegos Olímpicos, eso sí, tendrá que verlos desde casa. En sus merecidas vacaciones.