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Cuando Ronaldo derrotó al ogro

Cada viaje del Madrid a Múnich era un sufrimiento: o derrota o empate. Hasta que las dos últimas veces, con CR7 al mando, venció.

Cada viaje del Madrid a Múnich era un sufrimiento: o derrota o empate. Hasta que las dos últimas veces, con CR7 al mando, venció.

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La primera vez que el Madrid jugó en Múnich fue la última que Amancio disputó un partido en Europa con el Real Madrid. Se marchó expulsado en el último minuto mucho después de que Gerd Müller hubiese marcado dos goles que eliminaban al Madrid. «Ese Bayern», recordaba Pirri a este periódico, «no era un equipo cualquiera. Tenía a Beckenbauer, Rummenigge y a Müller, que no aparecía mucho pero en cuanto tocaba un balón te hacía gol». Aquello fue el principio de una maldición que durante algunos años, dio la impresión de que nunca se iba a romper. Cada vez que el conjunto blanco pisaba la hierba del campeón alemán, se iba a casa con un empate o una derrota. No siempre eliminado, pero sí sin ganar.

Tardó diez años en volver otra vez a Múnich y no hubiese pasado nada si hubiesen sido más. «Matthaus hizo una entrada muy dura a Juanito y éste se puso nervioso», recordaba Butragueño acerca de la jugada que dio la vuelta al mundo y que tanto marco a Juanito. Se puso nervioso y le pegó un pisotón. El Real Madrid, por cierto, perdió 4-1 ese encuentro y no pasó la eliminatoria.

Después, el Madrid vivió partidos bajo la nieve, partidos bajo la tormenta de pelotazos de los alemanes en busca de un cabezazo, empates o derrotas que incluso servían para pasar de ronda. «Te echan hacia atrás y es muy difícil salir de ahí», contaba Del Bosque de los muchos encuentros como entrenador que vivió en el Olímpico, sin ganar nunca.

Por eso, cada vez que el Madrid iba a visitar al Bayern sabía que le tocaba sufrir, un partido contra un rival orgulloso, terrible en su campo, que, como el conjunto español, considera la derrota un deshonor. Lo sufrieron Del Bosque, Capello y Mourinho. El Bayern era un rival temible siempre y mucho más enfrentarse con el conjunto alemán con Guardiola en el banquillo. Tras el 1-0 del Bernabéu, nadie en la entidad blanca estaba seguro de nada. Pero ganó de manera rotunda y, dos años después, cuando volvió a cruzarse con el antiguo ogro alemán, la sensación de ir a Múnich ya no era la misma. Volvió a ganar. Es lo que tiene contar con Cristiano Ronaldo.

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