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DUI, 155 ¿y partido?

El recién ascendido Girona, nuevo en Primera, recibe al Real Madrid el domingo. Todos quieren jugar, aunque se mantienen expectantes «a la espera de acontecimientos».

El recién ascendido Girona, nuevo en Primera, recibe al Real Madrid el domingo. Todos quieren jugar, aunque se mantienen expectantes «a la espera de acontecimientos».

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«Vamos a hablar de fútbol», dijo ayer Emilio Butragueño desde China. No hay nadie como el director de Relaciones Institucionales del club blanco para regatear asuntos complicados al igual que regateaba dentro del área e iba evitando contrarios. Desde el Madrid le quieren dar al partido del domingo todo el barniz de normalidad que se pueda, si es que realmente se puede hacer algo normal en Cataluña durante estos días.

El club, como hace en todos los desplazamientos de Liga, ha programado el viaje a Gerona para el sábado y ya ha llamado a varios socios por si quieren asistir a la firma de autógrafos de dos jugadores. Además, al vicepresidente Fernández Blas se le espera el sábado en Vic para conmemorar el aniversario de una peña madridista en esa localidad. Es decir, que no se ha alterado ningún plan. Pero sí es verdad que en la peña de Vic esperaban una presencia masiva de miembros del club y de algún ex jugador y eso no se ha llevado a cabo, y también es cierto que no ha habido ningún movimiento para celebrar un aperitivo con las peñas madridistas de Gerona.

Porque se mantiene la normalidad, pero sin dejar de ser precavidos y con la intención de no llamar mucho la atención. Cuando se pregunta en el Madrid si se piensa que puede pasar algo, incluso que se pueda suspender el encuentro por problemas de seguridad, son rotundos: «No, no sabemos nada», contestan. Pero añaden que, como todos, están «a la espera de acontecimientos».

Porque el Real Madrid, LaLiga, el Girona y el resto de los españoles se encuentran expectantes ante lo que pueda suceder y nadie deja de reconocer que sí, que el domingo es un día con más tensión de lo habitual y que hay que ver cómo discurren estas horas que quedan y qué decisiones se toman hasta que se dispute el choque.

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Todo está en el aire y puede cambiar de un momento a otro. Algunos peñistas del Madrid en Cataluña, a los que el club ha vendido entradas para el partido del domingo, están intranquilos y por las noticias que les llegan no tienen claro que el encuentro se vaya a jugar. Si no se disputara, no les sorprendería. Y si se hace, el ambiente va a estar cargado de electricidad en las gradas, que ya se llenaron de esteladas el día que les visitó el Barcelona.

El Girona secundó la huelga que se celebró el 3 de octubre cerrando sus oficinas y publicando un comunicado, en el que aseguraba: «El club condena las acciones violentas y represivas vividas el domingo en Cataluña y muestra su apoyo y solidaridad con los ciudadanos e instituciones del país». Los dueños del Girona son los mismos que los del Manchester City junto a Pere Guardiola, el hermano de Pep. Pero desde el club aseguran que todo se mueve dentro de la normalidad y las entradas para el partido, que cuestan entre 70 y 120 euros, se han vendido rápidamente.

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El club sacó más entradas para sus aficionados y espera que sea una fiesta futbolística. El Girona es la primera vez que recibe al conjunto blanco porque es la primera vez que juega en Primera División, y desde los sectores más moderados se quiere que el partido se tome como una fiesta y nada más. Desde la presidencia de las peñas se ha pedido que la grada sea rojiblanca, por los colores del club, y no de esteladas. Aunque es una petición que saben condenada al fracaso.

Que haya paz

En el Madrid esperan también la misma paz. El equipo se alojará mañana y el domingo antes del encuentro en el AC Palau Bellavista bajo la seguridad de los Mossos, que hay que ver de quién dependerán. El hotel está rodeado por una gran zona verde que impide que los aficionados se acerquen y, además, se está planeando un perímetro de seguridad para evitar problemas. No se teme la violencia, pero sí que pueda haber caceroladas o intentos de llamar la atención molestando a los jugadores del Real Madrid, que siempre es un altavoz.