El triunfo de la fuerza: Sudáfrica campeona del mundo al ganar a Inglaterra (32-12)

Sudáfrica ganó a Inglaterra la final del Mundial de Rugby
Sudáfrica ganó a Inglaterra la final del Mundial de Rugby

Sudáfrica, la selección de los Springboks, es campeona de rugby por tercera vez en su historia e iguala a Nueva Zelanda en el palmarés de una competición iniciada en 1987 e inaugurada, en su novena edición, hace la friolera de 43 días. Los representantes de la nación arcoíris se impusieron en el Yokohama Stadium a Inglaterra (32-12) al cabo de una final asfixiante, en el que la fuerza de los mamuts sudafricano aplastó a los veloces ingleses, incapaces de reproducir su maravillosa prestación de la semifinal de la semana pasada contra los All Blacks. El título universal del deporte del balón oval sigue siendo patrimonio casi exclusivo de los gigantes del Hemisferio Sur (con la única excepción de Inglaterra en 2003).

Antes de los cinco minutos, Inglaterra recibió dos señales maléficas, dos anticipos de lo que sería la final. En la primera jugada, Courtney Lawes se zambulló ilegalmente sobre un ruck; y aunque Handre Polllard erró la patada a palos, la acción anunciaba que la delantera inglesa iba a pasar una velada compleja. En la acción del saque Kyle Sinckler se estampó contra su compañero Maro Itoje. Quedó inconsciente en el suelo la viga de la melé y su sustituto, Dan Cole, fue reducido a fosfatina por Tendai Mtawarira, el pilar zurdo sudafricano, que reinó sobre las fases estáticas durante los primeros cincuenta minutos, lo que dio a Pollard la ocasión de ir sumando patadas a palos hasta acumular una ventaja de nueve puntos (15-6).

El único respiro inglés llegó en el tramo del segundo tiempo en el que Sudáfrica refrescó a toda su primera línea. Joe Marler tomó el ascendente en la melé sobre Steven Kitshoff (15-9) y, dos minutos después, su tercera línea Tom Curry, clave durante todo el torneo, pescó un balón que iba a permitir a Owen Farrell acercar a su equipo a tres puntos. Pero falló su chut el capitán del XV de la Rosa y las esperanzas de victorias de su equipo se fueron con ese balón que voló a la derecha de los palos sudafricanos.

Tras otro intercambio de golpes de castigo (18-12), Sudáfrica consideró que su rival estaba maduro para asestarle el golpe final. Pese a la sofisticación táctica alcanzada en los últimos años, el rugby sigue siendo un deporte de combate en el que suele vencer quien más tiempo aguante en pie. El castigo físico al que los Springboks había sometido a los ingleses durante una hora marcaba los rostros de los británicos, que ya llegaban un segundo tarde a los puntos de encuentro. Faf de Klerk encendió la mecha por el lado cerrado, Makazole Mapimpi hizo equilibrismo sobre la línea de banda, pateó a la espalda de la defensa, donde Lukhanyo Am recogió la almendra y se la cedió para que plantase el primer ensayo de la final. Partido decidido (25-12) tras la transformación de Pollard.

Faltaba todavía, eso sí, el número de Cheslin Kolbe, el ala de bolsillo del Stade Toulousain, un pequeño bailarín de 170 centímetros que danza entre gigantes como lo haría un ratón entre paquidermos. Con Inglaterra atacando a la desesperada desde cualquier punto del campo, la guardia muere pero no se rinde, el exiguo Kolbe saltó sobre un balón suelto, eludió con un apoyo eléctrico el placaje de Farrell, saludó a Marler desde la distancia y disuadió a Billy Vunipola de perseguirlo con un último cambio de ritmo hacia el banderín, como mandan los cánones, antes de converger hacia la hache y certificar el triunfo sudafricano (32-12).