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Caparrós, un sevillano metódico y obsesivo

Ha entrenado a Villarreal, Sevilla, Deportivo, Athletic Club, Mallorca, Levante y Granada. Jugó en las categorías inferiores del Real Madrid

  • Caparrós y Del Bosque coincidieron en un acto en Madrid
    Caparrós y Del Bosque coincidieron en un acto en Madrid

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30 de junio de 2016. 01:25h

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30/6/2016

«Detrás de cada punto, victoria o logro está la entrega, el análisis, el talento y una fuerte mentalidad colectiva», puede leerse en la web oficial de Joaquín Jesús Caparrós Camino, un sevillano de Utrera, de 60 años (15/10/55), llamado a ser el sucesor de Del Bosque al frente de la Selección si el presidente Ángel María Villar no cambia de parecer.

Caparrós, con un currículum muy extenso como entrenador, lleva sin trabajar desde el 16 de enero de 2015, fecha en la que de mutuo acuerdo rescindió su contrato con el Granada tras 18 partidos y con el club andaluz en la última posición de Primera. El estar parado no le ha impedido seguir viendo fútbol, viaja por distintos países y aprende, porque siempre ha tenido inquietudes para estar al día. Y es que Joaquín es un «apasionado del fútbol desde su nacimiento. Metódico, muy trabajador y hasta cierto punto algo obsesivo con la ciencia del balón», según cuenta en su biografía.

De su padre heredó los genes sevillistas y en el equipo de sus amores inició su carrera como jugador. De allí pasó a las categorías inferiores del Real Madrid, no pudo dar el salto al primer equipo, y su periplo transcurrió por el Leganés, Pegaso, Tarancón, San José Obrero y el Conquense.

Colgó las botas y encaminó su carrera a los banquillos. Su referente, su espejo, era el Albacete de Benito Floro, el famoso «Queso Mecánico» que asombró en Primera. Debuta como técnico en el San José Obrero, pasa por el Campillo, el Motilla del Palancar, el Alcázar, el Conquense (ciudad en la que tiene casa y en la que es habitual verle por sus calles), el Manzanares y el Moralo. Equipos modestos que forjan el carácter de Caparros, que en 1996 firma por el Recre, donde comienza su verdadera carrera como profesional. Asciende al Decano y da el salto al Villarreal. Sólo siete jornadas, pero «intensas, enriquecedoras y que me sirvieron para madurar», afirma Joaquín, que no se arrepiente de su etapa «amarilla».

Firma por el Sevillay a la primera le asciende. Los seguidores del Atlético nunca le han perdonado que dijera que «ya sé que equipo va a subir» en referencia a los favores que podían tener los rojiblancos, que se quedaron en el infierno y no ascendieron. Cinco años en Nervión, mucho trabajo, buenos resultados y jugadores de la cantera al escaparate, casos de Navas, Puerta, Sergio Ramos, Reyes o Capel. El Sevilla es un equipo rocoso, de pelea porque «lo importante es ganar».

De Sevilla a Coruña. Dos años en el Deportivo y salto al Athletic. Cuatro temporadas que le marcaron. Se convirtió en Jokin, un vasco más, se matriculó en Periodismo, tiró de cantera (Fernando Llorente, Javi Martínez, Muniain y Toquero), llevó al equipo a Europa, jugó una final de Copa del Rey y puede decirse que fue su etapa más feliz, donde se sintió más realizado como entrenador.

Neuchatel, Mallorca, Levante, –con el que logró terminar décimo– y Granada han sido sus últimos clubes. Equipos modestos, donde el día a día era fundamental. Donde el esfuerzo colectivo y el trabajo eran virtudes innegociables porque en juego estaba la permanencia. Ahora, dispondrá de tiempo para modificar su discurso en una Selección que no puede renunciar a su estilo.

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