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El seleccionador por el que Luis Enrique se hubiera tirado por un puente

El técnico español destaca el conocimiento táctico de Van Gaal, pero fue otro el que le inspiró más confianza

Luis Enrique, en el banquillo de La Rosaleda
Luis Enrique, en el banquillo de La Rosaleda FOTO: AFP7 vía Europa Press AFP7 vía Europa Press

Luis Enrique no pensó nunca en hacerse entrenador. Al menos cuando era futbolista. “Cuando me retiré en 2004 en ningún caso me planteaba ser entrenador, pero luego a medida que fuimos viniendo a lo cursos de entrenador de la Federación empecé a coincidir con excompañeros y a ver el fútbol desde un prisma diferente. Me empezó a gustar, empecé a ver posibilidades”, explicaba en una entrevista concedida hace unos días a los canales de la Federación.

Pero sacarse el título no le hizo sentirse entrenador de manera inmediata. “Recuerdo mi primer año como entrenador en el Barça B y ese año me dediqué más a hacer las cosas que me habían hecho como jugador entrenadores buenos que había tenido. Pero empecé a sentirme entrenador a partir del segundo año en el Barça B, a decir ‘esto me gusta’”, asegura.

Entre esos entrenadores que le marcaron destaca a uno por encima de todos, uno de los seleccionadores que le llamaron para vestir la roja. “Si me dices cuál es el entrenador al que hubiera seguido al fin del mundo y eso también es una cualidad de un entrenador, ser capaz de convencer a los jugadores de que éste es el mejor camino para llegar a la victoria, sin ninguna duda Javi Clemente sería por el que me hubiera tirado por un puente y sin preguntar. Sin problema. Y, además, me hubiera tirado sonriendo por lo que transmitía y la confianza que te generaba él. He aprendido de casi todos. Incluso de los que no me pusieron, que hubo algunos con los que jugué poco, también he aprendido”, confiesa Luis Enrique.

Aunque por conocimientos tácticos se queda con el neerlandés Louis van Gaal, que lo entrenó en el Barcelona. “A nivel táctico el que más nos enseñó y del que guardo más referencias aunque ahora hacemos cosas muy diferentes es Louis van Gaal”, asegura.

Como seleccionador, disfruta, aunque el cargo tiene dificultades que van más allá de elegir a los futbolistas. “Formar un equipo no es coger a los once mejores jugadores, es crear una coreografía coral”, asegura. Para ello es fundamental generar un buen entorno de trabajo. “El buen ambiente es clave. Si quieres ver qué salud tiene un equipo de fútbol, mira su banquillo. Si ves ocho muertos...”, afirma. Y para fortalecer al grupo no necesita ser demasiado estricto. “Hay muy pocas normas. La norma de la puntualidad que es la mínima que se puede exigir, pero lo primero que intentamos transmitir es que estamos en una familia y se trata de disfrutar”, dice.

Su idea como técnico la tiene clara y nunca renuncia a sus principios futbolísticos. “La única condición que ponemos a los jugadores es que la selección juega igualo o intenta jugar igual todos los partidos. En todos los partidos hemos generado y creado más que el rival. La primera idea que tiene que tener un jugador que viene a la selección es que jugamos igual siempre. Parece una idea muy básica pero muy pocos equipos y muy pocas selecciones lo hacen”, reconoce.

Cuando llama a los futbolistas no siempre encuentra lo que esperaba. La convivencia en los entrenamientos le ayuda a descubrir cualidades ocultas. “Una de las sorpresas que nos encontramos cuando llegamos es que una cosa es lo que vemos de algunos jugadores en su equipo, lo que adivinamos que puede hacer y luego lo que vemos ya en los entrenamientos. Un ejemplo es Carlos Soler, nos gustaba lo que veíamos en el Valencia, pero hasta que lo he tenido no me he dado cuenta de que tiene todo lo que necesitamos de un interior y todavía nos ha aportado más cosas que pensábamos que no tenía”, explica.

Una vez en la concentración procura no abrumar con demasiados datos a los futbolistas. “Estamos trabajando para dar la mínima información al jugador, la que puede cumplir”, dice. “Soy un tío cercano con el jugador, me lleva a mi época de jugador, aunque cada vez me doy más cuenta de que soy un abuelo cebolleta. Me gusta estar cerca, pero que nadie tenga duda de que si encuentro dos jugadores mejores que tú en tu posición los voy a traer”, reconoce.

La motivación de los jugadores, para él, es más importante que la suya. “Yo ya nací motivado, no necesito música para motivarme. Suelo hacer un ejercicio antes de las charlas de respiración, de controlar, de qué mensaje quiero dar, Joaquín Valdés me ayuda a encontrar si hay que tocar el botón del estrés o no tocarlo. Damos el mensaje que en el staff consideramos que es mejor para el equipo. El mensaje ha de ser continuo”, afirma.

La labor del psicólogo es fundamental para el seleccionador desde que estudiaba para convertirse en entrenador. La psicología deportiva es una de las asignaturas que más le llamaron la atención. “Había tenido algunos psicólogos deportivos a lo largo de mi carrera, pero de manera muy ligera y muy esporádica. En cambio cuando empecé mi carrera como entrenador tenía claro que me gustaría contar con un psicólogo deportivo para los jugadores y para el staff. Porque es curioso que es el deporte rey y qué tarde ha entrado la psicología. Parece que es algo negativo y es todo lo contrario, yo lo veo desde otro punto de vista”, asegura.

Para Luis Enrique los partidos comienzan tres horas antes y ése es el momento en el que se desconecta del móvil. “Cuando quedan tres horas para el partido no me interesa nada el móvil, me interesa dar la mejor versión del Luis Enrique entrenador y dar el mensaje que necesita el jugador. Me da mucha rabia cuando veo a un entrenador que quita confianza a sus jugadores con declaraciones, si es lo único que tienes. Y al jugador no le puedes mentir porque se da cuenta en seguida”.