Fútbol

Marcos, de Madrid a París en coche para traer la Copa que no pudo traer su padre en el 81

Fidel, el padre de Marcos, vio en directo la final del 81 contra el Liverpool. Ahora viaja con su amiga Patty a por la Copa que él no pudo traer

Marcos y Patti salieron de la sede de Teyamé 360
Marcos y Patti salieron de la sede de Teyamé 360 FOTO: Vlada

«Mi padre estuvo en el 81 en París. Nunca nos contó de dónde cojones sacó la entrada. Yo recuerdo siempre en mi casa que por Navidad le llegaba una felicitación de Fernández-Trigo, que era el gerente del Madrid. Él no era ni abonado ni socio, pero le llegaba una felicitación de Fernández-Trigo. Supongo que por ahí le llegaría», cuenta Marcos, que ahora, 41 años después, ha decidido repetir el viaje que hizo su padre para ver jugar al Real Madrid contra el Liverpool en París. Pero él lo hace en coche y el partido en lugar de disputarse en el Parque de los Príncipes se va a jugar en el Stade de France.

«Cuando acabó el partido contra el City ya se sabía que era contra el Liverpool en París. Y parecía que todos los caminos conducían a la final del año 81», dice. «Pedimos las entradas y yo venía de Lugo de una semana muy jodida de mi padre, que cogió el covid y estuvo en la UCI diez días. Y ahí dije “tengo que ir”. Hice la petición para el sorteo y fui de los primeros. Creía que no me había tocado», añade.

Pero le llegó el correo informándole de que era uno de los afortunados con las entradas. «Y ya empiezo a buscar. Avión, tienes que ser millonario; hotel, empiezo a buscar y dos estrellas, 1.200 euros; tres estrellas, 1.900. Y pensé en la opción autocaravana. Pero nos pedían 1.200 euros. Eso más el combustible y las restricciones que tiene Francia para las autocaravanas, que no es como aquí, que puedes dormir donde quieras, lo hacía inviable», explica Marcos.

Así que salió el viernes de Madrid con su amiga Patty. Detrás, en el todoterreno en el que viajaban, dos franceses que regresan a su país. «Se nos metió en la cabeza y nos vamos para allá. Pero es mucho gasto. No es sólo el precio de la gasolina, es que de Madrid a París tienes 94 euros de peajes. Lo pusimos en Blablacar para recoger a dos franceses antes de salir y pagan ellos el peaje. Al bajar lo pagará la 14 si todo va bien», asegura. El viaje lo hacen en dos tramos. El viernes cruzaron la frontera de Francia para dormir a «sólo» 600 kilómetros de París. El sábado, el resto del camino para ver la final.

En el viaje falta un madridista, Ángel, el habitual compañero de asiento de Marcos en el Bernabéu, que acaba de ser padre. «Me cuesta el divorcio», le dijo a Marcos, que lo define como «el madridista más cagón que hay». «Siempre tomamos una cerveza antes y te dice “Osasuna te complica mucho”. Y acierta muchas veces. Y sólo hubo un partido que dijo “soy optimista”, el día del Barça. Con el 2-0 le dije “te voy a matar”», añade.

Pero estará Patty con él. Otra madridista por herencia. «Llevo este pin, que era de mi padre y la primera bufanda, que también me la regaló él», dice. Y su madridismo también se ha transmitido a la siguiente generación. «Mi hijo el día del PSG cumplía 18 años a las 12 de la noche. Me daba mucha pena con el 0-1 porque le regalamos la entrada para el partido. Y luego no podía parar de llorar. Estaba dispuesto a ir al Bernabéu sin entrada porque quería cumplir 18 años al lado del estadio. Luego todo el bar acabó cantándole cumpleaños feliz», añade. El mismo bar en el que ella había acabado llorando después del partido.

En este camino a Marcos le debía acompañar su padre, Fidel. «La primera persona a la que le ofrecí venir fue a él y me dijo que no quería porque no se encontraba para ir», cuenta. «Yo soy madridista básicamente por él. Es un hombre de Lugo y tenía pasión por el fútbol. Trabajaba en la hostelería. Montó el primer bar en Lugo que abría hasta las seis de la mañana porque tuvo vista y lo montó al lado de un periódico. ¿Dónde estaba la gente desgraciada que trabajaba de noche? En el periódico. Terminaban de trabajar en aquellos periódicos de la época igual a las dos o las tres, luego entraban los de rotativa y todos iban desfilando por el bar de mi padre a comerse un bocata, a tomarse ocho whiskys, a lo que hiciera falta», cuenta el hijo.

«Terminaba esa jornada, se iba a casa, dormía dos o tres horas, se daba una ducha, cogía a su hijo el pequeño, que soy yo, y nos veníamos desde Lugo hasta Madrid a ver aquellas remontadas de aquel Madrid de Valdano, Maceda, Hugo Sánchez. Yo tengo vagos recuerdos», admite Marcos. «No me llevó a París en el año 81 porque debió de parecerle un exceso». Entonces tenía seis años y no pudo ir con Fidel. Ahora tampoco. «Voy a por ella, ya que no la trajiste tú», le dijo. «A ver si no tiene que ir Jimena [la hija de Marcos] dentro de otros 41 años», le contestó.

Marcos y Patty, en el coche, con sus dos acompañantes franceses
Marcos y Patty, en el coche, con sus dos acompañantes franceses FOTO: Patty