Dios salve al Leicester

Es campeón de la Premier tras el empate de ayer entre Chelsea y Tottenham. A principio de temporada, su triunfo se pagaba 5.000 a 1

Fans del KLeicester City celebran el título de liga en un pub de leicester
Fans del KLeicester City celebran el título de liga en un pub de leicester

Es campeón de la Premier tras el empate de ayer entre Chelsea y Tottenham. A principio de temporada, su triunfo se pagaba 5.000 a 1

«Recuerdo mi primera reunión con el presidente, cuando llegué en verano al Leicester City. Se sentó conmigo y me dijo: ‘‘Es muy importante para nosotros seguir en la Premier League. Tenemos que salvarnos’’», contaba Ranieri en una carta en la que explicaba parte del milagro que ayer se hizo realidad. El Tottenham empató a dos en el campo del Chelsea un partido que iba ganando 0-2 y lo que tanta gente llevaba esperando, lo que parecía imposible a principio de temporada (se pagaba 5.000 a 1), se hizo realidad. El Leicester ganó la Premier sin jugar, con su técnico volviendo de Italia, de comer con su madre tras celebrar el día de la madre y con los jugadores reunidos en casa de su estrella, Vardy, mientras los aficionados esperaban en la puerta, todos incrédulos.

Fue subcampeón en 1929, nunca había ganado el campeonato, ascendió hace dos años, terminó el 14 la pasada temporada, es el 18 en la posesión de balón y de los que menos pases da, pero ha dejado atrás al Tottenham y al Arsenal y al perdido Chelsea y al Mancheter United y al City, semifinalista en Champions.

«Quiero que jueguen por sus compañeros. Somos un equipo pequeño, así que tenemos que luchar con todo nuestro corazón, con toda nuestra alma. Si son mejores que nosotros, bueno, felicidades. Pero tienen que demostrarnos que son mejores», seguía Ranieri en su carta. Nadie lo ha demostrado y ha aguantado hasta el final, pese a ser el quinto presupuesto más bajo de la Premier.

Empezó la temporada bien, pero recibían muchos goles. Fue entonces, antes de un partido contra el Crystal Palace, cuando Ranieri les pidió que intentasen dejar la portería a cero. Si lo hacían, les invitaba a pizza. Lo hicieron y «mantuve nuestro acuerdo y me llevé a mis jugadores a Peter Pizzeria en Leicester City Square. Pero les había preparado una sorpresa. Les dije: ‘‘Tienen que trabajar para lograr cualquier cosa. Así que trabajen también para su pizza. Haremos nuestra propia pizza”. Ahora dejamos la portería a cero a menudo. Una docena de veces después de la pizza, de hecho. No creo que sea una coincidencia». Acababa Ranieri su carta:

«¿Qué necesitas para llegar?

¿Un gran nombre? No.

¿Un gran contrato? No.

Solo necesitas abrir la mente, abrir el corazón, una batería cargada y correr con libertad»