El señor del fútbol

Hay barreras que se le resisten todavía a Vicente del Bosque. Como la Copa Confederaciones, el único trofeo en el que ha tropezado con la Selección. Y en dos ocasiones. Pero Vicente no dramatiza. «En Suráfrica nos sirvió para conocer el país, el clima y los estadios en los que íbamos a jugar», decía antes de viajar a Brasil. Esa actitud le ha ayudado a manejarse en la vida. «Lo que sucede conviene», suele decir. Y a veces conviene sufrir una derrota para conseguir después una victoria más importante. Como le sucedió a él después de salir del Real Madrid. «Lo que sucede conviene», insiste. Y después de ser despedido del Besiktas ganó un Mundial y una Eurocopa con la mejor selección del mundo.

Vicente tiene facilidad para afrontar con la misma naturalidad los éxitos y los fracasos. Lo hace con el convencimiento de que todo es mentira porque las verdades absolutas no existen. Y la normalidad con que se maneja, le servirá también para afrontar las críticas que hoy le llegarán. Aunque si algo le molesta es que se dude de su capacidad como entrenador sólo por ser buena persona. Como si fueran cosas incompatibles. Porque si de algo nadie duda es de que el mejor entrenador del mundo es una buena persona. Nunca tiene una voz más alta que otra, consciente de que la autoridad se demuestra con argumentos. Siempre hay un por qué y Vicente del Bosque sabe que detrás del futbolista hay una persona que es algo más que una unidad de producción de fútbol. «Tiene su carácter», suele decir su inseparable Toni Grande. Pero apenas se le nota, porque el carácter es una cosa diferente a los gritos.

Su único «defecto» en estos tiempos en que el marketing y los favores prestados suelen valorarse más que los méritos verdaderos, es no darse importancia. El mérito siempre es de los demás. De los jugadores, «que han estado muy bien». O de Toni Grande, como en la tanda de penaltis contra Italia. «Lo ha hecho todo él», dijo. O incluso de Luis Aragonés, el hombre que le dejó en herencia esta selección, al que invitó a subir con él a recoger el premio Príncipe de Asturias. Del Bosque siempre prefiere el nosotros al yo.

Cuesta incluso que algunos le reconozcan el mérito de haber renovado la Selección en los últimos cinco años sin que nadie lo note. Es cierto que la convocatoria del Mundial 2010 y la Eurocopa 2012 fueron caso idénticas. Tan cierto como que ayer sólo repitieron cinco titulares del equipo que ganó la final de 2008 contra Alemania: Casillas, Ramos, Xavi, Iniesta y Torres. Arbeloa también disputó aquel torneo, pero era un futbolista secundario en el grupo. Los otros cinco han debutado con él. Como Azpilicueta y Jesús Navas, que aparecieron en la segunda mitad.

Vicente es consciente de que la generación con la que todo comenzó se agota, y quiere marcharse con ellos después del Mundial del próximo año en Brasil. Y cuando se vaya sólo le quedará una cuenta pendiente con la Selección, encontrar un sustituto para Xavi. Pero es probable que ni él ni nadie sean capaces de hacerlo, porque Xavi es el estilo, el jugador en torno al que España creó una manera de jugar al fútbol que después perfeccionó Guardiola con el Barcelona. Las demás pruebas las ha superado todas. Incluso la tormenta de clásicos entre el Madrid de Mourinho y el Barcelona de Guardiola que amenazaron con acabar con la estabilidad de la Selección. La clave, como siempre, fue la naturalidad. «Si Piqué y Ramos no se llevan bien, pues que se lleven, que son chicos majos», decía. Y ahora forman la mejor pareja de centrales del mundo. Vicente sabe lo que hace.