Real Madrid

Un clásico en sus manos

Barça y Madrid se juegan un puesto en la final de Copa después de centrar el partido en la figura del árbitro

Barcelona y Real Madrid dirimen esta noche el primer finalista de la Copa (21:00, C+). Ambos llegan a la cita con la enfermería vacía, con la excepción de Casillas, la eliminatoria atractivamente abierta tras el 1-1 del Bernabéu, el mejor de los ambientes en la ida y un enorme abanico de dotes futbolísticas en ambos equipos... pero un clásico es un clásico y más cuando se juegan dos en una misma semana, sea mucho o poco lo que se juegue, y cualquier estrategia es buena, como el desafío verbal, que esta vez surgió del bando culé en forma de presión arbitral a Undiano Mallenco. Así, por sorpresa, sin que nadie lo esperara, pues estaba anunciado que comparecería un jugador, ni a Mourinho le apeteciera, éste salió a escena para enmendar la plana al eterno rival.

No deben ver muy claro en el Barcelona el partido. Jordi Roura, siempre comedido, como su jefe, hizo público a su manera el malestar que existe en el club desde que se supo que Undiano Mallenco dirigiría el encuentro. «Es una evidencia que nuestros resultados con este árbitro son mucho peores que con otros. Sin ir más lejos, el único partido que hemos perdido en Liga lo dirigió él y tenemos fresca en la memoria su permisividad en la final de Copa contra el Madrid de hace dos años», concluyó.

Mourinho quiso darle la réplica y fue con la única pregunta en la que se explayó. «Prefiero quedarme con las lecciones que hemos recibido en el pasado del Barcelona. Lecciones de deportividad, de no hablar de los árbitros, de no presionarles, no rodearlos, no simular tarjetas para los adversarios y obviamente de cómo jugar al fútbol, que lo hacen muy bien», contraatacó con ironía.

Con la eliminatoria ante el Milan muy cuesta arriba, esta semifinal de Copa ha adquirido una enorme importancia para el Barcelona. La ventaja de jugar el partido decisivo en el Camp Nou se compensa en cierta manera por las connotaciones del rival. Y las referencias a Undiano son una sorpresa en un vestuario educado para no hablar de los árbitros. El resultado del Santiago Bernabéu (1-1) no variará en absoluto el planteamiento azulgrana. «No especulamos nunca con el marcador. No sabemos hacerlo», recordó Roura.

Pero ni el 2-0 ante el Milan ni los apuros que pasó esta última jornada liguera ante el Sevilla son óbices para que Mourinho pueda trasladar a sus hombres que éste es el Barça más débil de la temporada. «Considero que no existen momentos cuando se juega un partido entre grandes equipos, entre los mejores», sentenció, al igual que estimó «fuera de contexto» las últimas buenas actuaciones del Madrid en el Camp Nou. «Es otro partido que no tiene que ver con los anteriores. Hay que jugar lo mejor posible y nada más», añadió el de Setúbal.

Roura es de esperar que recuperará su once de más confianza. El equipo que ha jugado todos los partidos importantes de esta temporada hasta el momento. Un once en el que no estará David Villa, a pesar de que hizo méritos para hacer dudar a su entrenador después del partido ante el Sevilla. La única variación será la habitual e inalterable presencia en Copa de Pinto en la portería. Desde algunos sectores se ha empezado a discutir el estado de forma de Messi. «Menos mal que no está fino, ¡menos mal», ironizó Roura. Y es que los números de «La Pulga» son indiscutibles.

Mourinho, no es que «no lo quisiera decir», ayer no tenía decidido el once. El buen momento de Kaká le pone en duda en detrimento de Di María y la elección de la defensa le trae de cabeza, sin Pepe ni Marcelo –hombres claves en los clásicos– afortunados. Regresa Sergio Ramos y la duda es si de central o de lateral. Si es por la banda, sobrarían Arbeloa o Coentrao y tendría cabida un espectacular Varane, autor del gol en el Bernabéu y que dio vida al Madrid en la eliminatoria. Respira aliviado con poder contar con Xabi Alonso, sobre todo, y con Benzema, y lo que sí tiene claro es que, pese a la falta de gol del francés y de Higuaín esta temporada, no renunciará esta noche a jugar con un «9». Todo ello lo dejó traslucir un monosilábico José Mourinho, quien ofreció un lacónico «no» cuando se le preguntó si le molestaba la nómina de entrenadores que están saliendo a relucir como candidatos a la sucesión a partir de verano.

El Real Madrid se juega la temporada en ocho días, pero la presión va por barrios y el Barça, más alejado de la «Champions», necesita más que nunca la Copa.