1-2: El Atlético asalta San Mamés

Con goles de Correa y Carrasco en la segunda parte, los de Simeone se impusieron a un Athletic impreciso y sin criterio. Oblak paró un penalti a Aduriz en el primer tiempo

Con goles de Correa y Carrasco en la segunda parte, los de Simeone se impusieron a un Athletic impreciso y sin criterio. Oblak paró un penalti a Aduriz en el primer tiempo.

Koke, Griezmann, Correa, Oblak... El Atlético se puso de tiros largos para asaltar San Mamés e imponerse a un Athletic inferior, desdibujado, que ha perdido con la marcha de Valverde porque el librillo de Ziganda tiene, todavía, muchas lagunas. Es un equipo que se reinventa todos los años porque no hay fichajes y porque hay que tirar de la cantera. Y fue Kepa, un producto de Lezama, su mejor hombre. El meta, pretendido por el Madrid, se encargó de retrasar el triunfo de los de Simeone. No llegó hasta el segundo acto cuando Correa y Carrasco consiguieron doblegarle. Para entonces el equipo de Simeone había encontrado su mejor línea de juego, conducido por un excelente Koke al que Griezmann, que participó en la elaboración de los dos tantos, no le fue a la zaga.

El nuevo San Mamés es talismán para el Atlético. Nunca ha perdido y siempre hace buenos partidos. El de ayer tuvo dos partes. En la primera reinó la igualdad, aunque fueron los de Ziganda los que apretaron a partir de la media hora. Sin embargo, primero Gaitán, tras error del larguirucho y blando Núñez, y después Griezmann pudieron abrir el marcador. También tuvo el Athletic la ocasión más clara. Se lío Filipe Luis en un despeje ante la presencia de Raúl García y a instancias del auxiliar, Estrada decretó penalti. No lo era, pero Aduriz se plantó ante los once metros frente a Oblak. Y el disparo del donostiarra lo desvió con un paradón el meta esloveno. Oblak es un seguro para el Atlético y ayer lo volvió a demostrar.

Fueron tres acciones que alteraron el juego lento y ramplón que habían impuesto los protagonistas. El balón no tenía dueño, nadie le daba la pausa necesaria al juego y sólo las paradas de Kepa y la jugada del penalti nos sacaron de la monotonía. El Atlético se defendía bien. Con Giménez en el lateral derecho y con Thomas como ancla, flanqueado por Koke y Saúl. Los dos con libertad de movimientos. Correa y Griezmann más avanzados con Gaitán, al que Simeone le dio otra oportunidad, acostado a la izquierda para combinar con Filipe.

Al Athletic le faltaban el picante y la velocidad de Williams y el buen toque de Beñat. Estaban anunciados en el cartel, pero salieron tarde cuando Correa había volteado el partido con su gol. Y es que el Atlético con presión alta, con capacidad de maniobra y con un Koke imperial tenía el control, el dominio y las ocasiones. Kepa ya se había lucido ante Griezmann, muy buen encuentro del francés, pero no pudo impedir el tanto en una jugada en la que participaron Koke y Griezmann y que culminó el argentino tras un perfecto pase del canterano.

Con ventaja, el Atlético creció en sus prestaciones y el Athletic fue un flan. Descosido, sin trazar nada elaborado, probó con los balones aéreos ya con Beñat y Williams en el campo. Tampoco fue la solución porque la mejor versión de Koke, el trabajo de Thomas y Saúl y la firmeza defensiva daban consistencia al bloque de Simeone. Entró Carrasco y Griezmann se quejó de un posible penalti. Al francés, por cierto, le anularon un gol legal. Se gustaba en esa posición avanzada y con espacios para resquebrajar defensores con su velocidad y buen toque.

Control absoluto, reforzado por la entrada de Gabi y es que Simeone no quería sorpresas. Sus jugadores respondían, el rival no era un león y tras un saque de banda, ante la parsimonia de los defensores, Saúl prolongó de cabeza, la pelota llegó a los pies de Griezmann que vio el desmarque de Carrasco. Y el belga la enchufó. Dos goles de ventaja, certeza de que no habría problemas porque el Athletic había mostrado muy pocas cosas en una segunda parte en donde el hijo había sido superior al padre.

Sin embargo, la garra no la ha perdido el Athletic y Raúl García, que tiene una placa en el Wanda, le ganó la posición a su amigo Gabi y marcó. Insuficiente porque los méritos –verdad Raúl– los habían hecho sus amigos del Calderón, perdón del Wanda Metropolitano.