Actualidad

Jon Rahm y Sergio García están en la pelea por ganar el Abierto Británico, en el que Tiger se hunde

La paz interior de Jon Rahm, de este nuevo Jon Rahm más calmado y sereno, pero con la misma clase para jugar al golf, se vio cuando en el hoyo 15 del Abierto Británico hizo su segundo bogey. Era un putt sencillo, a menos de dos metros del agujero, pero se pasó de fuerza y la bola no quiso entrar. El tiro le costó el liderato, un tema menor en realidad al tratarse de la primera jornada, en la que lo importante es estar ahí. Y él lo está, pese a ese fallo y a otro parecido en el 18, algo más complicado este último golpe, que se le fue también para acabar la jornada con -3. Pero el lamento fue leve. Tampoco se volvió loco. Fue un día de condiciones complicadas en Royal Portrush en el que el balance general fue más que positivo tanto para él como para Sergio García, que firmó el mismo número de impactos, 68 (-3), y está también al acecho del líder, el estadounidense Holmes (-5), y del norirlandés Lowry, que es segundo clasificado (-4).

Publicidad

Las dificultades venían por el viento, fuerte y cambiante, que agitaba las banderas, y porque del frío y algo de lluvia se pasaba a cierto bochorno, por eso Rahm pasó de lucir manga larga a jugar en manga corta unos cuantos hoyos para volver a abrigarse en los tres últimos. «Ha sido divertido», dijo el vasco, que se queda con lo bueno de la jornada, sus salidas de tee. El español tiene 24 años y este British es sólo el decimotercer «major» que disputa en su carrera, lo que no le impide figurar en la nómina de favoritos. Demostró el primer día por qué. Pese a que es el torneo de los cuatro considerados más importantes en el que peores resultados ha tenido, llega con moral tras su reciente triunfo en el Abierto de Irlanda, por segunda vez.

La primera mitad del recorrido del golfista nacido en Barrika fue sobresaliente. Con nueve birdies y sin bogeys, se colocó en cabeza. En el 11 hizo su primer golpe de más, que recuperó después rápidamente para volver a hacer un bogey en el famoso 15 y repetir en el 18. Incluso antes, en el 16, tuvo que salvar una pelota del bunker. Pese al bajón final en el green, mantuvo el tipo. La situación es muy buena para él, igual que para Sergio García, que jugó por la mañana de manera muy sobria: cuatro birdies y un bogey le dan su -3. Está cómodo.

Nada tuvo que ver la cara de los dos españoles con la de Tiger Woods, que parece que tendrá que esperar a otra oportunidad para recortar la distancia de «majors» con Jack Nicklaus. El ganador del último Masters de Augusta no dio una, siempre por fuera de la calle, con tiros erráticos, desesperado, de bogey en bogey, incluso con un doble bogey. Acabó con +7 y lo más probable es que acabe su participación el segunda día. No pasará el corte.