La Copa tan linda tendrá que esperar

El Barcelona se vio desbordado por el vendaval del Liverpool. Tanto, que ni siquiera sus jugadores supieron estar atentos al córner en el que llegó el gol definitivo de Origi.

Messi yéndose de Anfield
Messi yéndose de Anfield

El Barcelona se vio desbordado por el vendaval del Liverpool. Tanto, que ni siquiera sus jugadores supieron estar atentos al córner en el que llegó el gol definitivo de Origi.

Decía Jurgen Klopp antes de comenzar la eliminatoria contra el Barcelona que el Camp Nou no es un templo. Unas declaraciones que crearon una artificial polémica por culpa del gatillo fácil en la web. El Camp Nou impone, se hace interminable para muchos de sus rivales, que lo ven más ancho y más profundo de lo que permite el reglamento. Es la sensación óptica que provoca el hecho de que el terreno de juego no esté encajonado entre vallas o gradas inmediatas. Hay espacio más allá de las líneas para que se extienda la pradera. Pero al estadio azulgrana le falta el alma que dan a las construcciones lo que sucede dentro de ellas. Remontadas, por ejemplo. O la sensación que provoca que todo el estadio cante el «You'll never walk alone» antes de cada partido.

El alma se le sale por la boca a los aficionados. Niños, mayores y jubilados. Todos se ponen en pie para empezar a cantar. Eso no ha cambiado en Anfield. Y tampoco cambió la estructura durante años, ni los pupitres de madera en la zona de prensa ni los vestuarios, que podrían ser los de cualquier equipo de una división menor en España. Sin lujos, sin taquillas personalizadas. Anfield es el alma de sus piedras y de sus aficionados, la memoria de lo vivido. Y eso es lo que empuja a sus futbolistas cuando salen al césped y ven el letrero de «This is Anfield».

Por eso da igual que le falten jugadores decisivos como Salah y Firmino. Salen futbolistas como Origi, el belga de ida y vuelta en el club, que marcó al comienzo del encuentro y al final para cerrar la eliminatoria. O Wijnaldum, el holandés multiusos que entró al campo en la segunda mitad para marcar los dos goles que sirvieron para que el Liverpool igualara la eliminatoria y se permitiera seguir soñando. O Shaqiri, que puso el tercer gol en la cabeza del belga. «Origi y Shaq no jugaron mucho esta temporada. Una actuación como esta es muy importante para nosotros y para ellos. Muestra lo que es posible que suceda en el fútbol», dice Klopp orgulloso.

Por eso Jurgen Klopp y sus futbolistas se fueron a celebrar el triunfo con su gente y a cantar con ellos el «You'll never walk alone». También lo hacía Kenny Dalglish desde el palco, uno de los hombres que contribuyeron a crear la leyenda de los «reds» en los primeros años 80 del siglo pasado.

El Liverpool era feliz y el Barcelona contaba su segundo año de derrotas inesperadas en Europa después de una victoria cómoda en la ida. El Barcelona se vio desbordado por el vendaval del Liverpool. Tanto, que ni siquiera sus jugadores supieron estar atentos al córner en el que llegó el gol definitivo de Origi. La maniobra de distracción entre Alexander-Arnold y Shaqiri tuvo éxito. El primero amagó con dejar el saque al suizo, que se acercaba andando hasta la esquina. Pero Alexander-Arnold se dio cuenta de que los futbolistas del Barcelona no estaban atentos y regresó para poner la pelota por abajo en el área mientras los azulgrana miraban hacia otro lado. Origi remató solo el cuarto gol. «Fue solo un instinto. Vi la oportunidad. Gini [Origi] es un jugador de primer nivel, marcó dos goles. Todos recordarán este momento», explicaba Alexander-Arnold después del encuentro.

«Había una atmósfera fantástica. Ganar ya era difícil, pero es muy difícil dejar la portería a cero contra el Barcelona y marcar cuatro goles. Es simplemente increíble. James Milner estaba llorando en el campo al final, significa mucho para todos nosotros, y me refiero a todos nosotros. Es la mejor fase del fútbol. Tener este tipo de ambiente es muy especial», aseguraba el entrenador del Liverpool.Klopp se abrazaba a Milner después del encuentro para consolarlo. Pero en sus palabras se acordaba de más jugadores. Como Alisson. El guardameta brasileño llegó para tapar las carencias del Liverpool en la portería, como demostró la actuación de Karius en la final de la Liga de Campeones la temporada pasada. Es, además, el mismo portero que dejó fuera al Barcelona el año pasado con la Roma. Pesadillas que se mezclan para el equipo azulgrana. «Hizo todas estas paradas, es una verdadera fortaleza. Hay porteros más espectaculares, pero él siempre saca la pelota con su cuerpo. No sé cómo lo hace», asume Klopp. Nada es fácil de explicar ahora.

La Copa tan linda que tanto quería Messi esta temporada tendrá que esperar.