La pasión de Zidane: está enamorado de su trabajo de entrenador

Disfruta cada minuto como entrenador del Madrid. Le permite seguir sobre el césped y dirigir a los mejores. Ve a su vestuario convencido de ganar el sábado en Kiev.

Zinedine Zidane, ayer en el entrenamiento del Real Madrid. Detrás, su hijo Luca, Vallejo, Modric, Isco y Keylor Navas
Zinedine Zidane, ayer en el entrenamiento del Real Madrid. Detrás, su hijo Luca, Vallejo, Modric, Isco y Keylor Navas

Disfruta cada minuto como entrenador del Madrid. Le permite seguir sobre el césped y dirigir a los mejores. Ve a su vestuario convencido de ganar el sábado en Kiev.

Valdebebas, campo principal de entrenamiento. Uno de los miembros del cuerpo técnico pone centros con la pierna izquierda, perfectamente medidos casi todos, para que los futbolistas ensayen los remates a un toque. No lo hace ninguno de los ayudantes. Es Zidane el que golpea a la pelota porque, cuentan los que le conocen, le encanta esa parte de su trabajo: estar cerca del césped, del balón y de sus jugadores. Se siente un privilegiado por poder llegar cada mañana a su despacho y preparar la sesión de trabajo, unos entrenamientos que le dicen más cosas que los partidos de cómo está su equipo en cada momento. Esta semana, por ejemplo, se siente feliz. Ve al grupo enchufadísimo, comprometido y listo para volver no a jugar una final sino a ganarla.

Ha conseguido que su vestuario sea una piña y que todos se sientan cómodos. «Sé que no soy el mejor tácticamente, no lo tengo que decir yo, ya lo escribís vosotros (los periodistas), pero hay otras muchas cosas que son importantes», aseguraba ayer en la jornada de puertas abiertas a los medios que se celebró en la Ciudad Real Madrid. Y entre esas «otras cosas» está algo que el francés tiene como prioridad: crear el ecosistema ideal para que sus jugadores rindan al máximo sin preocuparse de aspectos externos. Una virtud que sus chicos valoran casi tanto como la experiencia que tiene como ex Balón de Oro. «Es de los mejores entrenadores que he tenido junto a Mourinho y Ancelotti. Es muy claro en las cosas que te pide sobre el terreno de juego», confesaba Marcelo. «Su estado anímico habitual es la felicidad. Impone mucho por todo lo que ha sido, así que cuando habla, uno está con los ojos abiertos como platos. Esta semana se comporta como el primer día que vinimos a la pretemporada. Es una persona muy tranquila», añadía Carvajal. «Ha sido uno de los mejores de la historia, cualquier consejo que dice te lo quedas para ti. Se nota cómo ha gestionado la plantilla por lo que ha ganado en dos años y medio. Hay poco más que decir», cerraba Isco, confirmando que el vestuario está a muerte con él.

Y no sólo los que juegan casi siempre, también los más jóvenes, que participan menos en los partidos, pero son clave para que el trabajo diario sea productivo. Su mensaje, muy parecido al que tenía Ancelotti, es el de que todos se sientan parte de los retos. Por eso, la BBC no es indiscutible a pesar de que son tres de los mejores del mundo. «Yo estoy todos los días con 25 jugadores, entrenan bien y deben tener su oportunidad. Si les dices que son todos importantes y luego no lo haces, no vale. Tengo que convertir en realidad el mensaje que transmito. Tengo que actuar», confesaba un entrenador poco amigo de las entrevistas.

No se las concede ni a los medios oficiales del club. En octubre de 2016 hizo una excepción cuando le visitó su amigo y ex internacional francés Cristophe Dugarry. A él sí le hizo declaraciones exclusivas, pero lo que más sorprendió de su visita al ex goleador fue que Zidane, después de un entrenamiento, se quedó casi media hora extra chutando a Rubén Yáñez, entonces tercer guardameta de la plantilla. Una prueba de la «ilusión» y las «ganas» de las que hablaba ayer «ZZ» para compensar su falta de recorrido en los banquillos de élite. Son sólo dos años y medio, poco tiempo en el que ha protagonizado la mejor temporada de la historia del club en cuanto a títulos. Un «empacho» que no ha saciado el hambre de los suyos. Casi hasta se molestó cuando le dijeron que seguramente el Liverpool tendría más ganas que el Real Madrid de levantar el título. «Tenemos la posibilidad de ganar una tercera final, ¿cómo no vamos a tener hambre? Sabemos que ellos se van a matar y nosotros también. Estamos todos preparados. Este grupo tiene talento y trabajo, y así se pueden conseguir muchas cosas», asegura este Zidane enamorado del trabajo de entrenador. Es su pasión, y aunque en algún momento dudó de si era lo que quería hacer, se dio cuenta de que lo que realmente deseaba era que sus decisiones se vieran inmediatamente reflejadas en el campo. Se puso al frente del Castilla y le llegó la oportunidad del primer equipo. «Estoy convencido de que va a salir bien», dijo en su presentación oficial. Parece que no se equivocaba.